miércoles, 12 de marzo de 2014

Las reglas del descorche

Desde el inicio de este año, advierto cierto decaimiento en la actividad bloguera. Se escribe menos, se replica menos, y curiosamente las visitas se mantienen. Los pesimistas- entre los más activos, por cierto- hablan de la muerte del blog como concepto. 

Algunos expertos dicen, sin embargo, que vivimos la convulsión derivada de nuevos formatos, que ha trasladado el diálogo y el debate a las redes sociales más inmediatas, que proporcionan fluidez, pero a mi juicio mucho menos contenido. Personalmente no entiendo las RRSS de imágenes y caracteres limitados sin un soporte de materia prima real al que poder hacer referencia. Como mal fotógrafo que soy, debo creer que no siempre una imagen vale más que mil palabras, y que aunque no necesariamente ha de volver todo a la situación interior, los blogs seguirán teniendo su espacio. 

Si me equivoco tienen la garantía de que, salvo problema físico que me lo impida, cuando todos los demás caigan, aun quedará un enano vivo en Moria. Y aunque la filosofía internauta está muy lejos de ser mi tema, uno no puede huir de la realidad, por eso para encontrar los cimientos de esta entrada recurrí, hace algunas horas, a la inmediatez de Twitter, buscando respuesta entre los aficionados a una pregunta que como aficionados al vino, nos afecta: ¿qué razones puede tener un restaurante para rechazar una práctica como el descorche?


Las respuestas, que agradezco a todos los intervinientes, fueron múltiples y nutritivas. Me han ayudado a darle estructura a este post y, sobre todo, a centrar sobre ellas la cuestión. Esto a mi juicio viene a demostrar que los formatos no tienen por qué devorarse unos a otros, si no que se complementan, y tengo cierta confianza en que así se irán estabilizando.

Pero para centrar la cuestión, empecemos por el concepto.

#Descorche: Dícese de la acción de un establecimiento hostelero consistente recibir y servir una botella propiedad del cliente a cambio de un precio fijado previamente. 

Se trata de una modalidad de consumo con muy poco arraigo en España, como país cervecero y acomplejado que es, pero con amplia implantación en países donde el vino se bebe y se toma en serio, y donde los coleccionistas de botellas no son bichos raros, sino criaturas tan normales como cualquiera.

Desde hace ya unos años, tengo la costumbre de preguntar por si existe tal posibilidad en todos los restaurantes que visito y, con independencia de la respuesta final, que la pequeña mayoría de las veces es afirmativa, advierto extrañeza y, en ocasiones, tensión en muchos interlocutores. Tanto en esos casos de incomodidad, como en aquellos que directamente lo rechazan, me cuesta mucho entender las razones. 

Partiendo de la ignorancia, y seguro que hay algo que se me escapa, yo solo veo ventajas. 

Reconozco que mi visión es parcial, pero partamos de una premisa que para mí es clara y muchos compartirán. Un buen vino es capaz de salvar una mala comida, pero un mal vino puede destrozar un menú exquisito. Y esto, no solo porque conforme avanza una botella en estado de gracia, la percepción de todo lo que la rodea suele ser más positiva, sino porque sencillamente, el precio del vino suele ser superior al de cualquier plato y con ello va también el cabreo del comensal ante una mala experiencia, con capacidad suficiente para contaminar toda la velada y tornar lo bueno en regular, de manera viral. 

Partiendo de la base anterior, demos un paso más. En líneas generales, el mínimo exigible a un restaurante reside en que la comida esté buena, pero si el negocio en cuestión no tiene demasiadas pretensiones, o sencillamente carece de la capacidad económica que hace falta para tener una buena carta de vinos, me parece razonable que no se le exija tener una bodega de excepción. Es decir, se puede tener un buen restaurante sin necesidad de gastar dinero en vino.

Esto, que parece una contradicción, no debería ser incompatible con el hecho de que muchos aficionados al tema consideremos como parte indispensable de un buen menú, acompañarlo de un vino excelente. Ahí es donde cobra sentido el descorche, y en esa tesitura me parece absolutamente razonable y lógico que se compense al restaurante por ello con una cuota fija por botella. En este escenario, el descorche solo supone ventajas para el negocio.

