viernes, 29 de abril de 2016

Cata en Enoteca Barolo

A pocos aficionados al vino en la capital escapa el hecho de que Enoteca Barolo es uno de los mejores lugares donde hacerse con una buena botella y, sobre todo, disfrutar de un consejo cercano, ameno y profesional a la hora de elegir.

Por eso es para mí un orgullo que sea este lugar en el que celebremos la salida al mercado de la Segunda Edición de Galicia entre copas.

Fotografía obtenida de Vanitatis
Para no aburrir al público con una mera presentación, el protagonista será quien debe ser, los vinos de Galicia de los que hablamos en el libro y, especialmente, algunas incorporaciones de esta segunda edición, que cataremos con todos los asistentes. A saber:

Gorgola Brut. Cabana das Bolboretas.
A Pita Cega. Blanco 2014. Lagar de Sabariz. 
Altares de Postmarcos. Blanco 2012. Adega EntreOsRíos
Finca O Trancado Tinto 2014. La Perdida
Cume do Avia. Tinto 2014.
Cortezada. Fedellos do Couto. Tinto 2014.

Será un rato fantástico en el que además nos acompañarán los productores de estos vinos, sin duda los otros protagonistas imprescindibles del libro.

Les espero, aunque conviene darse prisa y llamar para apuntarse porque el espacio (y por tanto las plazas) es limitado.

Viernes 6 de mayo
Enoteca Barolo
Príncipe de Vergara 211. Madrid
917451927
Más información.


miércoles, 20 de abril de 2016

Os dous de sempre


Os dous de sempre fue la única novela publicada por Alfonso D. Rodríguez. Esto no impidió que el autor, más conocido como Castelao, pasara a la historia literaria gallega y universal. En ella, así como en su prolija carrera como ensayista, dramaturgo, ilustrador y político, daba a conocer la precaria situación de la Galicia de principios del siglo XX. Fue precursor del nacionalismo gallego desde una perspectiva cultural (hoy bastante olvidada), pero también política.

Lejos de cualquier postulado nacionalista que poco me atañe, la labor de conservación y recuperación de este autor, y de toda su generación, con autores como Otero Pedrayo o Cabanillas, debe ser objetivamente reconocida. Esto también tuvo su repercusión en el vino y la viticultura, y muchos de ellos defendieron expresamente (como parte de un todo cultural y esencial a Galicia) la recuperación de las variedades autóctonas y la producción artesana en contra de la homogeneización. Seguramente debamos agradecerles poder disfrutar de muchos de los vinos de Galicia que hoy más nos emocionan.

Fue poco después otro autor, Alvaro Cunqueiro, quien más se volcó en la corriente gastronómica y especialmente vinícola de la identidad gallega.
Conocí la existencia de la tradición de los vinos de Betanzos precisamente leyendo a Cunqueiro. Él me hizo desear poder viajar unas cuantas décadas para probar los agudelos con los que acompañaba barrocos platos de lamprea o cachucha, equiparándolos en ocasiones a los grandes de Mosela.

Por eso hoy me alegra enormemente poder decir que tras años de oscuridad, el futuro de los vinos de Betanzos es, desde hace no demasiado, verdaderamente prometedor, en una zona complicada, alejada de la influencia directa del mar, y pese a ello esencialmente atlántica, con los viñedos situados más al noroeste de la península. Viñedos de niebla y pendiente en torno al río Mandeo, en los que frente a graneles y vinos turbios de escaso grado e interés, hoy se recuperan en torno a dos variedades, el Blanco Lexítimo y el Agudelo (dicen que chenin blanc).
Os dous de sempre es también el sueño de Angel Pedreira y Juan Naveira de devolver a la vida esta zona olvidada a través de vinos sinceros y de terruño. Con cepas de diferentes parcelas de unos 20 años de edad hicieron en 2014 un ensamblaje de blanco lexítimo y Agudelo. Año inestable, tremendamente lluvioso en la zona, con problemas en la floración y maduraciones muy lentas en aquello que llegó a término. También decisiones correctas y determinación, una pausada crianza en depósito y un embotellado sin filtraciones ni estabilizaciones que nos han traído un soplo de aquel paisaje.

