lunes, 29 de diciembre de 2014

A Teixa 2012 y el final del camino

El viaje que comenzábamos a principios de 2014, llega a su fin, al igual que el año. Hemos dejado el anillo en su sitio y regresamos de camino a casa.
 
Queda mucho por recapitular, organizar y, obviamente, publicar, pero la que durante enriquecedoras jornadas fuera mi particular compañía del anillo (hablo de esos viticultores a quienes debo todo esto) se separa. Ellos continúan su camino, y yo el mío. Por ello siento cierta nostalgia.

El punto final de ese viaje lo marca un grande, Luis Anxo Rodríguez, alguien de quien se ha dicho mucho aunque insuficiente, y que además representa todo lo que quiero reflejar en este libro. La autenticidad, la humildad, la recuperación de lo ancestral, el respeto por la tierra, el terruño sobre todas las cosas... y que todo eso, además, se traduzca en un buen vino.

A Teixa 2012 es una rara avis dentro de la línea de Luis Anxo, a quien hasta ahora identificábamos con Arnoia. Realmente no se sabía dónde empezaba uno y terminaba el otro, y ahora esto queda más claro. El vino procede íntegramente de una deliciosa finca, llamada A Teixa, la alquila a una familia que ya no puede trabajarla. Está situada en Ribadavia, y fuera, por tanto, del que hasta entonces era su ámbito de actuación. Allí donde el Avia, los suelos son también de granito, pobres y menos profundos que en Arnoia. La roca está más cerca, y sobre la escasa superficie campan cepas de treixadura en un 90%, con algo de godello y albariño. El vino que sale de allí se vinifica íntegramente por separado, con sus levaduras también del Avia. Pasa un año en madera usada y otro en botella.  


Frente a la austeridad propia de los blancos de Luis Anxo, especialmente durante sus primeros años, aquí hay exuberancia natural de jazmín, hierba luisa y pomelo. Notas especiadas de vainilla y pimienta blanca que se van con algo de temperatura, es un vino para disfrutar templado (no menos de 12º). Va saliendo también algo de la mineralidad que en unos años se apoderará de este vino.
 
En boca es complejo, fresco, vibrante, con acidez formidable, en armonía ya con su textura grasa y opulenta. Largo, voluminoso y con gran persistencia.
 
Yo era más de los tintos de Luis Anxo, de largo.  No porque los blancos no estuvieran bien, sino porque algunas añadas del Escolma como la 2010 (¡un auténtico Côte Rôtie!) la 2006 o la mítica 2002 sitúan para mí A Torna dos Pasás entre los mejores vinos tintos que se han hecho nunca en España. Así sin más.
 
El caso es que este A Teixa, me deja positivamente descolocado y sobre todo me hace pensar en la amplitud de los terruños del Ribeiro y de cuánto nos queda por aprender. Sin duda hay nuevos e interesantes caminos y sólo espero que también tiempo para recorrerlos.
 
Por otro lado, y si no nos vemos antes, esté sería un gran vino para despedir este 2014, final de algunas cosas, así como antesala de otras, porque es un blanco que habla de pasado ancestral, pero también de presente, de dónde hay que plantar cada cosa hoy para que mañana dé lo mejor, y por ello también sobre futuro, del valor de la espera, de la paciencia, y de que como en casi todo, lo mejor no está al principio ni al final, sino en el propio camino.

Que tengan mucha paz y compartan felicidad en sus caminos.



jueves, 18 de diciembre de 2014

Vinos para Navidades de Crisis 2014

Por más que los políticos se empeñen en sus consignas, no me atrevo a afirmar que la crisis haya terminado, ni tampoco lo contrario. 

Por eso, vamos a considerar estas Navidades como también de crisis, pero con alegría, a la hora de seleccionar estos vinos, que (a mayores de los expuestos en el Ranking) puedan ponerse el sombrero con las deliciosas viandas que nos acompañarán en las cenas y comidas de las fiestas.

Empezamos por algo que como la camisa blanca, debería formar parte del fondo de armario vinícola de todo aficionado, pues me atrevo a afirmar que nos encontramos ante el mejor espumoso que se elabora en España en relación calidad - precio.

Hace ya algunos años que la gente de Colet abandonó la D.O. Cava pasando a ser Penedès, pero la calidad de todos sus vinos, desde el más básico hasta el excepcional Assemblage, no han dejado de mejorar cosecha tras cosecha, y desde luego están más cerca de los Champañas de pequeño productor, que de cualquier espumoso nacional.

Colet Tradicional es su vino básico de la gama de burbujas "serias". Olviden esos cavas panaderos que solo huelen a levadura y licor de expedición, aquí hay manzana granny, lima recién cortada y pan de maíz al poco de salir del horno. ¿En boca? Un vicio. Burbuja fina y cremosa como poquísimas veces vemos del Pirineo para acá, enorme frescura, porque el vino se sostiene con una columna de gran acidez. Voluptuoso, vibrante... una delicia para beber palets. No dejen de ponérselo a ciegas al típico cuñado huevón (no es mi caso) que aparece altivo con una botella de Möet de fábrica, más chulo que un ocho. Pregunten opiniones al respetable y luego comparen precios. Colet no llega a los 10 euros y le da cien mil vueltas en finura, en elegancia, y en autenticidad.



Aunque esto les aguanta toda la cena, salvo que tengan un par de cajas no llegará al postre, así que seguiremos con algo para el entrante fuerte, sea sopa, foie, salmón o lombarda con manzana. Se trata de Cosmic 2013, un xarel.lo con algo de sauvignon blanc procedente de viñedos, también del Penedès, trabajados en biodinámico desde hace ya algunos años. Lo hace la gente de Parés Baltà, y resulta fresco pero con volúmen, fácil de beber y muy respetuoso con la comida de producto. Un todo terreno, rico y para todos los públicos que tampoco llega a 10 euros.



Sé que algunos se entregarán al marisco e incluso, los más atrevidos, al peligroso bivalvo. Ostras si hay pasta, almejas si hay narices, mejillones si hay criterio, o vieiras si coinciden conmigo, porque son las que más me gustan. Además mi madre las hace de muerte.

Aunque más en el caso de los tres primeros moluscos, sobre todo crudos, les unen los sabores yodados que pocos vinos pueden combatir con soltura. Yo les he encontrado uno, se llama Arcán 2013 y es una pasada. Lo elabora Adega Pombal A Lanzada en Noalla (Pontevedra), es un 100% albariño y en su elaboración, aparte de una materia prima extraordinaria, se encuentra la mano de Dominique Roujou de Boubee. Y se nota, porque ha sabido extraer el carácter más salino y crujiente que va de miedo con los dichosos bivalvos, dejando en ridículo a cualquier Muscadet.


Si su plato principal es un pescado, les recomiendo las propuestas anteriores, el xarel.lo si es uno delicado, tipo lenguado o merluza, y el segundo para uno más potente, tipo corvina, mero, bacalao o incluso atún.

