martes, 8 de septiembre de 2015

Besos de Judas 2014


Hay personas con las que uno conecta enseguida. 

Se nota porque todo fluye, las conversaciones no son cruces de monólogos y no es necesario dar demasiadas explicaciones porque resulta fácil entenderse. Suele ocurrir con gente transparente, honesta y sana, con una inteligencia emocional desarrollada. 

Conocí a Serafín Vazquez en los trabajos de campo de Galicia entre copas, cuando visitaba Viña Mein, en Ribeiro, pues él era y es la persona que la propiedad, con buen criterio, había colocado al control del viñedo y la bodega. Mientras tanto Cristina, su mujer, se ocupa de la pintoresca casa rural de la bodega y su hijo, que es un figura de verborrea incontenible, que ha mamado el vino desde su uso de razón, ya sabía manejar un tractor con 7 años, no les digo más. 

Fotografía realizada por Anabel Carrión para Galicia entre copas

Una familia feliz que demuestra entusiasmo y dedicación en todo lo que hacen, y con quienes da gusto pasar el tiempo. Desde aquella visita hemos seguido en contacto y puedo decir que somos amigos. 

Ocurre que, siendo Sera un tipo con inquietudes, que lleva una barbaridad de años pegado a la viña, antes o después tenía que brotar la necesidad de elaborar por su cuenta, al margen de su trabajo en Via Mein, y la suerte (mía) quiso que 2014 fuese su primera añada, poco después de mi visita. 

Estuve al tanto del proceso e incluso pude darle mis humildes opiniones de bebedor en alguna fase del proceso, y hoy me alegra realmente poder decir que, pese a lo complicado de la 2014, el resultado ha sido bueno, especialmente con su vino tinto, Besos de Judas 2014


En las cercanías de la bodega se encuentra una pequeña parcela que en su día perteneció al Monasterio de San Clodio. Una de tantas que rememoran los tiempos de esplendor cluniacense casi olvidado en la zona, cuando sus vinos, controlados por los monjes, competían en calidad con los mismísimos tintos de Burdeos en toda Europa. 

Se trata de una parcela en acusada pendiente, los suelos son graníticos y muy salinos, con cepas muy viejas de garnacha tintorera poco productivas, y otras nuevas de caiño y brancellao de unos 10 años de media. 

Los racimos, enteros, se pisaron con los pies, vinificando variedades por separado con algo de raspón. Por un lado la tintorera en barrica de roble usada, en la que se crió durante ocho meses, y por otro caiño y brancellao en depósito de acero inoxidable. 


El resultado es sencillamente un vino de sed. Sus aromas entre el verde y el negro, recuerdan a laurel y a mata de tomate, pero también a chocolate puro y a mora. En boca es amplio y fresco, algo punzante, con madurez contenida, rugoso, de taninos cuadrados. Cerezas crujientes, maceradas en vino tinto y aires balsámicos en el paladar.

Agradece la concentración y pide una copa pequeña para que no se pierdan sus matices. Además este tipo de vinos van de cine con patatas. Con unas sencillas bravas, o una preparación al estilo Jamie Oliver, como la que se marca aquí el amigo Alfonso, no fallará.

Un valor al que seguirle la pista, sin duda.

Y no se me impacienten con el ranking 2015 (ya han llegado algunos correos). En breve lanzaremos la convocatoria.






1 comentario:

PATARRAN TRAN TRAN dijo...

Aaahhh... que suerte la suya, Maestro.
Cata de primera añada en casa de enologo reputado.
Ay, Señor.
;-)
Del Ribeiro puedo dar fé...
Viña Meín Ribeiro 2013
No así del Besos de Judas.
Pero tomo buena nota, por si se pone a tiro.
Mientras tanto... siga usté contandonos sus aventuras que seguiremos deleitándonos con ellas.
;-)

Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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