viernes, 9 de octubre de 2015

Silius y la resistencia

Conocí a Ana Gadín hace un par de años. Entonces fue el albariño de su bodega Atrium Vitis, y la particular expresión que desplegaba en Quiroga (una de las zonas menos conocidas de la Ribeira Sacra) lo que me llamó la atención. El año pasado volvíamos a coincidir en A Emoción dos Viños y la revelación era Silius, una especie de oveja negra de la familia. 

En los inicios de la joven bodega, que comenzó casi para el consumo particular y de unos cuantos amigos, la gama tinta de la casa se llamaba Quinta Toucedo, hasta que un buen año las cosas se torcieron. En las analíticas de control que realiza el Consejo Regulador de la Denominación de Origen, los parámetros de acidez no se ajustaban a los mínimos autorizados, y sin ello, como el lector podrá imaginar, no puede lucirse la dichosa etiqueta que indica la procedencia. 

Esto no es algo excesivamente extraño si uno trabaja de manera relativamente artesana, por que la naturaleza no conoce de parámetros ni analíticas, sino del clima, de la reproducción y de lo que a la planta le interese ese año para garantizar su supervivencia. ¿Cómo suele arreglarse esto para pasar por el aro y evitar que hectólitros de vinos sin DO inunden el mercado?, pues sí amigos, echando polvitos que permitan alcanzar los parámetros de marras. Por supuesto, nadie le pregunta al consumidor si puede elegir entre los "productos enológicos" o la analítica descompensada. 

Como la etiqueta no dice nada y, a fin de cuentas, ¿quién es el consumidor aparte del paria que se va a tragar el brebaje?, el mundo sigue rodando.  

Llegados a este punto, pregunto al aire si es más autóctono (la etiqueta no dice ni más ni menos que la procedencia del vino en cuestión) un producto atiborrado de químicos  correctores que permiten cumplir las analíticas (más allá de lo necesario para un producto estable y sano), o bien un vino que, con sus virtudes y defectos, es fiel testigo de lo que ha sido el año para una planta.

No sé si pensando en ese consumidor, o en que su vino no es la pócima de Panoramix, ese año Ana y Javier, decidieron que no pasaban por el aro y que antes de andar con alquimias innecesarias, orgullosos de su vino, renunciaban a la etiqueta dejando así el contenido inmaculado. 

¿Y que ocurrió? 

Nada. 

Vendieron todo su Silius como antes habían vendido Quinta Toucedo, y el miedo a la nada desapareció, como ya ha desaparecido en otros lugares donde para hacer un buen vino artesano ya no existen corsés.

Al hilo de esto, ayer cataba Silius 2014. Fue un año complicado en la zona, como en toda Galicia y en muchos lugares del resto de España, rematado por las traicioneras lluvias en vendimia. Esas que desean muchos que venden su uva al peso (se hincha de agua), pero que son una puñeta para los que quieren que de sus cepas salga un buen vino.




Fueron capeando el temporal (tanto la mencía como el alicante bouschet lo permiten), esperando tras cada lluvia a que cada racimo volviera a su ser, y desechando aquello que no valía. Hubo mimo en la elaboración, y se nota. Después, todo tan sencillo como no estropearlo. Unos pocos meses en depósito, y tres más en botella antes de salir al mercado.

Sé que otros tantos no le vendrán mal, pero ya casi no hay reducción, y enseguida deja aflorar aromas muy directos de cerezas rojas y tormenta en verano. También algo de esmalte y pólvora. En boca es fresco, jugoso y alegre, con taninos pequeños, casi de clarete, y el característico amargo de la mencía en su juventud. El paso es facil, y pide el trago largo de un vino para beber. 

A mi estos vinos me van de cine con pulpo, cocido con patatas y regado con una ajada hecha con mimo, como la que prepara Pepe. Como el precio del vino es casi de risa en relación con su calidad, hay presupuesto para comprar un cefalópodo en condiciones.
  Porque no se puede hacer resistencia con el estómago vacío.

2 comentarios:

Pacog dijo...

En Ribeira Sacra para estar en DO los vinos tienen que tener mínimo 4,5 de acidez expresado en tartárico. La mencia por si sola nunca llega a ese parámetro en esa zona. Solo conozco una bldega qje elabora un 100% Mencia sin acidificar y por supiesto está fuera de DO.

Un saludo

Anónimo dijo...

Qué lástima de regulación. Ya decía Wilde que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Supongo que son las de la DO pero sería deseable un trabajo más profundo para dar cabida a la complejidad intrínseca de los vinos que en Galicia se pueden elaborar. En el marco actual logra que vinos de parcela cuidados desde su fase de fruta en viña queden fuera. Es una lástima...

Y añado, hay miles de pequeñas fincas repartidas por toda nuestra Galicia minifundista que tienen un gran potencial para ser representantes impagables de una tierra y una cultura secular. Además, es una camino muy noble para recuperar patrimonio histórico y actividad en base a valor añadido. Un camino ligado al concepto "enxebre". De químicas excesivas deberíamos olvidarnos, para volver a mirar la tierra con cariño y respeto...

Abrazo Mariano y felicidades por tu blog que sigo con interés.

César

Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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