Pero si se animan con una carne, les propongo un descubrimiento con el que conciliar a la mayoría de "clásicos" que poblarán la mesa, responde al nombre de Abés 2012, lo elabora la bodega Roberik, y procede de dos viñedos de altura, uno en La Horra, y otro en Baños de Valdearados. Hacen viticultura respetuosa y elaboraciones con sentido común, sin excesos de extracción ni de madera, dan lugar a un vino muy atractivo, con una fruta rabiosa y predominante sobre algún destello de vainilla. Lo mejor está en boca, donde resulta preciso, sabroso y fácil. Perfecto para una pularda o, por supuesto, una paletilla. Es importante abrirlo un rato antes para que saque todo lo mejor.

Dejando aparte las proezas del amigo Germán R. Blanco, de lo mejor que he probado en Ribera del Duero en RCP (unos 9,5 euros), muy por encima de muchos super-riberas infumables de veintitantos.


Y como "bonus track" les dejo mi vino de este año, un auténtico poema de sutileza, complejidad y armonía entre potencia, frescura y volumen. El vino perfecto, pero al mismo tiempo alegre y gamberro. Me lo descubrió Adrián Guerra en Bagos como parte de la labor encomiable de selección de grandes vinos portugueses que desde hace tiempo llevan a cabo. No quería que terminara el año sin comentarlo.

El tinto en cuestión lo elabora Quinta da Pellada (ojo a los super básicos de esta bodega) en la zona de Dâo, una de las más interesantes del momento, en parte gracias a D. Alvaro Castro, y es un 100% alfrocheiro preto, una variedad típica aunque minoritaria en esta zona, pero ya conocida en Monterrei, conocida por el mismo nombre, en Asturias como albarín tinto, o en Canarias como baboso. Quinta da Pellada Alfrocheiro 2011, vale cada uno (y más) de los treinta y tantos euros que cuesta, así que si se les pone a tiro, yo no lo dejaría escapar.



Obviamente este vino supera a la práctica totalidad de las comidas, así que lo recomiendo para una conversación y, si acaso, un buen turrón de Jijona. 

Si no hablamos antes, ¡Felices Fiestas!



viernes, 12 de diciembre de 2014

Festín Mexicano con los restos de un cocido


Hacía tiempo, mucho, que no retomábamos esta cuestión del reciclaje, algo de rabiosa actualidad en estos tiempos que nos ocupan. Qué duda cabe de que el cocido es un verdadero fetiche de la reconstrucción, como ya pudimos comprobar en antiquísimos artículos De hecho ha dado platos que a mi juicio superan el orígen como la ropa vieja, que, bien hecha, o como la prepara Pepe Rodríguez Rey, es un espectáculo. 

Hoy vamos a rizar el rizo, preparando un festín mexicano a partir del cocido, aunque ante todo pido perdón a cualquier experto en cocina mexicana, porque las recetas aquí expresadas ni son ortodoxas ni pretenden serlo, ya que proceden de imaginación, de algún cursillo de aficionados o recetas mezcladas y sobre todo de ensayo y error. 

El otro problema de la cocina mexicana es que algunos ingredientes frescos, como los mil quinientos tipos de chile, no son fáciles de encontrar, pero sí hay excelentes conservas (muchas de ellas usadas en buenos restaurantes mexicanos) si se sabe buscar. Mi proveedor para estas cosas es Juncal Alimentación, en Pontevedra, y cada vez que voy por allí, hago acopio, sobre todo de las tortillas de maíz, que son espectaculares (nada que ver con los engendros de trigo-plástico con sabor a nada que venden en los supermercados, y que más que de El Paso, parecen de Ok Corral). 



El pollo va a ser una de las piezas fundamentales, con él haremos una especie de enchiladas verdes, para ello deshebraremos la carne (aquí las manos son la única opción), calentaremos un bote de salsa de tomatillo verde (hay salsas buenas y horrorosas por poca diferencia de precio, si no tienen cerca al amigo Juncal, vayan a una tienda especializada), la mezclaremos con el pollo y freiremos muy ligeramente unas tortillas de maiz y las rellenaremos con el pollo y la salsa. Ponemos algo más de salsa por encima, queso fresco rallado y unas tiras de cebolla morada fresca. Calentamos en el horno hasta fundir el queso, y servimos inmediatamente. 



 El morcillo lo acompañaremos de mole, una salsa densa, entre picante y dulce (lleva chocolate, frutos secos, galleta y un montón de chiles, todo molido) y bastante complicada de elaborar. También venden preparados bastante buenos que nos ahorarán mucho tiempo. Basta coger unas cucharadas del preparado (que normalmente viene sólido) e ir deshaciéndolo en la sartén. No debemos parar de remover porque se pega con facilidad. Al final añadiremos la carne y serviremos con tortillas de maiz.



Finalmente, con el chorizo y el lacón haremos unas fajitas, para ello lo picaremos y lo saltearemos con pimiento verde y rojo en tiras, cebolla morada y el chile que puedan encontrar. Cada uno se rellenará sus propias tortillas de este preparado, al que le va especialmente bien un par de cucharadas de pico de gallo en la misma tortilla. El pico de gallo es una mezcla bien fresquita de tomate tipo pera (a falta de jitomate), cebolla morada, y un buen manojo de cilantro. Sólo hay que picarlo todo y aliñarlo con sal y zumo de lima. 

 Como bonus track, les propongo el garbanzomole, consiste en machacar bien los garbanzos y añadirles los mismos ingredientes del pico de gallo más un chorro de aceite (con el que sustituiremos la grasa del aguacate), se sirve con unos buenos totopos (nachos, de maiz, que no doritos de trigo, a evitar). 

 ¿Con qué vino se toma esto?. Complicado, la cocina mexicana es muy puñetera, deja a la mayoría de los tintos en paños menores y enseguida te pide un cerveza-refresco de esos que todos conocemos. Un buen espumoso es una excelente opción, pero lo que realmente aguanta este torrente de sabores dulces y picantes son los vinos de Jerez. 



Con ellos tenemos un problema, esta comida pide beber mucho y con Jerez es casi imposible bajar de los 15 grados con la consiguiente castaña. Afortunadamente el Equipo Navazos, a la vanguardia de todo lo bueno que se hace en el Sur, ha previsto esta situación con un vino increíble. Se llama La Bota 53 de Flor Power, Más allá, es un blanco de palomino criado bajo velo de flor (8 meses en bota, 24 en depósito y 10 en barrica. Sin encabezar. Doce graditos de alpaca, levadura de pan de verdad, de la ácida, almendra frita, naranja confitada, tiza y pedernal. Una bomba en boca, larga y punzante, fresca, con buena acidez, taninos pequeños, mieles y cítricos con un bálsamo de sal. E insisto, 12 graditos de trago largo que van de cine con este festín mexicano.