Más adelante profundizaremos un poco en cómo debe gestionarse esto, pero antes me planteo a qué puede responder la negativa, o la reticencia a esta posibilidad. Y es que, desde mi punto de vista, si me veo obligado a acompañar unas deliciosas viandas con un vino que no me gusta, o me resulta indiferente, o con un vaso de agua, la experiencia a nivel global perderá muchos enteros, le faltará algo en el mejor de los casos. En ocasiones, hasta el punto de decidir si repetiré o no en el lugar en cuestión, y ya no les cuento si encima el vino está pasado de precio, algo bastante habitual en los restaurantes patrios. 

Intento explicarme qué razones pueden conducir a la negativa, y lo primero que me viene a la cabeza es el miedo- absolultamente legítimo- del propietario a que su bodega no rote y se quede estancada. Un problema, sin duda, pero que tiene sentido temer cuando uno dispone de una gran colección, con múltiples referencias.

Buen argumento en teoría, pero que decae al conocer la práctica, y es que, como bien apuntaba @JavierInfanteB en la discusión de twitter que nos ha traído aquí, todos los restaurantes (que yo conozco) que se preocupan por tener una buena bodega y dedicar al vino el tiempo, el espacio y los recursos que se merece, permiten el descorche y además lo ven con buenos ojos, pues conscientes de la imposibilidad de alcanzar todos los paladares, aceptan con humildad y curiosidad la entrada de botellas extrañas en su establecimiento.

Por el contrario, donde más rechazo he encontrado es en aquellos lugares donde el vino tiene un papel secundario, o meramente anecdótico, pese a ver sobrecargado de manera injustificada - y  mi juicio poco inteligente- el precio de las botellas, normalmente desde el doble de su PVP hasta donde haga falta. Quizás deberían pensar la posibilidad de que el precio sea la razón de su falta de rotación. 

Aquí entramos en la parte más conflictiva, el precio. Personalmente me parece un error pensar en el descorche como una forma de ahorro en la cuenta final, sencillamente porque su coste debería ser parejo o similar al legítimo margen que del vino obtiene el restaurante, y que tiene más sentido como importe fijo que como exponente proporcional al precio de la botella. Y esto vale tanto para el punto de vista del propietario como para el del comensal, que lo único que hace es diferir el pago.

Pero si descartamos el precio delator, aun nos cabe otra posible razón, muy común también, el ego, casi inseparable de nuestra hostelería. Lo apuntaba bien @seluman36 (el amigo Louzán, vaya). El ego puede llevar al titular del negocio a considerar que el nivel de su selección es de tal magnitud, que aquél que pretende llevar su botella bajo el brazo sólo puede ser un ignorante o un tacaño.

Este razonamiento, aparte de la humildad intrínseca a la auténtica sumillería, desconoce que en el vino hay centenares de gustos, y que es imposible abarcarlos todos. Es más, personalmente considero un elogio a la cocina del lugar el hecho de que el cliente porte una botella especial para acompañar las viandas de las que va a disfrutar.

Y aquí entra la parte que le toca al comensal, por un lado ha de tener en cuenta que lo que lleve le delatará, y si se presenta con una botella de vino industrial de oferta en el súper, a 7,99 la caja de seis, quedará como un esquila huevos en el mejor de los casos. Tampoco considero de recibo presentarse en el restaurante con una botella (de la misma añada) que ya se encuentra en el catálogo del restaurante. Por eso conviene consultar antes la carta, o recular elegantemente, llegado el momento.


En mi caso les aseguro que cuando me acojo al descorche, trato, con mimo, de seleccionar algo peculiar y de calidad contrastada, y que rara vez baja de los 20 euros PVP. Creo que es una forma de mostrar respeto al local. Si aprecio inquietud del sumiller y la botella sale buena, también intento (aunque no siempre lo consigo, es cierto) dejar algo del vino para que el personal pueda probarlo.


Insistiendo un poco en el último razonamiento, planteo un caso práctico*. Imagínese que atesora usted un ejemplar de La Tâche de la Romanee Conti 1990, Turó d'en Mota 2001, o del Palo Cortado V.O.R.S. de Bodegas Tradición, y no encuentra mejor vianda con que acompañarla que el suculento lechazo que preparan en el horno tradicional del Asador "Los Pejigueros". Lamentablemente la propiedad del restaurante no admite la posibilidad del descorche. 

Restan dos posibilidades, aguantarse y pasar el ovino con una botella anodina de Marqués del Río Sequillo Crianza, o llevarse la botella a otro lugar.

Es para pensárselo.





