miércoles, 2 de septiembre de 2015

De Casa Aurora a Casa Aurora

Creo poco en la casualidad, y por eso llevo algún tiempo preguntándome qué ha podido ocurrir para que dos proyectos, o dos entelequias tan diferentes, y tan parecidas, hayan podido recibir el mismo nombre. 


Según la mitología romana, Aurora era la diosa que representaba el amanecer. Tal vez los tiros fuesen por ahí... Y es que el amanecer es (especialmente a partir de que uno abandona la adolescencia), uno de los fenómenos más reconfortantes que existen, porque por oscura que sea la noche, sabemos que el sol siempre vuelve a salir. 


El talento humano es algo parecido. No es algo que abunde, ni que cronológicamente sea tan predecible, pero siempre pelea por aparecer y cambiar el rumbo de las cosas. Posiblemente ese sea el elemento que ambos proyectos tienen en común: talento humano, ¡claro!. El de dos personas que, dedicando su vida a cosas muy distintas, quieren hacerlo bien y dejar a sus hijos (y a los nuestros) algo mejor de lo que ellos se encontraron. Hablo de Germán Robles Blanco y de Miguel Anxo Besada.

Germán y su Casa Aurora están en Albares, donde el Bierzo es alto pero, pese a los iluminados que dibujan mapas sin pisar el terreno, sigue siendo Bierzo. Las viñas que rodeaban los recuerdos de infancia de Germán estaban abandonadas, perdidas o viendo sus uvas malvendidas en productos de masa. Y aunque sus derroteros han corrido por muchos lugares, los vinos con los que soñaba siempre estuvieron allí. 

Tras lanzarse al vacío supo que sólo había un camino: Recuperación.  


Recuperar aquellas viñas perdidas y, sobre todo, los suelos de los que se alimentan ha sido desde el principio su objetivo, terminando con el uso de herbicidas y tratamientos agresivos y aplicando la experiencia obtenida en proyectos anteriores para devolver la vida a las cepas, así como replantar aquellas que no aguantaron. Desde ahí la exaltación del vino de pueblo y de parcela, sin artificios ni aditivos. Elaboraciones sanas y ancestrales, uvas pisadas con los pies, barricas viejas y tinajas. Poco acero, mucha paciencia, más terruño y mirar de vez en cuando a la luna. 


El resultado este año fueron dos tiradas ínfimas de vinos auténticos, Poula, testigo del caracter del pueblo aglutinando las uvas de distintas parcelas que sobrevivieron al ataque de pájaros, corzos, raposos, y al jabalí, así como lo que quedó de la Galapana, la única finca que dió cantidad suficiente para llenar una barrica. Si las circunstancias lo permiten, este próximo año tendremos también un excepcional Valdecontina sabroso y vibrante, y también prometedores Vendañona y Valle del Río

Recuperar 

Porque recuperación es también el trabajo de mi buen amigo Miguel Anxo. Su nueva Casa Aurora es un remanso de buen gusto en el exceso marbellí del verano en Sanxenxo, como una embajada de la ya mítica Curva de Portonovo en la que ponerse a salvo, pero en versión más fresca y juvenil, con mucho estilo. 

Foto de Miguel en El Diario de Pontevedra
Unos cuantos ya considerábamos A Curva un templo, y no solo por los vinos que allí se sirven (que también), sino sobre todo por recuperar un oficio y una forma de trabajar que muchos considerábamos perdida, y a salvo tan solo en distantes restaurantes estrellados. Hablo de dignificar la profesión del camarero elevándola a lo que debe ser: un catalizador de la taberna que sea capaz de transmitir, con su presencia y su buen hacer, el alma del lugar en el que trabaja, haciendo así al comensal un poco más feliz. 


Miguel no sólo predica este modelo con el ejemplo, sino que lo fomenta entre su gente, haciendo que amen el oficio y lo que le rodea, manteniendo la inquietud de querer ser cada día mejores. Sirva de muestra que este año pude encontrarme a algunos de los suyos como alumnos en el Curso Superior de Sumiller que imparte el Instituto Galego do Viño. 

 El resultado es que, aunque Miguel no esté presente (porque todavía no es capaz de estar en dos lugares a la vez), su carácter permanece en Casa Aurora, donde todo funciona como un reloj, y allí se reproducen sin duda las sensaciones que invitan a volver a la Curva una y otra vez. Casualmente hace algunos días leía en la revista Emprendedores un interesante artículo sobre microbodegas, y entre ellas aparece destacado el proyecto de Germán. Perfectamente podría haber aparecido también Miguel.

  En tipos como estos debe estar el futuro. Ambos crean más riqueza de la que se encontraron, y no necesariamente monetaria. Germán devuelve la vida a un pueblo en forma de vino y rescata a sus viñas del abandono y la muerte, y lejos de devastar el suelo, lo hace en armonía con él. Miguel no sólo da trabajo a un montón de personas, sino que les ofrece un futuro ilusionante en una hermosa profesión en horas bajas, vilipendiada por el fast-food y la precariedad mediterránea que nos retrata en ocasiones. Además apuesta por todos los buenos vinos de su tierra, ofreciéndolos al comensal a la mínima de cambio con la mano izquierda de enbaucador que le caracteriza. Ambos crean más riqueza de la que se encontraron, y no solo monetaria, dejando una parcela de mundo mejor y más próspera para sus hijos. Por eso, y porque además son grandes personas, les quiero y les admiro.

Y como al final me he ido por derroteros más allá del vino, les dejo la pequeña ruta que, en nuestra línea minifundista, hemos preparado con Kilometrosquecuentan.com, precisamente con Germán, y alguno más.

1 comentario:

PATARRAN TRAN TRAN dijo...

Maestro, me tiene usté loco con su turismo enologico.
Quizá algún día , quien sabe, podamos coincidir con parientas y prole y hacernos un homenaje conjunto.
Para mayor gloria de nuestros proyectos literarios-bloguísticos.
;-)
Hasta entonces (y mientras voy tomando notas de todo lo que hace, pa aprender, sabe usté) le sugiero pruebe esto (si no lo ha hecho ya)

Mestizaje 2014

Y si no sale lo del homenaje... siempre nos quedará una paella.
Esa "la pago" yo.

Paella Valenciana de Leña

;-)))

Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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