Esto sí es alianza de civilizaciones.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Colores y armonías

Soy consciente de que lo que voy a contar a continuación puede ser considerado una soberana cursilada. De hecho no descarto aun que lo sea, pero obedece a una experiencia verídica, que he ratificado ya en unas cuantas ocasiones y que he decidido contar. También responde esto a la necesidad de relajar un poco el tono y volver un poco al perfil más lúdico de esta plataforma tras la temática del post anterior (yo, al menos, me la tomo en serio).

Tengo cierta tendencia mental, descubierta no hace mucho, de asociar aromas y sabores con colores. No es algo que vaya mucho más allá de lo evidente, como puede ser la asociación de los olores vegetales con el color verde, los minerales con pardos y grises o los marinos con azules. Con el gusto pasa algo similar. 

El caso es que he advertido que en algunos casos, colores similares de vinos y alimentos generan armonías excepcionales y a la inversa. Menuda chorrada, pensará el lector con buen criterio. Pues sí, posiblemente, pero la última puesta en práctica sobre el tema me ha resultado particularmente llamativa. 

Un buen día me puse manos a la obra con un buen arroz (risotto si quieren) a la milanesa. Nada de esas guarrerías deshidratadas con avecrem que venden en algunas superficies, sino currado y con buen producto. Arroz arborio, azafrán del bueno y un caldo en condiciones. Más adelante les cuento la receta.

El platillo en cuestión, cuyos aromas son profundos e indiscutiblemente amarillos por influencia del azafrán y la mantequilla, no resulta en absoluto fácil de maridar. El primer intento fue una botella olvidada y traída a colación del Ranking, de La Malkerida 2012 (fue el vino ganador en 2013), a priori interesante por su frescura para contrastar con el punto cremoso del plato. Craso error. Aquí priman los aromas y el temperamento rojizo (fresa ácida) del vino unido a algunas notas verdes (no confundir con verdor como defecto, ojo), características de esta añada se llevaron a matar y acentuaban las notas más amargas del vino y del azafrán. 

Pensé entonces en colores similares al arroz, y la elección fue clara, una de las joyas de José Luis Mateo llamada Sábrego 2010, en el que ha sido capaz de exprimir todo lo bello que hay en la doña blanca, y, sobre todo, en sus suelos de granito rebosantes de vida y complejidad. La parcela, certificada en ecológico, alberga cepas de más de 70 años, algo evidente en la concentración y complejidad que ofrece este vino, con recuerdos de flores, panal, cítricos escarchados algo de elegante oxidación... pese a un fondo muy mineral, todos ellos son aromas claramente amarillos y solaneros que, como era de esperar, se fusionaron con el arroz hasta la última molécula, creando una armonía difícil de olvidar. 



Desde luego, también ayuda el hecho de que el vino en cuestión es una delicia, pero La Malkerida también está muy bueno y sin embargo no funcionó. ¿Prueba esto mi teoría de los colores? Posiblemente no, pero vale para entretenerse.

¿Que cómo era lo del arroz?. Pues no hay más secretos que un buen arroz arborio, un excelente caldo de gallina y, por supuesto, el mejor azafrán que puedan encontrar. Si tenían pensado usar un terrible preparado paellero o, peor, una porquería de colorante, de esos que tornan la comida de naranja radiactivo, mejor llamen al chino de abajo y que les acerque el dichoso tres delicias, ahorrarán en luz, no comerán peor, e igual les regalan un vaso de chupito con una tía en top less al fondo. 

El azafrán, aparte de un bonito color, aporta un torrente brutal de aromas a flores y frutos secos, que deben ser los protagonistas de este plato. Si quieren exprimir al máximo sus aromas, conviene tostar ligeramente las hebras en una sartén sin grasa y reservar. 

La técnica del risotto, la de siempre. Cebolleta y algo de ajo picados muy finamente y sofritos a fuego medio bajo, sin que tornen de color. Una vez ablandado subimos el fuego y añadimos el arroz, removiendo bien y sin parar. Cubrimos entonces con vino blanco. Si no son muchos comensales, lo ideal es utlilizar el que nos acompañará en el festín (yo usé otro, que no está la cosa para derroches). Una vez evaporado el alcohol añadimos el azafrán y seguimos removiendo con energía. Ver cómo va cogiendo color es auténtica magia. Entonces vamos mojando con el caldo y extrayendo el almidón del cereal, que nos dará esa cremosidad a base de remover. 

Hay quien en lugar de esto, le echa nata. A mí me parece una atrocidad, que aparte de duplicar las calorías del plato, le quita toda la gracia. 



Por lo demás, el proceso de añadir caldo se repite hasta que encontramos el punto del arroz, cremoso por fuera, y ligeramente al dente por dentro. Entre medias, sal al gusto si el caldo no era demasiado potente y rematamos con una nuez de mantequilla. 

Si quieren echarle un parmesano rallado se puede hacer, pero es opcional, también cabe adornarlo con unos espárragos trigueros muy finos salteados, pero nada más, porque es un plato de sabores puros, no un gin tonic snob en el que sumergir toda una huerta.

Hagan sus propias combinaciones, y luego me cuentan.


viernes, 28 de noviembre de 2014

El ocaso de la D.O.

Una vez que los vinos han hablado y el Ranking 2014 tomado forma, hemos tenido algún tiempo para observar detenidamente el resultado. 

Por muchas cuestiones es quizás este 2014 de los más sorprendentes de su historia, pero especialmente por una, que ha llamado poderosamente mi atención: de los diez vinos destacados, la mitad, incluyendo el primero, no tienen acogida en una denominación de origen. 

Me veo obligado a reflexionar e intentar sacar conclusiones aunque posiblemente la mayoría de los lectores, con buen criterio, ni se habrá percatado de este dato, primero, porque hoy en día parece que puede surgir un buen vino de cualquier lugar, y segundo, porque ya a prácticamente nadie le importa esto. 

Pero no siempre fue así. Hace algunos años (aunque no tantos como pudiera parecer), en España sólo existían dos tipos de vino, de Rioja o peleón, y para poder hablar de calidad, de salto de nivel, la etiqueta de la denominación de origen representaba algo esencial. 

Venía a suponer que una institución solvente había comprobado que el contenido de la botella en cuestión, no solo no era venenoso, sino que además procedía de un lugar determinado y bajo ciertos estándares de calidad. Dicho de otra forma, pertenecer a Rioja, más tarde a Ribera del Duero o a Rías Baixas (vale que Ribeiro es más antigua, pero de aquella estaba en las catacumbas) suponía cierto prestigio y distinción, en la misma línea que desde hace más de un siglo supone en Francia poner AOC Meursault, Pessac-Léognan o Côte-Rôtie en una etiqueta.

Comenzaron entonces a aflorar denominaciones de origen por toda la península, algo, en principio legítimo y que respondía a una realidad vitícola diversa, como lo es la española fruto de una historia compleja en la que de una u otra forma el vino ha estado presente. 