Y con esto aprovecho la ocasión para recomendar algunos restaurantes de Madrid, disfrutados sobremanera últimamente, que sí admiten la posibilidad del descorche.

La Cabra
El Trasgu
El Cocinillas
La Sopa Boba
La Candela
Caoba



* Los nombres del caso práctico son ficticios (salvo los de los vinos) y cualquier parecido con la realidad, será pura coincidencia.

35 comentarios:

Toni dijo...

Muy intersante la reflexión. Por mi parte no lo contemplo ya que para beberme un vino que ya compré y tengo en casa pues me quedo a comer en casa.

Mariano dijo...

Gracias Toni. Y de hecho creo que es la postura de la mayoría de la gente, por esa misma razón creo que no tiene sentido el miedo del hostelero.

Saludos,

señorita mandarina dijo...

pues si.. yo hasta este mes no he vuelto al mundo blog por que estaba metida en el mundo oposicion jajaja
http://senoritamandarina.blogspot.com.es/

Jose dijo...

Hola Mariano,
por parte de la hostelería: Incultura. Lo único que si pudiéramos exportar convertiría a este país en el más rico del orbe.

Pero ¿y los consumidores? Recordemos que nos somos atípicos en el porcentaje total de trasegadores de vino (wine trasegeitors en adelante, por aquello de ser cool). Sobre este tema me han inquirido en algún momento compañeros, conocidos y algún desconocido y, las más de las veces, no entienden el por qué pudiera ser necesario eso de llevarse la botella al restaurante. Y ojo, que tampoco son pocos los que dicen que eso de pagar descorche, ¿para qué? ¡encima que el vino lo ponen ellos!

Unos y otros, la misma cara de la moneda: Incultura.

Saludos,

Jose

Xavier Bassa dijo...

Buenas,
pues tienes toda la razón, y nunca habria caido en eso de que un cliente, al traer una botella (que si la trae es porque la considera buena)la comida mejorará, y la velada será percibida como mejor. Yo muchas veces, me he encontrado en un restaurante, en que he elegido un tipo de vino que no ha resultado ser como yo creia, y eso, me ha arruinado la comida, y la velada. Pues sí que puede ser cierto, que un cliente que viene a disfrutar al restaurante con su botella, posiblemente será un cliente más positivo con la cocina del local, y por tanto, marchará con mejor impresion del establecimiento.

SIBARITASTUR dijo...

Creo que poco más hay que decir, estamos de acuerdo.
Yo digo si, cuanto antes mejor y que el restaurante que lo haga pronto en su entorno cuenta con una gran baza de marketing.
Solo veo ventajas para el restaurante y el comensal y lógicamente estoy en las antípodas de Toni.
Paso de pagar los palos que dan - normalmente- y para que muchas veces no hay mucho donde escoger ni con quién intercambiar una mínima charla para elegir un vino. Es vergonzoso.
Es más, yo pagaría solo porque me la dejaran llevar y por unas copas, ya me la sirvo yo, gracias.
Y para todo esos que dicen que por qué pagar si ya lo llevan ellos?, pues les diré que iré a su trabajo, con lo que se ganan la vida y lo haré gratis, quizá así se den cuenta, mucha avaricia veo yo.

Anónimo dijo...

Hola a todos

Muy interesante reflexiòn. En mi opinión, y perdón por salirme del vino, en España en general no es un país especialmente amante de la competitividad. Venimos de Correos, Renfe, Repsol y Telefonica, exmonopolios, ahora oligopolios. Si fuera por los ultimos seguiriamos estafados a sms a 15 cts+ Iva. En hosteleria en general el dinamismo es parecido. En otros paises, pienso en usa o uk, se ofrecen infinidad de cosas, refill, musica, decoracion, descorches, etc.. En Espana se sigue sustentando el negocio en refrescos de 20 cl a 1,80E. Perdon toda esta chapa fuera del mundo del vino pero creo que todo es lo mismo, una actitud conservadora generalizada de empresas poco innovadoras y un consumidor en general poco exigente, bastante conformista y reticente a novedades. No se si he sabido expresar mi punto. Y perdon por omitir todas las tildes.

Pedro Papea

Toni dijo...

Me parece que estás algo despistado. Si hay un sector en el que la competencia es brutal ese es el telefónico. Ya quisiéramos que la competencia fuera parecida en el sector eléctrico o petrolero.

Además hasta que llegó el Whatsapp los sms los cobraban parecido todas las operadoras, no solo Telefónica.

Mariano dijo...

