jueves, 8 de marzo de 2012

La sopa que se convirtió en potaje

Me gusta la sopa en general, y especialmente la de ajo, también conocida como sopa castellana, sabrosa, reconfortante, fácil de hacer, y encima no vean cómo va para el fresquito. Vamos que con una perola y una rebequita sobrevivimos a los vientos polares que hagan falta.

Peeeeeeeero... resulta que a mi mujer no le entusiasma. Al parecer detesta esa textura esponjosa, casi como de casquería, que ofrece el pan cuando se integra en el caldo. Una pena, porque a mí me parece una delicia.

El caso es que rara vez cocina un servidor para sí mismo. Si les contara las guarrerías que hago para comer cuando estoy yo solo, acabo cerrando el blog o armando una oda al bocata de sardinillas en el más refinado de los casos.

Por esa razón tenía que inventar algo que se pareciese a la sopa de marras, pero sin pan. Parece lógico pensar que sin nada sería un agüilla de ajos, así que había que buscar un sustituto, por lo que en una noche de emergencia me hice con uno de los complementos más versátiles- especialmente ahora, que toca vigilia- , los garbanzos.

La cosa no puede ser más fácil. Baste picar cuatro dientes de ajo y dorarlos en aceite de oliva virgen, junto con un par de tajadas de cebolleta que luego retiraremos. Si queremos enriquecer un poco, añadimos unos taquitos de chorizo, bien picado, una cucharada sopera de concentrado de tomate y una cucharadita de café de pimentón de la vera, removiendo todo muy bien para evitar que nada se pegue, añadimos los garbanzos, ya cocidos. A fuego fuerte, cuando la cosa empiece a chisporrotear, incorporamos (opcional, pero más digestivo) una pizca de comino molido, volvemos a remover e incorporamos caldo de pollo. ¿La cantidad?, pues según lo caldoso que les guste el tema...y si ya lo coronan con un huevo poché, antológico.

En caso de que no les gustan los garbanzos, pues como en la guerra: pueden utilizar cualquier otra legumbre cocida, patatas, repollo, o un conejo.. lo que tengan a mano, vaya.

¿Y para acompañar?, pues aunque el pimentón suele ser el verdugo de las crianzas, yo recomiendo un tinto con un punto goloso, y este Camino 2009 de Terra Remota, el proyecto de Marc y Emma Bournazeau en el Ampurdán, nos ha venido al pelo para la gestión.


Nos encontramos aquí un coupage de Syrah, Cabernet, Garnacha y Tempranillo procedente de suelos graníticos al pie de la Albera. Un vino que en nariz, pese a cabernetear bastante (como dice mi amigo Joan), destaca por notas de aceituna negra y vainillas en un fondo muy balśamico. En boca resulta amable, casi cremoso, aunque bien arropado de taninos y una acidez muy correcta. Tiene cierta longitud y resulta más frutal con el tiempo.

Diré que, por razones que no puedo explicar muy bien, se creció sobremanera con nuestro improvisado potaje, comportándose con rigor, imponiendo su parte frutal, su cara más fresca y algunos verdores de la serie agradable.

No me dirán que no se lo pongo fácil.

2 comentarios:

Jesús Fdez "El_Pollito" dijo...

Mariano, son como unos "callos vegetales"... Ese pan "baboso" es un manjar de dioses. Prueba a hacerlo un día en los restos de una salsa verde de una merluza o almejas... IMPRESIONANTE!!!

Mariano dijo...

Oye Jesús, tomo buena nota.

Muchas gracias por las coordenadas!

Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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