El tema prometía, ¡qué duda cabe!. De repente veíamos la posibilidad de conocer multitud de expresiones de climas, suelos, variedades,... terruños en definitiva. 

Sin embargo, algunos elementos fundamentales se quedaron en el camino:

  • Unas y otras D.O's suscribieron similares criterios de calificación de Crianzas y Reservas, basados en la madera externa al vino y no en la tipicidad. 
  • No se advirtió, salvo en casos contados, una especial protección de las variedades autóctonas y de hecho se acogen como preferentes cabernets o chardonnays, de dudoso arraigo en España, y se manifestó una expansión casi enfermiza del tempranillo por toda la península, incluso en lugares donde se adaptaba especialmente mal. 
  • Resulta llamativo que cuando las DO se fueron pronunciando sobre volúmenes de producción, fuese para aumentarlos, y no para reducirlos en favor de la calidad.
  • Algunos incluso se dedicaron a hacer el ridículo, intentando blindar el uso de una variedad, intentando prohibir su vinificación etiquetada en otros lugares, en lugar de defender la particularidad el terruño y a los viticultores que lo expresaban. 
Gobernados por grandes bodegas y cooperativas, los consejos reguladores se fueron transformando en juez y parte, árbitros en determinar qué vinos - ¡y cuales no! - cumplían los requisitos para llevar la etiqueta. Se miraba para otro lado ante fraudes como camiones de uva venidos de lejanas tierras y, por contra, todo pareció centrarse en la uniformidad, es decir, en que el vino debía tener ciertas características organolépticas que lo hiciesen típico. *




Hasta aquí todo podría ser aceptable si existiera un criterio claro, definido e histórico de lo que es el vino de la zona, como pueden permitírselo en Meursault, Pessac-Léognan o Côte-Rôtie, donde -insisto- llevan muchísimas generaciones elaborando y etiquetando vinos de talla mundial. Pero, ¿existe un criterio claro, histórico e inmutable de en qué consiste la tipicidad de Rueda, Manchuela o Rías Baixas?, es más, ¿es posible que una D.O. con apenas 20 años de historia determine cómo debe ser el vino de la zona?. 


Yo lo dudo, y les pondré un ejemplo. 

Pocos dudan que Quinta da Muradella hace los mejores vinos de Monterrei. Es punta de lanza en todo el mundo, sus vinos obtienen las más altas calificaciones de prestigiosos prescriptores y exporta alrededor del 90% de su producción a países como Francia o EEUU, donde se venden (y mucho) las botellas a más de 40 dólares. 
José Luis Mateo, lleva ya unos cuantos años ensayando con variedades por separado, con diferentes suelos y orientaciones, leyendo sus expresiones en cada añada y, además con distintas elaboraciones. Buscando el camino (así rezan sus corchos) de revelar la expresión de su terruño, y a ser posible, de cada finca. 

Cuando le pregunté cuál era la tipicidad de Monterrei, me respondió (con la humildad que le caracteriza), ¡que aun es demasiado pronto para saberlo!, hay que seguir trabajando, cuidando viñas, suelos, y estando atentos a lo que nos cuentan cada año. 

Entonces, si el que a priori mejor conoce uvas, tierras, clima y evolución de los vinos de Monterrei, aun no es capaz de determinar un carácter esencial de su terruño, ¿es sensato que el comité de cata la D.O. Monterrei se permita descartar un vino porque no reúne unos u otros rasgos de tipicidad?, y, en tal caso ¿quien y con qué criterios ha decidido cuales son esos rasgos? 

Quede claro que la D.O. Monterrei merece todo mi respeto y aquí no es más que un ejemplo teórico. Pongamos otro. 

Hace un par de años hablaba con David Busto, representante entonces de la Bodega Dominio do Bibei. Para quien no la conozca, fue la primera en apostar por vinos de crianza en Ribeira Sacra y hoy en día cuenta con un reconocimiento internacional del que pocos en España pueden presumir. Mucho de su éxito comercial es mérito de David, por cierto.

Elogiaba yo aquel día la calidad de su Brancellao 2007, y llegué a calificarlo de gran vino. En ese momento, David me cortó, diciendo que para hablar de grandeza hay que tener una trayectoria de excelentes vinos año tras año durante un lustro al menos, y poder abrir ahora una botella con dos o tres décadas a sus espaldas y alucinar,... ¡eso es un gran vino!. 
Obviamente esto nos reconducía a Burdeos, Borgoña, Barolo o a algunos grandes Riojas clásicos, y poco más, pero no donde aun queda todo por hacer. 

Por consiguiente, si los grandes vinos aun están por hacer en casi toda España, ¿quién puede dar por sentados los criterios que definen el carácter del mejor vino de una zona?. ¿Acaso no corremos el peligro de perdernos el gran vino si a priori hemos decidido que la uva "X" en la D.O. "Y" tiene que oler a maracuyá y dar blancos limpios de color verdoso?

Alguien podría responderme que lo que los comités de cata buscan es un estándar de calidad. Muy bien. Esto sería aceptable si quienes los componen fuesen, siempre y en todo lugar, analistas con gran experiencia mundial, dilatada y continua, que han probado y siguen probando las mejores botellas de Borgoña, Mosela, Burdeos, Sicilia, el Piamonte, Sonoma, Swartland y, por supuesto España. 

¿Esto es así? 

Yo lo ignoro, pero el hecho de que la mitad de los vinos destacados en el Ranking no estén en una D.O., pudiendo estarlo (en una muestra en la que los vinos con D.O. era de más del 80%) me hace dudarlo, como me hace dudarlo el hecho de que excelentes tintos y blancos que triunfan objetivamente fuera de nuestras fronteras se vean obligados a salir al mercado como Vino de la tierra o Vino de Mesa, mientras millones de botellas de productos etiquetados pero mediocres pueblan los lineales a menos de tres euros.

Tres euros que en modo alguno pueden cubrir el coste una elaboración mínimamente honesta.

¿Qué ha de opinar un consumidor cuando el chato del bar de Rueda le sabe a rayos mientras lee que los mejores y más caros vinos de la zona son Ossian o El Barco del Corneta, ambos "vinos de la tierra"?

Miren, yo en este escenario sólo veo dos salidas, una es aprender, mirar fuera, rectificar de los errores e intentar atraer buenas prácticas y mejores viticultores, reflejar la importancia de las fincas o los pueblos sobre el brillo del menisco, los meses de barrica o el battonage. Ante la duda y en ausencia de práctica irregular, ¡calificar el vino!, dejar trabajar a los viticultores que hacen vino, no molestarles con que su blanco no es amarillo pajizo o que en la etiqueta han puesto el nombre del pueblo y eso no se puede hacer. Conozco pocos viñadores auténticos que no hayan experimentado sandeces del estilo con su respectivo Consejo Regulador.
¡Qué decir!, a mí se me caería la cara de vergüenza como catador si, tras descalificar un vino, éste aparece elogiado por Luis Gutierrez, Alice Feiring, Juancho Asenjo o Matt Kramer un año después. Pero si la respuesta es la soberbia, algo falla.

