jueves, 10 de diciembre de 2015

El sueño de Laura

Hace tiempo que tengo ganas de hablar de Laura Lorenzo. Muchas. 

Pese a que apenas habremos coincidido fugazmente en una ocasión, ella representa todo lo que busco, defiendo y admiro en el mundo del vino: la inquietud, la honestidad, la búsqueda de la expresión del terruño, y el respeto por la naturaleza, en una combinación que, pareciendo sencilla, pocas veces concurre en una persona. 

Pese a su juventud, Laura lleva ya muchos años en esto del vino, al que llegó con 23 primaveras y una mente pura, rechazando la contaminación del atajo y la manipulación que a veces supone el aprender la elaboración del fabricante en serie, en lugar del artesano. 

Arrancó en Galicia, y en el mejor lugar en el que, de aquella, se podía aprender y experimentar con libertad de mente y (también es cierto) abundancia de medios: Dominio do Bibei. Allí aprendió desde cero, y fue el catalizador del proyecto de Javier Domínguez y de la experiencia y el conocimiento de Sara Pérez, (quienes con buen criterio supieron apostar por el talento local) y aprendió un camino nuevo, aun por escribir, en el que se afirmaba con rotundidad que otro vino era posible. Un vino respetuoso, serio, importante, testimonio de su zona y con capacidad para envejecer y mejorar con el tiempo.

Foto prestada del facebook de Laura
Pero como ocurre a todos los espíritus libres, las paredes de una bodega ajena sólo les pueden contener un tiempo, y vuelan antes o después para dar rienda suelta a las inquietudes a las que, con sus riesgos, toca enfrentarse. 

Por ello un buen día los caminos de Laura y Dominio do Bibei se separaron. Desde entonces se dedicó a buscar viñedos que recuperar para su causa, siguiendo unícamente sus postulados. Y desde entonces le seguía un servidor, esperando que esos postulados se transformasen en un vino del que poder hablar. 

Desde el minuto uno estuvo en la agenda del viaje que sería Galicia entre Copas, pero lamentablemente la fatalidad, en forma de saqueos, heladas, pedriscos, lesiones en vendimia y otras adversidades, retrasaron la consumación del proyecto, impidiéndome dedicarle un capítulo, como me hubiera gustado, y hablar por fin de Daterra Viticultores, el nombre que resume con acierto su objetivo. 

Los viñedos que mima, alquilados generalmente a personas de avanzada edad que ya no los pueden atender, se sitúan entre Manzaneda y Trives, distribuidos en 24 parcelas que juntas apenas suman tres hectáreas. Albergan cepas con unos cien años de media (salvando aquellas nuevas que sustituyen a las que van expirando) entre las que las variedades se salpican. Mencía, Mouratón, Garnacha Tintorera, Gran Negro, Merenzao, Dona Blanca, Colgadeira, Godello, Palomino... Todas ellas se encuentran en pronunciadas pendientes horadadas por antiguas terrazas, sorteando diferentes orientaciones y generalmente a gran altitud. Los rendimientos rara vez exceden el kilo por planta. Sus vecinos suelen ser alcornoques, olivos, encinas, castaños y robles. 

Laura practica la permacultura, sustentada en tres pilares: la tierra (restaurando los ciclos y procesos naturales), las personas (creando redes locales de apoyo mútuo) y los recursos (que han de compartirse para evitar consumos y residuos innecesarios).

Su primera añada en el mercado, la 2014, con lluvias constantes, incluso en vendimia, fue francamente complicada, con una uva de calidad que, como la producción, fue muy reducida. 

Para la elaboración, ha recuperado una vieja casa en el pueblo de Manzaneda, y el concepto parte de la intervención estrictamente necesaria para que lo que hay en la viña se perciba en la botella. Levaduras autóctonas, gracias a una viticultura sana, prensados suaves, maceraciones no excesivamente largas, pocos movimientos y mucha paciencia.

Por ahora son cuatro sus vinos, concebidos a la borgoñona, desde lo general, la zona, a lo particular, el pueblo y la parcela, prescindiendo así de monovarietales donde no los hay.
En la base se encuentra Azos de Vila 2014, que hoy nos ocupa, y se elabora a partir de viñedos situados en pueblos de Manzaneda (Seoane, Langullo, Soutipedre, San Miguel-San Vicenzo y Mendoia). El mosto fermentó espontáneamente en barricas de 500 litros abiertas. Despalillado y sin estrujar con algunos bazuqueos. La garnacha tintorera se encubó 15 días, el resto de las variedades (mencía, mouratón, merenzao y gran negro) 20 días. Hizo maloláctica y se crió en barricas de 250 y 500 litros con un trasiego en primavera.


Aunque uno mira poco el color, los púrpuras de este vino son fulgurantes. Huele a laurel y a manzanilla salvaje, a las moras del final del verano y a tierra mojada.

El trago es un bocado recio pero jugoso, detenido y largo, que habla de mucho tiempo por delante, pero que permite ser disfrutado con amplitud. Sabroso, tierno, más festivo que reflexivo y que trae a la mente el viento incesante que sopla entre las colinas y montañas que flanquean el Bibei, trayendo al Atlántico ecos del Mediterráneo.

Hace pensar también en el sueño de Laura cumplido, que habla de una tierra recuperada y revitalizada, ¡en armonía!, a la que la gente, como en el lejano Priorato, vuelve a trabajar con ilusión, alentada por un futuro próspero de vinos grandes, vivos, honestos y reconocibles.

El primer ladrillo está puesto, y es muy sólido.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Enhorabuena Mariano,

tu post plasma perfectamente el sueño hecho realidad de Laura, una mujer fuerte, pese a todas las adversidades del camino (comenzando por la dificulad de la añada del 2014 y demás aspectos que mencionabas). El resultado es francamente interesante, como refleja la descripción de Azos de Vila que haces aquí arriba.

Viticultura extrema, fruto de la voluntad de generaciones enteras de viticultores que han trabajado esa tierra con perseverancia, que levantaron socalcos sobre las laderas con gran esfuerzo, plantaron castaños y fueron modelando el paisaje desde un verdadero compromiso de sostenibilidad. Nadie mejor que esta mujer y nadie con mayor compromiso por esta tierra, para poner en sus manos todo este patrimonio. Tanto el viñedo como algunos modos de vida campesinos del Val do Bibei tienen una oportunidad muy valiosa, casi contra todo pronóstico, para seguir ofreciendo su fruto más valioso.

Es un proyecto que ojalá pudiese haber llegado a tiempo de la maquetación de "GALICIA ENTRE COPAS"... Pero, sobre todo, un proyecto que sin hacer mucho ruido, merece la pena apoyar para que pueda seguir creciendo (regenerando suelos que no fueron bien comprendidos, reponiendo marras y restaurando viñas que fueron abandonadas,...). Gracias por tu descripción fiel y a la vez emocionante, y sobre todo, por tu labor de acercarlo hasta muchos que aún no conocían DATERRA Viticultores. Para mí ha sido la revelación del 2015, seguido a corta distancia por gente como Ramiro Ibáñez en el Marco y otros pocos que están haciendo cosas muy interesantes, que tienen mucho que decir a medio plazo.

Mariano dijo...

De acuerdo en todo!. Unicamente añadir que me hubiera gustado tener un nombre al que agradecer el comentario.

Saludos!

Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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