martes, 28 de abril de 2015

Premios Magnum 2015

 
Ayer, en la Ciudad de la Cultura de Santiago de Compostela, se celebró la entrega de los Premios Magnum 2015 que convoca el Instituto Galego do Viño.
No pude asistir, y lo lamentaré siempre.


Se reconoció al excepcional O Esteiro 2013, que elabora Xurxo Alba, como el Mejor Vino Revelación, a As Caborcas 2012 como Mejor Vino de Galicia, y desde mi punto de vista muy merecido. Creo que es el tinto que ha dado el puñetazo encima de la mesa para hablar de la promesa que es Valdeorras si se busca la calidad. Como Mejor Sumiller se reconoce la labor de Esther Daporta, sin duda merecida, alegra ver a mujeres brillar en este mundo de hombres, y más si destacan pese a la sombra que arroja una estrella como Yayo.

Me emociona especialmente el premio “Vinolvidable”, que destaca una vida dedicada al vino y que ayer se entregó a Miguel Anxo Besada. Miguel, a secas o el de la Curva, que le llamamos los amigos, ahora también de Casa Aurora. Es difícil separar en Miguel a la persona del profesional porque su humanidad inmensa lo impregna todo. No conozco a nadie que tenga algo malo que decir de Miguel, pese a ser este un mundo de envidias, porque sencillamente no es posible. Cuando estás con él vino, placer, alegría, se tornan uno, y es que en su compañía uno nunca quiere estar en otra parte. Miguel es todo lo bueno del vino, que es mucho.

Y, finalmente, el jurado decidió entregar el premio a la Mejor Divulgación del Vino Gallego a quien suscribe. Algunos años nominado, y superado dignamente por otros que lo merecían más que yo, me hacían seguir disfrutando de ese discreto segundo plano en el que me suelo sentir más cómodo. Este año me ha tocado, pero no he llegado hasta aquí solo. Por eso este reconocimiento, en primer lugar, me hace pensar en humildad y respeto por los demás nominados. Algunos de ellos llevan unos cuantos años más que yo en esta labor que yo considero placer y obligación, y precisamente fue uno de ellos, mi buen amigo José Luis Louzán, quien inspiró el comienzo de todo esto.

Me hace pensar en responsabilidad, en seguir hablando con independencia, en no dormir en los laureles y en seguir disfrutando, porque cuando la ilusión se transforme en otra cosa, todo habrá terminado.

Y sobre todo me hace pensar en agradecimiento, a muchas personas sin las que jamás habría llegado hasta aquí. Ellos saben quiénes son, y muy especialmente María. A ellos se han añadido las personas que hicieron posible Galicia entre copas, el final de algunas cosas y tal vez el comienzo de otras, Laura, Paula, Anabel… Hércules, que confiaron en mí, y, muy especialmente todos esos viticultores honestos que han vuelto a unir al hombre y la tierra, artistas de lo necesario y fundamento de todas las palabras escritas y las que nos quedan por escribir, porque sin ellos y su trabajo nada tendrá sentido.

Solo lamento (aparte de no haber podido estar allí) que no haya otros premios que reconozcan el trabajo del Instituto Galego do Viño y Xoan Cannas porque estas cosas animan, y mucho, a seguir haciendo las cosas con honestidad.


#galiciamola

 

jueves, 23 de abril de 2015

Ferias de Abril

Siempre he pensado que las ferias de vino son el peor sitio imaginable para disfrutar de un vino. Físicamente no es posible hacerlo por varias razones. 

Suele hacer mucho calor y demasiada gente. Demasiados vinos para probar en una jornada, y en condiciones que hacen imposible prestar a cada copa la atención que merece. Las botellas acaban de sufrir el impacto de un viaje, están recién abiertas y a temperaturas incorrectas. De los espumosos ni hablamos. 

Para cualquier productor que no sea un Sisseck o un Palacios, debe resultar frustrante tener que explicar en apenas cinco minutos toda su filosofía, y su mejor suerte tiene lugar cuando consiguen que alguien les escuche. Por si esto fuera poco, hay que aguantar a la correspondiente colección de divas y divos cuando se presentan ante la mesa, ya sean distribuidores, sumilleres o prescriptores, aguantar su discurso ególatra y, en ocasiones, hasta sus ponencias. 

Sin embargo, hay cosas buenas y la fundamental, como siempre, son encuentros con personas. Algunas hacen vino, y otras no. Aparte de poder hablar de Galicia entre Copas, esa fue la gran alegría de que me invitaran a FEVINO.

Poder hablar con Laura Montero es un lujo, y si en la conversación salpican las particularidades de las burbujas de Raventós, aunque la escena no permita al vino expresarse, la cosa gana enteros, especialmente cuando llega la finura interminable de Manuel Raventós. Dominique Roujou no suele andar lejos y emociona ver cómo el trabajo de ambos ha calado tan hondo en un proyecto como Adega Pombal, sin duda y en su virtud, la bodega que hará alguno de los vinos más grandes de Rías Baixas en los próximos años, con etiqueta de la D.O., o sin ella.


Esta foto es de mi taller en Compostela Gastronómica, pero es que me quedé sin recursos...