No me olvido de las añadas. El hecho de que todas se califiquen como excelentes no las hace ni medio buenas, únicamente desprestigia a la práctica totalidad del vino de la zona, especialmente en un buen año, como en el cuento del Lobo. ¿No será más inteligente la sinceridad que haga util la calificación de la cosecha?. El consumidor lo agradecería prestándole atención en lugar de partirse de risa. En Burdeos lo hacen y no les va mal del todo.

La otra salida es sencillamente la autodestrucción, es decir, la identificación de la zona con el granel, con el vino barato y mediocre, ese que se toma con el menú del día, pero bajo ningún concepto se le regala a un suegro. ¿Alguien regalaría (aunque sepa que es bueno) un vino con D.O. Rueda o La Mancha a alguien con quien quiere quedar bien?.

Hay vuelta atrás, sí, y además estoy seguro de que en todos los Consejos Reguladores trabaja gente honesta, con inquietudes y buen criterio, pero no es eso lo que a día de hoy destaca.

Créanme si les digo que en un mundo globalizado como este, con toneladas de información corriendo a toda velocidad, y tanta competencia, no abundan las segundas oportunidades. Como dicen en el mundo del seguro, "es muy difícil ganar un cliente, pero se le puede perder en un minuto, y el que se va, rara vez vuelve".

No me cabe duda de que los buenos productores encontrarán su camino, con o sin etiqueta, porque han perdido el miedo y porque sus vinos hablan por ellos, no tendrán problema, incluso es posible que se organicen en torno a una nueva certificación de calidad, como ha ocurrido en otros lugares.

Sé que muchos no verán con buenos ojos estas palabras, porque este país es muy de matar al mensajero, pero ni busca la polémica ni la crítica gratuita, sino la reflexión desde la creencia de que el vino, el de calidad, puede ser un gran motor de este país, si no nos lo cargamos, claro.

A día de hoy, el camino es sombrío.


* Fotografía obtenida del blog de Gabriel Sanz

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Ranking 2014: Los Ganadores

No me entretendré en la introducción porque sé a ciencia cierta que pocos la leerán para acudir directamente al listado. Sólo quiero aprovechar la ocasión para felicitar a las bodegas participantes por la gran calidad demostrada.



Han sido unos cuantos los que han sabido tomar las decisiones correctas en una añada tan difícil como la 2013, y por ello ha habido una gran cantidad de vinos con puntuaciones elevadas, procedentes de multitud de rincones de España. Aunque finalmente solo pueden quedar 10, esta diversidad (eclipsada con la exuberancia del albariño, que entre los blancos siempre destaca) ha tenido reflejo en el listado definitivo con vinos que, además, expresan lo más honesto que atesoran, su lugar de procedencia. 

 Vamos con ello! 

En el décimo puesto una de las revelaciones, que es fiel reflejo de la actualidad vinícola. Por un lado el revolucionario trabajo del grupo Envínate, dedicado a encontrar terruños que expresar desde la armonía con el entorno y la frescura de vinos fáciles de beber. Por otro la dignificación que actualmente vive una variedad denostada como lo es la garnacha tintorera. Una uva relegada a dar color y a la producción de graneles, habituales en La Mancha de la que procede y no oculta, pero que aquí se maneja con mimo y respeto, dando un vino fresco, genuíno y muy sabroso con gran potencial gastronómico. Se llama Albahra 2013 



El noveno lugar lo ocupa una cara de Rioja atrevida y radical. Un vino que no dejó indiferente a nadie por su personalidad. No me atrevería a llamarle moderno porque pese a su gran intensidad y volumen, recupera la idea de los vinos de pueblo pensados para calmar la sed pero expresando al mismo tiempo el carácter del lugar donde procede. Las uvas proceden de agricultura ecológica y es casi todo tempranillo con algo de viura. La divertida presentación de la botella redondea un excelente tinto con el que sorprender. Se llama Malaspiedras y lo elabora Bodegas Compañón Arrieta en Lanciego, Rioja Alavesa. Lléveselo a una cena si quiere quedarse con la atención del personal.



En el octavo puesto entra en escena el albariño. Una uva que cuando se maneja con franqueza y no se manipula, tiene la capacidad de arrasar a ciegas por intensidad, tipicidad y frescura. Poco puedo decir de Zárate que no se haya dicho ya, pues es uno de los puntales del vino de calidad en Rías Baixas. Evidentemente por sus grandes cuvées como el Palomar, o mi favorito Tras da Viña, pero también, como ahora demuestra, por su excepcional vino básico. Un gran blanco que además comenzará a dar lo mejor de sí a partir del año que viene y en adelante. Hagan acopio de Zárate 2013 porque me da que esta añada va a durar poco en las estanterías.



En el séptimo lugar otra revelación. Jesús M. Recuero, hijo y nieto de viticultores, elabora en el silencio de la Sierra de Gata, esperando su momento. Recupera suelos y cepas en Villamiel, en pleno vórtice de ese potencial durmiente que es Extremadura. La viña la salpican olivos, jara y brezo, y eso se nota en el vino, Antier, que así se llama, fruto de un coupage de uvas de cepa vieja, hecho en la finca, con tinta fina, piñuelo y rufeta. Su alma es mediterránea, pero recuerda también a algunos grandes del sur de Portugal. Enorme descubrimiento.



En la sexta posición, no terminan las sorpresas. Una pequeña joya procedente de un majuelo en Férez (Albacete). Bobal y monastrell cultivadas en ecológico. Apenas seis barricas, que encierran una fruta arrebatadora, dan lugar a Lacerta 2012 elaborado por Bodegas Lazo, aunque la exclusiva la tiene Ezequiel Sánchez Mateos, captador de terruños al que podrán encontrar en Reserva y Cata. Una bomba con una excepcional relación calidad-precio.


En el quinto lugar otra novedad. Ignoro las razones que han llevado a la D.O. Rías Baixas a rechazar este excepcional albariño, aunque este hecho sólo ha de interesar a burócratas mediocres. Para los demás, este vino de Dena reproduce con claridad la versión más mineral del albariño del cru de Meaño sobre suelos de granito. La mitad se cría cinco meses en barrica, el resto en depósito. El resultado, vibrante y con carácter, conquistó al jurado de la cata. Por cierto, el vino se llama Pescuda 2013 y lo elabora la familia Moldes, a la que ya conocimos con Finca A Pedreira. Si se les pone a tiro no lo dejen escapar, la producción es muy limitada.