Srta. Mandarina, pues ya toca volver, je je.

Mariano dijo...

Jose, solo puedo decir que tienes toda la razón. Por eso he intentado darle al post el enfoque más didáctico, y a ver si hay suerte y convencemos a alguien...

Saludos,

Mariano dijo...

Hola Xavier,

Hombre, sobre todo porque uno no va (o no debería ir) contra sus propios actos, nadie va a criticar un restaurante por la botella que uno mismo lleva. Por tanto, para el restaurante, una variable menos que pueda fallar...

Aunque el alegato no va por ahí, esto cobra especial sentido cuando el incremento de precio del vino (y por tanto las expectativas sobre el mismo) es muy alto. Dicho de otra forma, si pagamos 40 euros por una botella de 18 (algo nada extraño) y encima no está muy allá, la comida va a tener que estar muuuuy buena para levantar el pabellón más subjetivo del comensal.

Saludos, y gracias por la intervención.

Jorge Díez dijo...

Por partes. Estoy de acuerdo con tu opinión sobre el formato blog aunque ahora yo mismo lo tenga tan aletargado; por eso sí me extiendo aquí y apenas mandé guiños a los comentarios de otros cuando lanzaste el guante en Twitter.

En cuanto al tema en sí yo destaco dos cosas. Estaba de acuerdo con la línea de los que pensaban en los altos márgenes de ganancia que aplican los locales al vino como explicación para rechazar el descorche. Y eso hoy día, en que la hostelería ha disminuido sus cargas al respecto (con menor venta la distribución se pliega a casi cualquier pedido y no obliga a compras -y almacenamientos- grandes).

Pero hay otra razón a mi entender. No nos engañemos los habituales de estos foros: somos minoría, casi insignificantes en el consumo total, somos "frikis", y tenemos que buscar nuestro sitio con cierta dificultad, no somos nosotros los que vamos a mover a los locales a cambiar sus pautas de negocio mayoritario que les funcionan. Miran con extrañeza o rechazan el descorche porque no les hace ninguna falta, porque para la inmensa mayoría sobra bodega con las cartas más gastadas de la baraja y eso es mucho más fácil, barato y rentable para el negocio. Nosotros tenemos un problema cuando no encontramos "nuestros" vinos, la mayoría -inmensa, insisto- de los locales, no. Sólo algunos sitios entran en esa especial selección y ahí no suele haber problemas, como apuntas.

Julio Romero Tera dijo...

Pues sí Mariano, o pues no... ¡y yo qué sé! Ya ves, dubitativo en el tema de los blogs, como tú y como Joan Gómez Pallarés. Pero creo, y Octavio Paz lo consideraba casi una imperfección, que al ser hispanos nos abonamos más a la explicación y a la reiteración; aunque después de interactuar con estas creaciones bárbaras (léase twitter) estemos más comedidos, incluso crípticos, y aparentemos ser más inteligentes de lo que un formato copioso podría evidenciar. En cuanto al descorche, dicho así y en la Tasquita de enfrente, casi me da repelús... o pena, porque Aire del Patio de Samuel Cano a 21 € en carta, casi que me lo llevo de casa. Y es que todavía no hemos terminado con el tema del vino por copas y en condiciones bebibles, algunos no se han repuesto de la impresión y tú avientas el descorche, con la de ciclogénesis que nos visitan este año. Temerario y visionario, eso es lo que eres.
Saludos.

Mariano dijo...

Sibarita. Totalmente de acuerdo.

Quizás sea demasiado taxativo, pero el que no entienda que hay que pagar un precio por el descorche, más allá de la incultura que comenta Jose, yo diría que tiene un problema de empatía, y de ser incapaz de ponerse en el lugar de los demás de una manera lógica.

Mariano dijo...

Pedro P. Gracias por tu intervención. Los temas del monopolio creo que son objeto de otra discusión, pero aciertas a mi juicio en que parte del problema está en el carácter hispano.

Por un lado somos conformistas como clientes, hasta que traspasamos las puertas del local y lo ponemos a caldo. Y los pocos que sí reclaman, o demandan mejoras de manera constructiva (y a la cara, vaya), se encuentran en muchos casos con un hostelero impermeable a la crítica y, en hocasiones hostil.

Por fortuna esto va mejorando y me alegra ver cómo la prosperidad sonríe a la mayoría de los que hacen bien todo esto.

Mariano dijo...