Si en la misma mesa añadimos vinos y buena conversación como los de José Crusat, Roberto Regal Pilar Higuero, hay ya razones suficientes para no moverse de allí en toda la feria. Pero además, porque el talento tiende a juntarse, conocimos sin movernos medio metro, el proyecto de la encantadora Esmeralda García y Jesús HermidaPagos de Nona y su especialmente excepcional SantYuste, un blanco enigmático y posiblemente el mejor verdejo que haya probado jamás que, como apunta Louzán, recuerda a anís y a zarza, y también a laurel y a cantueso, crujiendo en una boca eterna. 

En el mismo medio metro encontramos los blancos del Condado de Begoña Troncoso, que lleva unos cuantos años ya trabajando la viticultura biodinámica silenciosa, sin dogmas, aspavientos, sellos, y sin hacer ruido, de ahí salen los blancos Xangall y el excepcional Lar dos Soños, ya con unos años de botella. 

Y de nuevo seguimos en la misma mesa para probar un joven pero emocionante proyecto llamado Cume do Avia. Son un grupo de gente muy joven, con ganas e ilusión. Trabajan en ecológico desde hace ya más de seis años, aunque 2013 fue su primera cosecha y hacen blanco y tinto con un puñado de variedades autóctonas plantadas en Eira de Mouros, cerca de Ribadavia. Los vinos son frescos, vibrantes y con identidad propia. 


Pero no sólo de copas fue la cosa, conocí a Enrique López, quien tuvo el detalle de regalarme un ejemplar de su libro ¿Te cuento un vino?. En él ofrece pasajes y paisajes que enganchan, historias evocadoras, fugaces que devoré entre vuelo y aeropuerto. Me gusta su propuesta, mucho, porque devuelve el vino al lugar que le corresponde, que es el del placer sin complicaciones. Muy recomendable.
Hay más cosas en Fevino, unas las conocíamos bien ya, y otras no las recordamos.

Entre medias nos escapamos para ver a otro buen amigo, José María Jordán, a quien recordamos hace unos años en Casa de Comestibles y que, tras un periplo mallorquín, vuelve con fuerza a Ferrol en un nuevo proyecto llamado Timón Bar, o la democratización de la alta cocina de mimo, desarrollada una vez más con los medios imprescindibles, pero con cabeza, experiencia y mucha emoción.


Los boquerones de Timón Bar

Banquetes que apenas alcanzan los 20 euros, vinos singulares y un sabor intenso en cada plato que justifica irse a Ferrol desde Tarifa, sólo para experimentarlo.

Yo, desde luego, no tardaré en volver aunque poco se me pierda por aquellos lares. 

martes, 14 de abril de 2015

Hasta en la sopa

El objeto de este post, antes de desaparecer de estas líneas durante unos días, es basicamente pedir disculpas, ya que desde el próximo jueves hasta el lunes Galicia entre Copas va a estar hasta en la sopa. 

Arrancamos el día 16 aterrizando en Vigo para visitar los estudios de la televisión local de Vigo (Localia), a eso de las 14:20 estaremos en directo. De allí nos vamos al programa Boas Tardes, conducido en TVG por Silvia Jato para seguir hablando, también en directo, sobre vinos de Galicia.

Sin solución de continuidad, a las 20:00 nos vamos a la Casa del Libro, también en Vigo, donde al fin presentaremos el libro en la provincia de Pontevedra, acompañados de Laura Rodríguez (Hércules Ediciones), de los vinos de Tricó y de la presencia de su autor, José Antonio López.

Al día siguiente, viernes 17, nos vamos al Pazo de Rubians, donde de la mano de RNE hablaremos sobre vinos y camelias, una emocionante ruta sobre dos de los patrimonios más interesantes de Galicia.

Y remataremos la jornada en la feria Compostela Gastronómica a eso de las 19:30 dirigiendo un taller sobre Vino, Terroir y Redes Sociales. Las entradas están agotadas, así que esperamos no defraudar...



Seguiremos el sábado firmando libros en la Feria del Libro de Pontevedra, en la Plaza da Ferrería y, tras el descanso dominical, seguiremos hablando de vino en FEVINO, la feria del vino de Ferrol que este año se abre a los productores pequeños más rompedores.

Para quien no se aburra con el tema, seguiremos informando en twitter y facebook.

Hasta la próxima semana.


miércoles, 8 de abril de 2015

Callos, bacalao y Mediterráneo

Pese a toda la vorágine de acontecimientos que nos rodean, y que nos tienen alejados de esta plataforma, vamos a intentar hacer un paréntesis de rutina. 

Estamos en época de Potaje de Vigilia (pasemos por alto que se nos ha ido ya la Pascua), plato al que gustándome, siempre le he echado en falta un punch de sabor, intensidad y untuosidad. 

Quizás tenga que ver con una cierta decepción el día en que lo probé por primera vez, creyendo que se trataba de unos callos a la gallega, pues en Galicia, o al menos en mi pueblo, se sirven con garbanzos. 

Se respeta poco al garbanzo, creo que como si se tratase del Oliver Twist de la legumbre, y además de su corazoncito, tiene una serie de características que lo hacen a mi juicio interesantísimo gastronómicamente hablando. 