En este cuarto puesto sé que no sorprenderemos, pero el nivel que año tras año mantiene Xurxo Alba con sus vinos, desde aquél ya mítico 2011, nunca pasa inadvertido al jurado del ranking, por más que sus miembros cambien. El oleaje, las algas, el mar presente en sus aromas, es inconfundible. Si quieren mostrar a alguien cómo se expresa una zona a través de un albariño, Albamar 2013 es su vino. Además está muy bueno.


 Entramos en la zona crítica con el tercer puesto, de nuevo algo inesperado. Un vino que surge de la unión y del amor por la tierra de un párroco, un hostelero y un ganadero, que a través del respeto y la viticultura integrada han dado una vuelta de tuerca al txacolí, haciendo un blanco alejado de la delgadez característica de algunos de estos vinos, y pleno de mineralidad, tensión y sapidez. Gran potencial gastronómico y, sobre todo, una puerta abierta a una nueva corriente de expresión atlántica es lo que representa este delicioso Txacolí Uno 2013 elaborado por la bodega Goianea.


En el segundo lugar, otro de los habituales del ranking, que de forma merecida alcanza su puesto más alto hasta el momento. Un vino de parcela que muestra un carácter fino y borgoñón con gran regularidad pese a las particularidades de cada añada. En esta 2013 es un poema balsámico de delicadeza y distinción, no apto para amantes de la concentración y el tanino. Pese a no tener crianza en barrica, suele evolucionar extraordinariamente bien en botella, por lo que no teman hacerse con una caja e ir disfrutando de su crecimiento. Hablamos, por supuesto, de Viña Regueiral 2013.



Y finalmente, como bien saben, sólo puede quedar uno. En el primer puesto que otorga la victoria en el Ranking 2014, el vino que silenció al jurado. Moscatel, sí, pero en su versión más compleja, equilibrada y sensual. Se elabora en Chiclana e hizo valer por fin en el ranking el gran nivel de los vinos andaluces. Un precio ridículo el de este gran vino dulce en relación con todo lo que ofrece (y que sin duda sería más del quíntuple si su origen fuera Alemania o Hungría) le hace digno merecedor del galardón: Collantes Moscatel Oro "Los Cuartillos" es el ganador del Ranking 2014.

Agradecer por lo demás a todos los que de una u otra forma han participado en el ranking, especialmente a muchos productores excelentes cuyos vinos se han quedado a las puertas por algunas décimas. Somos contrarios a otras políticas, que entregan centenares de distinciones de oro, y desnaturalizan el sentido de todo esto. Nuestra filosofía encaminada a destacar lo mejor de lo mejor sólo da cabida a los diez primeros, y estos son los "daños colaterales". Ello no obsta para que lamentemos que vinos fantásticos se hayan quedado fuera.

Finalmente, nuestra más sincera felicitación a los clasificados. Sus vinos, por méritos propios, han destacado entre los más grandes de su segmento.

Hasta el año que viene.









* Fotografías cedidas por los productores o extraídas de la red.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

A las puertas del Ranking 2014

Apenas quedan un par de días para celebrar la cata del Ranking de este año. Casi hemos llegado a puerto, no sin un esfuerzo mayor del esperado, que en muchos momentos nos ha llevado a situaciones delicadas, colocándonos casi en la cuerda floja emocional. Esa misma cuerda que en algunos momentos de desesperación, de acumulación de trabajo, y de relaciones poco humanas, hace pensar en mandarlo todo a donde no brilla el sol. 

 Miren, no es fácil moverse en este mundillo vinícola sin tener intereses (como con rotundidad puedo afirmar no tenerlos), supongo que porque unos los presumen en cualquier caso, y otros ven los suyos vulnerados. Esto obliga a lidiar con muchos desdenes injustos en el mejor de los casos, y organizar algo como el Ranking sin ayuda, no es sencillo.



Si a esto le sumamos la colección de oportunistas que suelen aflorar para aprovecharse del trabajo de otros, desde prescripciones, artículos, "ideas novedosas" o incluso libros, el cóctel para desesperarse, está servido. 

 Afortunadamente, de vez en cuando uno topa con lo mejor de siempre, las personas auténticas, capaces de brindar sin condiciones ese agradecimiento, el reconocimiento o simplemente el gesto que anima a continuar, y borrar con ello todo lo malo. Muchas veces ese gesto viene acompañado de buenas noticias, como la que hace pocos días publicaba Televisión Española, en ella se hacían eco de un vino, seleccionado por la aristocracia prescriptora como el mejor vino económico de España. 

Ese vino coincidía con el ganador del Ranking 2013 y no era otro que La Malkerida, tinto que, por cierto, reúne con creces todo lo que creo que se le puede pedir a un vino de tales características. 

Recuerdo entonces el objetivo de todo esto, por un lado proporcionar al consumidor una lista más o menos fiable de vinos económicos de calidad contrastada, y poder hacerlo sin intereses derivados del marketing, de patrocinios o de todas las influencias que puedan imaginar al margen de la calidad del vino. Tras años de transparencia contrastada y contrastable, al menos nos hemos ganado el derecho de poder afirmar esto con orgullo. 

Pero por otro lado, un horizonte nuevo se ha ido abriendo con el crecimiento y repercusión del Ranking, se trata de que pequeñas bodegas, centradas en su viticultura, y en sus dificultades técnicas y comerciales, puedan darse a conocer por la simple calidad de sus vinos, sin necesidad de gastar tiempo y dinero en marketing, en carísimos stands en ferias o en labores de formación de opinión. Porque a los que nos gusta el vino creemos que donde mejor se encuentra su esfuerzo, económico y personal, es en la viña. 

También podemos afirmar con orgullo que ese empujón que supone el ranking (que no tiene por qué coincidir con el del primer puesto) ha supuesto en ocasiones un antes y un después en muchas bodegas. Por poner un par de ejemplos, más allá de la Malkerida que nos ocupa, Quinta de Couselo (ganador del segundo certámen) fue objeto de una compra millonaria tras el certamen, y Albamar pasó de venderse localmente a encontrarse a día de hoy en las mejores tiendas y restaurantes de toda España. 

Quizás por error de cálculo, uno no vea carencia de humildad en decir esto, ya que no obedece a un trabajo exclusivamente propio, pues muchas personas han colaborado en él desde distintos ámbitos, personas sin otro interés más que la amistad y la pasión por el vino. 

Por tanto a ellos, a los bodegueros que han caminado con nosotros desde el principio y, sobre todo, a los lectores que año tras año confían en las pistas que salen de este Ranking, va dedicado este trabajo. 

Buena suerte a todos.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Un vino de otro tiempo

El domingo empezó a llover ahí fuera; por fin.
 
Nada mejor que ver las gotas caer si se está tras los cristales del hogar, y en buena compañía. Per como por esto del "veroño" no sabe uno si poner calefacción o vestir sandalias, cogeremos temperatura descorchando algo rico.
 
