lunes, 12 de febrero de 2018

The Sadie Family: Skerpioen 2013

En los últimos tiempos me resulta francamente costoso sentarme a escribir. Lo cierto es que Instagram ha sido la única vía que me ha permitido compartir mis escasos momentos dedicados a vinos y sus comidas.

No es mi intención separarme de esta bitácora, pero he de ser honesto y admitir que el intercambio será menos frecuente. Al menos mientras dure la tempestad, sea la que sea.

Esto no es una renuncia  ni una rendición. Simplemente un cambio, esperemos que temporal, en el devenir de las cosas. 

El antedicho es un buen motivo para ser aun más selecto en las experiencias que comparto, en las que si conseguimos dar una pista de algo que a alguna persona le resulte extraordinario, el objetivo estará cumplido.

Con ese objetivo nos escapamos hoy para hablar de un vino lejano que habla de cosas tan nuestras como la uva palomino. En un lugar donde el arraigo vinícola vino del exterior para quedarse, enraízan hoy sin embargo algunas de las cepas más viejas del mundo. 

Swartland comienza en algún lugar al norte de Ciudad del Cabo,  Jan van Riebeeck llamó a este ondulado país, situado entre cordilleras "Het Zwarte Land" (la Tierra Negra) debido a la planta endémica llamada Renosterbos que tras la temporada de lluvias y vista desde la distancia, adquiere un aspecto oscuro, dotando al horizonte de un manto negro. Allí los campos de trigo llegan hasta los pies de las montañas, interrumpidos por frutales, hortalizas y, por supuesto, viñedos, algunos muy antiguos que crecen en un viejo terreno de secano en el que algunos jóvenes viticultores están llevando a cabo una verdadera revolución.

Allí se encuentran las parcelas de la familia de Eben Sadie, quien tras viajar y trabajar mucho por Europa y convertirse en alguno de los elaboradores más respetados e influyentes del país, vuelve a Swartland para trasladar sus conocimientos y experiencias a la recuperación sostenible de los viejos viñedos familiares, a los que aplicará las teorías de la Biodinámica.

Skerpioen 2013 procede de un viñedo calizo de palomino con algo de chenin blanc plantadas entre 1958 y 1967, y situado en una de las zonas más frescas y elevadas de Swartland. Los racimos enteros, vinificados indistintamente, se prensan y fermentan en viejas barricas de roble en las que el vino permanecerá al menos un año hasta su embotellado.



Un vino enigmático que huele a hierba limón y ralladura de lima, melón asado. Tomillo chisporroteando en la sartén y talco. En boca ofrece la frescura cítrica del limón con miel, mantequilla salada, taninos pequeños de hierbaluisa y hoja de té. Largo e intenso, diferente. Su paso impone pero es fresco, vibrante y enormemente fácil de beber.

Hay una receta brutal de Jamie Oliver que lleva algo tan soso como los langostinos a un estamento celestial, con curry, mango y lima (aquí se la dejo) y que con este vino les hará viajar directos a algún lugar entre Ciudad del Cabo y el este de la India.

Seguimos en contacto.





lunes, 15 de enero de 2018

Màgic

Hace ya algunos años que conozco a Sergi Colet e Irene Mestre. Son viticultores y después elaboradores, y sus vinos espumosos nunca faltan en mi mesa en Navidad. Fruto de ello mantenemos buena relación en la distancia. 

Mientras somos testigos de cómo año tras año esos excelentes vinos se afinan, y se hacen más particulares y únicos, compartimos también el testimonio de cómo nuestros hijos crecen. 

La familia Colet no lo ha tenido fácil en este sentido. La enfermedad se cruzó en su camino, pero seguramente las grandes hazañas de este mundo sólo puedan proceder de la dificultad, que lleva a la superación y a la necesidad de exceder a uno mismo y su círculo, dejando una huella imborrable en la sociedad. 

Màgic 2006 es la huella extraordinaria de los Colet, un testimonio excepcional nacido de la dificultad. 

Un vino irrepetible, procedente de cepas de xarel.lo plantadas en 1942, nacidas para un momento único, mágico, y arrancadas tras su última añada, la del 2006. Una cosecha tardía, fresca, en la que las uvas maduraron lentamente al calor del sol del mediterráneo. Fermentaron y se criaron un año en barricas viejas de Didier Belondrade. En febrero de 2007 se embotellaron para fermentar por segunda vez, según el método champenoise, para permanecer en silencio, bajo las cavas del celler, durante nada menos que 129 meses, para ser definitivamente degolladas en octubre de 2017, diez años después. 



Un vino diferente, único desde su descorche hasta la copa, en la que cae con lentitud sinuosa y dorada. Huele a azahar, a manzana reineta, a almendra tostada. Se atempera con aromas de castaña y naranja escarchada. En boca es finura, vinosidad, crema, acidez chispeante. La sequedad amarga del pomelo, la granada crujiente. Alegría cálida en el paladar, frescura adictiva en el trago. Fugaz e interminable al tiempo. Ironía y carcajada. Sabroso, elegante, fresco e intemporal. 

Un vino tan único y raro como la leucemia infantil que por su escasez necesita ser investigada. Cada euro de los 50 que se inviertan en el incomparable placer de una botella de Màgic se dedican íntegramente a la investigación de aquella compleja enfermedad en el Hospital de la Orden Sant Joan de Deu, haciendo que cada día el horizonte de los niños afectados sea más luminoso. 

Lamentablemente sólo hay 1.468 botellas para todo el mundo (restando las que el que suscribe va a beberse). Pueden comprarse aquí.

Seguramente nunca haya habido un vino tan valioso y accesible al mismo tiempo.




Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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