jueves, 20 de octubre de 2016

Donde Natalia

Les voy a hablar de una cruzada diaria a la que nos enfrentamos aquellos cuyo puesto de trabajo se encuentra a varios kilómetros del hogar, y que consiste en encontrar un lugar en el que enfrentarse a una de las propuestas más complejas del hostelero de extrarradio y de distrito financiero: el menú del día. 

Una terrible guerra, cuya única amnistía tiene forma de fiambrera (que a muchos nos entristece sobremanera) y que para el éxito del ofertante supone hilar muy fino entre los márgenes de beneficio y la velocidad del servicio. Mientras tanto, el comensal, entre los que me encuentro, debe buscar un equilibrio casi imposible de presupuesto, tiempo, higiene, algo de sabor, y grasas trans. 

El panorama actual en el entorno que me ocupa, Chamartín, es bastante mediocre, con escaso interés en lontananza, más allá de la ensalada de bolsa, la cloqueta, a almóndiga y el rabo de vacuno en olla express. Por eso ilusiona ver de vez en cuando destellos allí donde el día a día del hostelero debe ser desolador. 

Fotografía extraida de Ok Diario.
Por eso también les hablaré de una pequeña historia de superación y crecimiento que, como muchas, viene a desmontar el argumento cuñadil de que el inmigrante viene aquí a quitar trabajo al personal o a vivir de subsidios. 

Natalia vino del Perú hace ya algún tiempo. Trabajó como empleada en uno de esos lugares comunes de Chamartín, de café y menú del día. Era, con mucho, la persona más eficaz del local e hizo que los desayunos de los viernes, aparte de sabrosos, fueran una gesta realizable en tiempo record. 

Un mal día Natalia dejó de servir allí y el lugar se convirtió en un caos. Los desayunos no llegaban a tiempo, ni estaban tan ricos así que nos cambiamos de cafetería. Larreta (así se llama el local) no tardó en cerrar sus puertas. Posteriormente nos encontramos con que el negocio estaba de nuevo en marcha que, tras una pequeña reforma, el local se llamaba "Donde Natalia". En efecto y con gran valor, se había atado los machos y vuelto a poner el lugar en marcha por su cuenta. Y todo volvió a funcionar. 

Lo que nos trae hoy aquí es que lejos de conformarse con un continuismo que habría funcionado, decidió, adicionalmente, poner lo que sabia (que es mucho) de cocina peruana al servicio del negocio y ofrecerlo a sus clientes por encargo. Por supuesto, no hemos tardado en probarlo y el resultado es francamente bueno.

Hoy en Larreta, aparte de servirse los más variados y económicos desayunos de la zona, se puede disfrutar (si se encarga previamente) de un delicioso ají de gallina o de los mejores ceviches de la capital, con la leche de tigre perfecta, sin necesidad de dejarse la cartera en los nikkei de diseño que conocen (y que también están muy bien)..


Eso sí, con mantel de papel y cubierto de batalla, y no esperen petit fours ni acompañarlo con el palo cortado de Navazos, salvo que lo lleven ustedes puesto.



Donde Natalia
C/ Enrique Larreta 1
652310984

1 comentario:

Jose dijo...

¡Pues ole sus c?jones! Anotado para ir, que siempre mola dejarse los cuartos con gente que se rompe el lomo cada día.

Saludos,

Jose

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