 
Directo y preciso en nariz, la mineralidad sí existe, piedra de moler, cantos en el río de un bosque con niebla, la piel gruesa del limón del país, cidra. En boca es igualmente directo, no da rodeos y es sápido, con gran acidez, rocosa y crujiente, pero con un fondo graso que ralentiza el trago, haciéndolo largo y fácil de beber. Delicioso y con mucha botella por delante.
Os dous de sempre contrastaba las personalidades quijotescas del realista y del idealista, del conformista y del emprendedor que cree que todo puede mejorar, posiblemente con victoria del pesimismo del primero. Creo poder afirmar que en este vino ha ganado el segundo, y el futuro promete.

Para quien busque este vino (que, por cierto, no llega a los 15 euros), u otros de la zona le diré que El Sumiller, una de mis tiendas on-line de referencia y donde yo lo compré, ha hecho una excelente labor de recopilación.







martes, 12 de abril de 2016

El Gastrobar del Gallinero

Ya he hablado en muchas ocasiones de la tendencia, acertada en mi opinión, de democractizar la cocina de autor en forma de taberneo. Muchos lo hacen por separado, en diferentes locales, y otros montan una barra en la antesala del restaurante gastronómico. El hallazgo que a continuación les contaré, ha optado por la segunda opción,y se llama El Gastrobar del Gallinero

El Gallinero es un grupo hostelero dedicado en gran medida a los eventos, si bien disponen de un agradable local en Collado Villalba con restaurante a tiempo completo llamado, precisamente, El Gallinero. 

Fruto de un acertado proceso de actualización, hace algún tiempo que ficharon para todas sus opciones al chef Toni Canales, a quien puede que algunos recuerden tras su paso por los fogones de la segunda edición de Top Chef por un papel muy destacado aunque finalmente no ganara. Su trayectoria es importante además de Top Chef, y de hecho fue jefe de cocina en El Bohío. Tipo imaginativo, pero de cocina sensata, ha sabido hacer una excelente adaptación de su propuesta de menú degustación en el restaurante para el Gastrobar del restaurante. 

Se encuentra tras la entrada principal del restaurante, en un bonito y acogedor edificio de piedra decorado con gusto y sobriedad. El espacio es cómodo y agradable e invita a abrir el apetito. La carta reune una serie de propuestas de bocados pequeños e imaginativos junto con algún clásico, a precios muy ajustados, en una fórmula que permite al comensal configurarse un pequeño menú degustación. Además son bastante rápidos y la cocina siempre está abierta, así que es mucho más fácil poder ir con la peque sin que tenga que intervenir la Guardia Civil. 

Probamos muchas cosas (en diversas visitas), entre las que destacamos unas croquetas de jamón practicamente perfectas en sabor y texturas, que hacen que valga la pena ir allí sólo por ellas. Pueden disfrutarse en dúo, o en una abundante ración. 



Francamente destacable la sartén de huevo a la flamenca, en el que la yema, melosa como una salsa y la clara, hiper crujiente, se cocinan por separado. La acompañan unos intensos guisantes de lágrima con morcilla y chorizo. 



Muy atrevida la cazuela de albóndigas de ave con delicias en pepitoria, donde las albóndigas son pequeñas y sabrosas, y las delicias son unas melosas crestas guisadas. El sabor recuerda a la pepitoria más ortodoxa. También la ensalada de foie, perdiz escabechada y tomate al comino, donde grasa, acidez y acético funcionan muy bien junto con las diferentes texturas.



Para un incondicional como yo de este plato, la ensaladilla rusa de trucha, presentada en una lata, es una verdadera delicia. Imprescindible. 



También soy devoto de los soldaditos de pavía que sin embargo fallaron ligeramente por un adobo que a mi juicio era demasiado intenso para disfrutar de las texturas del rebozado y el sabor sutil del bacalao. Probamos además los callos, de impecables sabor y limpieza, pero con un atrevido punto de cocción casi crujiente, no apto para todos los públicos. 

Los postres son divertidos, frescos y diferentes, aunque uno no es muy de dulce, y la opción de vinos por copa cumple sin complicarse demasiado con dos blancos y dos tintos. Si apuestan por las zonas, acertarán. Podemos divertirnos más con las cervezas de La Virgen, siempre solventes y sabrosas, o irnos a la carta de vinos del restaurante en la que existe alguna que otra opción, en general de corte clásico, aunque con alguna aventura. 

Finalmente, los precios son francamente atractivos, ya que se puede salir comido por unos 15 euros habiéndose divertido mucho con bocados imaginativos en un espacio agradable y con prestancia sin aglomeraciones. Muy recomendable. 



El Gastrobar del Gallinero
Carretera de Navacerrada, km 0,600, 
28400 Collado Villalba, Madrid
918 40 66 58



Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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