Estamos ya en temporada de reflexión de cara al Ranking, por lo que evitaré hasta el día de la fecha hablar de bodegas nacionales que pudieran participar. En nada debería influir, pero a saben lo que se dice de la mujer del César...
 
Ello no obsta para disfrutar de botellas enormes a buenos precios, y por eso traemos a colación un vinazo de una zona francesa que -por méritos propios, cierto es- no goza del respeto que su patrimonio natural merece. 
 
Jean-Paul Brun es uno de los pocos faquires que resisten en Beaujolais, frente a la lucrativa pero aburrida corriente de los noveau. Comenzó su proyecto Terres Dorees en el 79 con apenas cuatro hectáreas de viñedo, aunque ahora ya maneja una treintena. Cuando todo comenzó, las cepas no eran más que una parte de la granja en la que todo el rendimiento se vendía, en convivencia con cereal, ovejas, cerdos y vacas. Fue en el 77 cuando dejaron de vender uva y empezó la producción de vino.
 
Curiosamente comenzaron con un blanco de chardonnay para después volcarse con la gamay. También vinifican algo de pinot noir.
 
Pero Jean Paul siempre tuvo claro que la moda local de vinos golosos, chaptalizados, de maceración carbónica, no iba con ellos, y que sus tintos no eran inmediatos, pues necesitaban envejecer a la manera borgoñona, con selección de uvas, prensado y largas maceraciones que proporcionen estructura y longevidad. Ni hablar de azúcares añadidos, ni de la levadura 71B (ni de ninguna otra incorporada) tan común en la zona.

Las fermentaciones son espontáneas porque el tratamiento en su viña de Charnay es orgánico desde hace 10 años.


L'Ancien supone la reconciliación con la esencia de la uva gamay, y tiene su máxima (que no "alta") expresión en Le Buissy, proveniente de cepas de más de 70 años en suelos de granito. Este 2010 es un auténtico escándalo de finura y elegancia. Sus tonos traslúcidos hacen pensar en su prima noble, al igual que sus aromas de laurel, cereza seca y hoja de té. Al fondo recuerda a tormenta de verano. Es terriblemente fino en boca, fresco (doce grados de tensión) y con acidez vibrante, taninos esféricos, a veces terrosos, balsámico y muy sabroso. Un vino antiguo, melancólico, fácil de beber y muy largo, que deja sensaciones de laurel, tomillo y bayas secas. 
 
Su tremendo potencial gastronómico nos pilló con un excedente de gorgonzola que decidimos diluir en una pasta corta. Cebolla confitada lentamente en aceite de oliva, con guindilla y algo de ajo al final. Un buen aceto balsámico dos minutos antes de apagar el fuego, y volcamos en la misma sartén la pasta y un gran trozo del quesito. Para ayudar a fundirlo vienen muy bien un par de cucharadas hirvientes del agua de cocer la pasta.
El resto de la fusión la propician el calor y una mano cuidadosa.


No vean lo bien que se entiende la parte más "dolce" del gorgonzola con la acidez de la gamay. Su tremenda frutosidad hace el resto, y aunque el vino ya pone muchas especias, si quieren espolvorear con algo de salvia, tampoco desentona.

Un gran descubrimiento como siempre que Adrián, de Bagos, me trae un vino a ciegas con una sonrisa muy parecida a la que lucía el Teniente Coronel Frank Slade

¿Se acuerdan de aquél tango?, a mi me recuerda mucho a este vino de otro tiempo...

viernes, 31 de octubre de 2014

Vinos que despiden luz

Ojalá tuviera más tiempo para esta entrada. Diría muchas cosas que ahora sé que se me quedarán en el tintero.

La cosa va de un personaje luminoso (no sólo por su apellido), por el que siento mucho respeto y admiración, pero sobre todo gran cariño. Pese a ello, intentaré ser objetivo al valorar su obra.

Esta 2014, si no me equivoco, será su tercera añada elaborando vinos. Fincas de aquí y allá integradas en proyecto sensato ligado a la tierra y situado en los alrededores de Madrid, basado en un objetivo claro de recuperar suelos, llegando a tratos justos, basados en devolver la honestidad al trabajo del agricultor. Viñas desarraigadas por prácticas agresivas condicionadas, en gran medida, por uvas a precios de risa, pero con cepas que suman muchas décadas a sus espaldas, las suficientes como para tener grandes cosas que decir.

Las garnachas sobre granito mis favoritas -y las suyas-, porque son las que más frescura transmiten. También trabaja albillo y algo de chasselas doré. 

Nadie mejor que el sherpa de Cebreros, Rubén Díaz Alonso, para orientarle hacia encontrar las mejores fincas olvidadas y Alfredo Maestro guiando en alguna elaboración.

El resto, un "fifty-fifty" de pasión y manos desnudas, lo pone Orlando Lumbreras, amigo y héroe

Pocas veces un paisaje tan evidente se había entendido de tal forma con el componente humano que define este vino.



Hace un par de semanas me personé en la bodega, que comparte con Alfredo Maestro, y constaté que allí no hay trampa ni cartón. Un par de depósitos, uva fermentada, alguna barrica y un padre con su hijo trabajando la prensa, concentrados pero sonrisa en ristre. 

La paternidad aun no me ha tocado, pero compartir así un trabajo cuyo motivo y objetivo no son otros que la emoción, tiene que ser muy grande.

Y, ¿qué pinto yo aquí?. Pues básicamente que algunos meses atrás decidí embarcarme en este hermoso proyecto de "micromecenazgo" (los anglicistas lo llaman crowdfunding) en el que el vino se adquiere antes de existir, y con ello colaboramos en que el proyecto salga adelante, que algún majuelo más entre en la terna y que el horizonte sea cada vez más visible.

¿Quien sale ganando? Servidor, sin duda alguna, porque los vinos son pura sinceridad, tierra pegada a la uva y, sobre todo, placer.



Chass 2013 es un vino de sed, de trago largo, chispeante pero engañoso por su gran textura, que le sostiene en boca y hace de él una bomba gastronómica que, por cierto, Fernando Limón en La sopa boba explota a las mil maravillas. La uva es un 100% de chasselas doré fermentado y macerado con pastas que hay que beber con tiempo de apertura y a temperatura de tinto. Si lo sirven a los 6 grados con los que la restauración nos anestesia de ruedas venenosos se perderán todo lo mejor. Aquí 12º mínimo.

La Peguera 2013 es un blanco pijo con flequillo, en comparación con Chass, pero al tiempo una de las versiones más cachondas que existen del albillo. Prueba obligada, aunque ¡ojo! que Alfredo Maestro le está cogiendo el punto a la uvita de marras (nada fácil, por cierto) y de hecho Lovamor 2013 es posiblemente la interpretación más fresca, fina y elegante de esta variedad que se ha hecho jamás. Volviendo, La Peguera está pero que muy rica. No apta, eso sí, para paladares convencionales.

