martes, 21 de octubre de 2014

De atlántico y mediterráneo

Hace ya algunos meses, seguramente muchos, rectificaba sobre cuestiones de gustos y tendencias vinícolas. Hablaba entonces de la importancia de la tipicidad y no de las características de un vino en abstracto, o concretamente, de la capacidad de un vino de decir de dónde viene, por encima de sus valores de aromas, acidez o corpulencia, como parámetro de calidad. 

Aunque ignoro por cuánto tiempo, continúo en esa convicción y celebro por ello un momento de gran heterogeneidad de los vinos españoles. Quizás por un público cada vez más avido de remotas zonas y extrañas variedades, los proyectos locales más interesantes, de pequeños vinos de pueblo, se vienen estimulando, poco a poco y a pesar de las DO's. Sin embargo, ese público continúa siendo minoritario. 

No cabe duda de que el bajo consumo de vino tiene bastante que ver, pero tampoco es menos cierto otro aspecto, y es que la mayoría de esas botellas rompedoras que últimamente nos entusiasman proceden de producciones muy pequeñas, ridículas en ocasiones, que rara vez superan los 3.000 ejemplares con algún que otro magnum. Si tenemos en cuenta que la mitad de ellas se van al extranjero (los guiris no son tontos, y valoran mucho más estas cosas que nosotros), cada añada termina por convertirse en un precioso objeto de deseo que dura poco en el mercado. 

Por lo expuesto, es muy importante que en estas nuevas zonas de producción, surjan inversiones más ambiciosas, centradas en la tipicidad local y en la calidad, pero capaces de llegar con regularidad a mayores mercados y puedan decir ¡aquí estoy!, como en su día lo hicieron y ahí siguen, grandes pero buenos productores de Borgoña, Burdeos, Mosela o el Piamonte. Los casos de este perfil en España son aun pocos, pero los hay, y vamos a centrarnos en un par de ellos. 



Dos vinos que por su calidad demostrada, año tras año, son los que recomiendo cuando me preguntan por un tinto atlántico o uno mediterráneo. Porque sé que no me fallarán, y porque tengo la seguridad que el interlocutor no tendrá problemas para encontrarlos.

Empezando por el Atlántico, de Dominio Do Bibei y Lalama hemos hablado en otras ocasiones y no cabe duda de que su trayectoria en la elaboración de tintos (y también blancos) de calidad en Ribeira Sacra es incontestable. 

La inversión que en su día realizó Javier Domínguez permite hoy elaborar un número de botellas suficiente como para abastecer a un mercado deseoso de vinos sabrosos y refrescantes como Lalama. Prueba de su propósito incesante de calidad es la búsqueda del coupage perfecto que varía con cada añada, a la manera de burdeos, así como el hecho de tener un vino, (también recomendable, ¡ojo!) llamado Refugallo procedente de aquellas cubas que para Dominio do Bibei no alcanzan el nivel suficiente para formar parte de Lalama. 

La añada 2010 (mencía, alicante y mouratón), que es la que actualmente se encuentra en el mercado, es un poema de fruta roja y flor morada, frescor vibrante y estructura amable, bastante pulida ya porque la bodega nos ha hecho todo el trabajo de guarda. Solo resta disfrutar. Un vino para beber por palets y que ofrece el do de pecho con legumbres y otras gamberradas con las que la mayoría de los tintos caen por su propio peso.

Pasamos al Mediterráneo para encontrar un vino imprescindible en mi fondo de armario y del que, sin embargo, nunca había hablado. Se trata del "hermano menor" del proyecto 4 Kilos, la cruzada del enólogo Francesc Grimalt y del músico Sergio Caballero por darle una vuelta de tuerca a los vinos mallorquines, recuperando las variedades autóctonas (aunque sin miedo a las castas nobles foráneas), haciendo agricultura respetuosa con el medio y elaboraciones que buscan destacar el terroir sobre las uvas y las crianzas.



Su 12 Volts 2012 tiene absolutamente todo lo mejor que le pido a un vino de su raza, gran intensidad de aromas a violetas, a tomillo, jara y manzanilla. Tomates secados al sol. En boca es rotundo, muy floral, tensión caliente. Buena acidez y alcohol bien integrado. Taninos pequeños, arenosos, divertidos y nada molestos. Es muy sabroso, fácil de beber y francamente largo. Además se comporta de maravilla con toda la huerta, especialmente con verdugos habituales de los tintos como lo son la menestra y la escalivada 

Si además les digo que tienen un precio imbatible (en torno a los 15 euros) en relación con su calidad, y que aunque uno viva en medio de la dehesa, ambos vinos pueden comprarse on-line, quedan pocas razones para no probarlos.

3 comentarios:

Jorge Díez dijo...

Es verdad, existe ese terreno intermedio entre vinos de gran producción y elaboraciones minoritarias. Estos dos que citas son buen ejemplo y mejores vinos. Yo también me entrego a ellos en caso de duda, carta justita o similar.

Mariano dijo...

En efecto Jorge. Además dan muchas alegrias con los años. Verticales interesantísimas en amvos casos.

Mariano dijo...

Perdon por el lapsus. Es ambos. problemas móviles.

Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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