Pedro P. Gracias por tu intervención. Los temas del monopolio creo que son objeto de otra discusión, pero aciertas a mi juicio en que parte del problema está en el carácter hispano.

Por un lado somos conformistas como clientes, hasta que traspasamos las puertas del local y lo ponemos a caldo. Y los pocos que sí reclaman, o demandan mejoras de manera constructiva (y a la cara, vaya), se encuentran en muchos casos con un hostelero impermeable a la crítica y, en hocasiones hostil.

Por fortuna esto va mejorando y me alegra ver cómo la prosperidad sonríe a la mayoría de los que hacen bien todo esto.

Mariano dijo...

Jorge, de acuerdo en el análisis. Pero creo que debemos ser optimistas en las conclusiones. A cuentagotas, pero el mensaje va llegando.

Si nosotros mismos no nos convencemos de que el vino (bueno) está, y debe estar de moda, y de que es un reclamo para el público general (yo creo que empieza a serlo), ¿a quién vamos a convencer?

Mariano dijo...

Gracias Julio. Brillante comentario, pero intentemos ser más optimistas, amigo, si no va a ser difícil encontrar conversos.

Y lo del Aire en el Patio, entre nosotros y con lo que hay por ahí, tampoco me parece exagerado. Además, teniendo en cuenta lo bien que elabora Samuel, los pagaría mucho más a gusto que otros vinos que hacen gala de ese precio, pero en tienda.

Saludos!

Fran Xixón dijo...

Me ha gustado el artículo Mariano. Estoy de acuerdo con Jorge en que no "somos" objetivo de la mayoría de los restaurantes, aunque creo que aquellos que presumen de cartas de vinos deberían leer esta entrada y reflexionar ...

Jose dijo...

Mariano, como vuelvas a escribir 'hostilidad' con 'h' y por duplicado te vamos a quitar el sacacorchos un mes :-p

No es sólo empatía lo que le falta a esa gente. Es humanidad, sensatez, equilibrio... Lo más elemental como individuos de una tribu; de la sociedad que somos o pretendemos ser. No son capaces de comprender que cuanto mejor estén todos y cada uno de los individuos mejor estaremos como grupo. Todo el mundo tiene derecho a ganarse la vida de la manera más digna posible y la única forma es que todos empujemos para que así sea.
En este todo-vale en el que mucho se hayan imbuidos les da igual lo que les ocurra a otros mientras a ellos les salga bien de coste (que no de precio, que a la larga todo lo pagamos). Vergonzoso y triste.

Saludos,

Jose

SIBARITASTUR dijo...

No estamos hablando de si pagaríamos por el Aire en el Patio más que otros vinos mediocres que solemos encontrarnos sino de los márgenes.
Y Aire en el Patio a ese precio, al doble del precio de tienda y contemos que aún lo compran más barato me parece un auténtico atraco y deberían de dejar de venderlo en ese lugar, sin paños calientes, es una vergüenza.

Jose dijo...

... estoooo... lo que quería decir era 'hocasiones' y no 'hostil'... que estoy más tonto que de chico :-)

Saludos,

Jose

Jorge Díez dijo...

Eso sigo sin tenerlo tan claro, Mariano. Moda no quiero que seamos, espero que cuando pase la moda las cosas sigan igual de bien para vinos de pequeña producción, porque de eso hablamos principalmente y para eso nos bastamos unos cuantos enochalados. Lo demás es un mercado masivo que a mí me da igual, no busco convencer a nadie porque me da igual que venda más o menos, no es mi sitio, no es mi producto.

Mariano dijo...

Sibarita, salvo gloriosas excepciones, el precio normal del vino en rte. en Madrid es el doble de tienda, sobre todo en la franja de vinos de 10-12 euros. Por eso no me sorprende y para la bodega es imposible - a mi entender- luchar con eso si quieren vender...

Mariano dijo...

Jorge, entiendo lo que dices y la esencia me gusta, pero si esta explosion de vinos de calidad que vivimos ahora no se traduce en ventas y resulta imposible para los viticultores vivir de ello, quizás me equivoque , pero no durará mucho.

Toni dijo...

Hoy vi en Cambados una buena tienda de vinos con muchos de los de los de productores de moda, pero ¡qué precios!. Ejemplo: 7 Fuentes, 19,50€.

SIBARITASTUR dijo...