Primero, porque retiene con facilidad los sabores, al contrario que sus primas alargadas e ilustres, y segundo porque no requiere de un control milimétrico para que no se pasen de su punto. Son casi como el arroz del anuncio pero sin alteraciones transgénicas. Ahora que los mercenarios de Blackwater trabajan para Monsanto, supongo que esta afirmación me pondrá en el punto de mira. 

Naturalmente hay calidades y tamaños en el mundo del garbanzo, aunque los Pedrosilano (los más chiquitillos) son mis favoritos. 

Volviendo al tema vigil, resulta que buscando como darle potencia al guiso se cruzaron en mi camino, gracias a la gentil ayuda de mi amiga Marisa, una increíble y poco conocida materia prima llamada "callos de bacalao". Puede comprarse ya en cualquier tienda de bacalao y básicamente se trata de la vejiga natatoria del animalito en cuestión y cuya textura, una vez cocinada resulta gelatinosa, con la capacidad ligatoria pilpilera del bacalao, y se parece notablemente a la de los callos comunes. 

No teniendo muy clara la receta a seguir, ya que de esto (como de los efectos de Hombres Mujeres y Viceversa sobre el cerebro humano o su ausencia) todavía no hay estudios serios más allá de los de Angel León que me complicarían la vida (no tengo chorizo marino), me decido por el sentido común del guisandero, comenzando por desalar las piezas de bacalao.

 

Son finas así que basta un día para otro con un cambio de agua, coincidiendo con los garbanzos que también hay que remojar una jornada. Este derroche de agua lo compensaremos después bebiendo vino, no se preocupen. Llegado el día de autos cortamos a la mitad una cebolla de las grandes, media se cocerá durante unos 20 minutos a fuego lento con el bacalao, la otra mitad se incorporará a los garbanzos junto con un hueso de jamón y una hoja de laurel, cociéndolo cubierto de agua y también a fuego lento, sin prisa, hasta que el garbanzo esté cocinado. 

Mientras tanto sofreímos otra cebolla junto con un diente de ajo picado y un tomate muy maduro (o en su defecto en conserva) que añadiremos después. Una vez que todo está pochado, añadiremos una cucharada de pimentón y otra de comino que habremos tostado previamente. Es muy importante que el comino sea de calidad (y mejor no molido) como el que tiene Spicy Yuli.  Dejamos cocinar un poco más e integramos todo, es decir, garbanzos, bacalao y sofrito. Si nos falta caldo, añadiremos el de la cocción del bacalao.

El resto es cuestión del tiempo que lo queramos dejar. Más tiempo a fuego lento, más sabor, y mucho mejor al día siguiente.

¿Con qué se toma esto?. A mí el cuerpo me pide un tinto con tope de fruta. Sin presencia de madera, para que la crianza no se pelee con el pimentón (la combinación suele ser atroz). El estilo de vino que busco con este plato es fácil de beber pero con un punto goloso. 

Con estas premisas la respuesta está sin duda en el Mediterráneo, y como es época de austeridad, vamos a desvelar un auténtico regalo. 

La Bodega de Los Frailes está en Valencia, a unos 80 kilómetros del mar, y sus viñedos están a unos 700 metros sobre el nivel del mar. La viticultura que practican, favorecida por la tremenda insolación, es ecológica certificada. Prescinden de sistémicos y sus pobres suelos de arcilla se fertilizan con abonos de ganadería también ecológica. Solo se aplica azufre y cobre. 


Cuentan con la asesoría de Dominique Roujou de Boubee, lo que a día de hoy es una garantía. Los frailes Monastrell 2013 es un vino joven sin crianza, muy directo, ofrece aromas rotundamente mediterráneos de jara y romero acompañados de mora, ciruela y barro cocido. El trago es alegre, especiado, intenso y sorprendentemente fresco pese a su golosidad, sus taninos son finos y dulces, pero con volumen. Puro disfrute que va de cine con el potaje, acompañando, completando, endulzando y limpiando la boca para una cucharada más. El peligro es que cada uno pide más del otro, y si les digo que su precio no alcanza los 5 euros... poco más que añadir.


Como alternativa no nos vamos muy lejos. Cerca de Cuenca los hermanos Barba elaboran Casa la Loma en una de las pocas elaboraciones interesantes que he visto de la syrah en la meseta sur de España, donde generalmente se hacen vinos horteras que lo único que buscan de esta uva es lo bien que viste en la etiqueta frente a lo tosco de decir "garnacha". 

Utilizan la maceración carbónica obviando así el rigor y sacando la jovialidad que esta variedad puede dar de sí en un clima cálido. Casa la Loma 2013 ofrece fruta rabiosa, mora, romero, algo de plátano, taninos muy pequeños insertados en un vino crujiente, sabroso y con un alcohol peligrosamente imperceptible, que también se lleva a las mil maravillas con el potaje, que permite al vino crecerse al refrescar las notas más picantes y compensar con su fruta lo untuoso del guiso.

Otra delicia que, por cierto, tampoco llega a los 5 euros.







Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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