Mariano pienso que la situación que tenemos ahora con l vino, lo mal que está el sector, es porque las bodegas "no lucharon" contra el "atraco" contínuo, ni siquiera la intentaron.
El doble de lo que cuesta en tienda me parece una aunténtica vergüenza y no me cabe en la cabeza que se deje a la hostelería trabajar con esos márgenes pero por el contrario no se les deje a la pequeñas tiendas lo mismo. que es donde se transmite la cultura y donde se "crean" nuevos consumidores.
Ya está bien de disculpas, a las bodegas pequeñas les va su futuro en ello.

Toni dijo...

Ayer el A torna dos pasás Escolma nos costó en el restaurante 32€ Así, sí.

Toni dijo...

Mariano, tienes la hora del blog algo retrasada. ;-)

Mariano dijo...

No digo que no tengas razón, pero hay una aceptación genealizada. De hecho muchas veces son esas pequeñas tiendas las que suministran al restaurante.
Aun diré mas. He visto mucho propietario de pequeña tienda cabreado por los bajos precios del vino en algún restaurante. Insólito.

Jose dijo...

¿Precios bajos de vino en restaurante? ¿Eso existe? 8-O

Saludos,

Jose

SIBARITASTUR dijo...

Mariano pues igual tienen razón esas tiendas, porque no se trata de que el restaurante sea otra tienda si no que cobren una cantidda razonable por su servicio y haya un reflejo en precio con respecto a la tienda.
Otra práctica parecida, que no igual ni tampoco las comparo es esa costumbre que tiene algunas distribuidoras de vender al cliente final con precios por debajo de mercado, una vergüenza, un cáncer y otra cosa que deberían atacar las bodegas pero ¿cómo se van a quejar con la falta que hace vender, no?, pues eso. Pan para hoy y hambre para mañana, ahora estmaos en época de hambre y seguimos igual.

Jorge Díez dijo...

Mira, en cambio en esto parezco yo más optimista. Creo que esos vinos a que nos referimos, pequeñas producciones por lo general, tienen su gente, gente -nosotros- que se multiplica con el boca a boca, red a red, y que con eso y la exportación, que van consiguiendo pequeñas pero significativas ventas fuera, se mantendrán sin pervertir sus proyectos. Además, suele haber en el conjunto algún básico que engrase las ventas y ayude a las ideas más audaces.

Pedro Yagüe dijo...

Coincido ppal con aquellos que dicen que en el fondo smos unos frikis para los hosteleros...Las copas,la Tª,etc ¿y la cara del camarero cuando le dices que la añada de la botella no coincide con la de la carta..?.Como el anuncio de VISA "no tiene precio" .
Y los margenes..yo creo que piensan que si la materia prima de la comida (carne,pescado,pasta,etc..)se multiplica x 2 ó 3 como mínimo pues igual al vino.
Por último dos buenos rtes en Madrid,on una maeteria prima excelente ..pero donde el vino ocupa un lugar diametralmente opuesto..
Visita para un aperitivo los 2 últimos domingos (¡ojo! ambos llenos e imposible comer sin reserva)
Asturianos:es verdad que también son distribuidores de vinos y que uno de ellos es enólogo y socio de Bodegas Canopy...Copa de Manzanilla nº35 de Navazos(sobre 16 euros/botella en enoteca),servida en copa de vino 3 euros;la botella 21 euros..
La Caleta,sin duda el mejor pescado rebozado al estilo de Cadiz en Madrid (pijotas,Bienmesabe,Ortiguillas,..).El vino es otro tema:pocas referencias,copa de manzanilla Solear(5 euros en casi cualquier supermercado y creo que es una buena manzanilla) ..mejor dicho "catavinos jerezano" 2,6 euros.Es decir que por copas se saca a la botella un mínimo de 26 euracos..también debo decir que las aceitunas aliñadas como aperitivo de cortesía estaban de escandalo.
En cualquier caso ambos son dos buenisimos rte en Madrid.

Carlos Leira dijo...

Por mi pueblo se ponen en general bastante gilipollas en MUCHOS sitios excepto los que no tienen licencia para vender alcohol.

Alguna vez he indagado un poco más y siempre he llegado a la conclusion de que es margen comercial puro y duro.

Aunque le pagues digamos hasta 20 libras de descorche, si te prides una botella medio decente aquí tienen mucho más márgen si te bebe uno de sus vinos (precio restaurante = 3x PVP) .

Hay excepciones: si vas al sitio a menudo y te conocen, etc, pero en general panorama desolador para el descorche.

Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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