Finalmente, Punto G 2013 es muchas cosas, pero entre ellas el vino con el que definitivamente he conquistado a mi Suegro. Uno siempre intenta agradar en Casa consorte, pero la sonrisa que todo hedonista pronuncia al olisquear y tragar este vino, es impagable. Pura cereza madura, jara y cantueso, caramelos de violeta y una mineralidad gamberra que hace imposible parar, hasta que el depósito arenoso que atestigua el tratamiento natural se evidencia entre los premolares.



En fin, que hay que ponerle un monumento a Orlando y, el que pueda, que se haga con alguna botella. Tremendo.


martes, 21 de octubre de 2014

De atlántico y mediterráneo

Hace ya algunos meses, seguramente muchos, rectificaba sobre cuestiones de gustos y tendencias vinícolas. Hablaba entonces de la importancia de la tipicidad y no de las características de un vino en abstracto, o concretamente, de la capacidad de un vino de decir de dónde viene, por encima de sus valores de aromas, acidez o corpulencia, como parámetro de calidad. 

Aunque ignoro por cuánto tiempo, continúo en esa convicción y celebro por ello un momento de gran heterogeneidad de los vinos españoles. Quizás por un público cada vez más avido de remotas zonas y extrañas variedades, los proyectos locales más interesantes, de pequeños vinos de pueblo, se vienen estimulando, poco a poco y a pesar de las DO's. Sin embargo, ese público continúa siendo minoritario. 

No cabe duda de que el bajo consumo de vino tiene bastante que ver, pero tampoco es menos cierto otro aspecto, y es que la mayoría de esas botellas rompedoras que últimamente nos entusiasman proceden de producciones muy pequeñas, ridículas en ocasiones, que rara vez superan los 3.000 ejemplares con algún que otro magnum. Si tenemos en cuenta que la mitad de ellas se van al extranjero (los guiris no son tontos, y valoran mucho más estas cosas que nosotros), cada añada termina por convertirse en un precioso objeto de deseo que dura poco en el mercado. 

Por lo expuesto, es muy importante que en estas nuevas zonas de producción, surjan inversiones más ambiciosas, centradas en la tipicidad local y en la calidad, pero capaces de llegar con regularidad a mayores mercados y puedan decir ¡aquí estoy!, como en su día lo hicieron y ahí siguen, grandes pero buenos productores de Borgoña, Burdeos, Mosela o el Piamonte. Los casos de este perfil en España son aun pocos, pero los hay, y vamos a centrarnos en un par de ellos. 



Dos vinos que por su calidad demostrada, año tras año, son los que recomiendo cuando me preguntan por un tinto atlántico o uno mediterráneo. Porque sé que no me fallarán, y porque tengo la seguridad que el interlocutor no tendrá problemas para encontrarlos.

Empezando por el Atlántico, de Dominio Do Bibei y Lalama hemos hablado en otras ocasiones y no cabe duda de que su trayectoria en la elaboración de tintos (y también blancos) de calidad en Ribeira Sacra es incontestable. 

La inversión que en su día realizó Javier Domínguez permite hoy elaborar un número de botellas suficiente como para abastecer a un mercado deseoso de vinos sabrosos y refrescantes como Lalama. Prueba de su propósito incesante de calidad es la búsqueda del coupage perfecto que varía con cada añada, a la manera de burdeos, así como el hecho de tener un vino, (también recomendable, ¡ojo!) llamado Refugallo procedente de aquellas cubas que para Dominio do Bibei no alcanzan el nivel suficiente para formar parte de Lalama. 

La añada 2010 (mencía, alicante y mouratón), que es la que actualmente se encuentra en el mercado, es un poema de fruta roja y flor morada, frescor vibrante y estructura amable, bastante pulida ya porque la bodega nos ha hecho todo el trabajo de guarda. Solo resta disfrutar. Un vino para beber por palets y que ofrece el do de pecho con legumbres y otras gamberradas con las que la mayoría de los tintos caen por su propio peso.

Pasamos al Mediterráneo para encontrar un vino imprescindible en mi fondo de armario y del que, sin embargo, nunca había hablado. Se trata del "hermano menor" del proyecto 4 Kilos, la cruzada del enólogo Francesc Grimalt y del músico Sergio Caballero por darle una vuelta de tuerca a los vinos mallorquines, recuperando las variedades autóctonas (aunque sin miedo a las castas nobles foráneas), haciendo agricultura respetuosa con el medio y elaboraciones que buscan destacar el terroir sobre las uvas y las crianzas.



Su 12 Volts 2012 tiene absolutamente todo lo mejor que le pido a un vino de su raza, gran intensidad de aromas a violetas, a tomillo, jara y manzanilla. Tomates secados al sol. En boca es rotundo, muy floral, tensión caliente. Buena acidez y alcohol bien integrado. Taninos pequeños, arenosos, divertidos y nada molestos. Es muy sabroso, fácil de beber y francamente largo. Además se comporta de maravilla con toda la huerta, especialmente con verdugos habituales de los tintos como lo son la menestra y la escalivada 

Si además les digo que tienen un precio imbatible (en torno a los 15 euros) en relación con su calidad, y que aunque uno viva en medio de la dehesa, ambos vinos pueden comprarse on-line, quedan pocas razones para no probarlos.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Ranking 2014

Como ya advertía al regreso del verano, este año el Ranking necesita mutar y simplificarse para poder tomar forma una vez más. 

Los requisitos de tiempo y logística que requiere la fórmula tradicional hace que su celebración como tal sea incompatible con estar preparando un libro, mantener cierta regularidad en esta plataforma y aparentar una vida normal. 




Por eso, con ayuda de amigos como José Luis Louzán o Joan G. Pallarés, hemos estado buscando fórmulas que hagan posible que la lista pueda salir una vez más y con el mayor rigor posible, llegando finalmente a la solución que en este momento presentamos. 

La primera conclusión de la reflexión previa, es que las limitaciones de este año nos obligan a limitar de alguna forma los vinos a participar. 

La segunda es la imposibilidad de organizar una cata ciega multitudinaria en un local externo. 

Por ello hemos seleccionado a un pequeño grupo de personas destacadas del sector para que nos faciliten sus referencias de los vinos que consideren los mejores del año por un precio inferior a 10 euros. Entre ellos se encuentran figuras como Eva Pizarro, Cristina Alcala, Isabelle Brunet, Orlando Lumbreras o los propios Joan G. Pallarés y José Luis Louzán, entre otros.

Esas referencias, junto con las de quien suscribe, serán seleccionadas para una pequeña cata en la que se determinarán los 10 primeros y, lo más importante, su orden.

Asimismo, se abrirá un plazo muy reducido de inscripción para aquellas bodegas que, a mayores, quieran presentar sus botellas, en un listado limitado a un máximo total de 20 participantes, por estricto orden de solicitud. 

Como es evidente, la calidad del Top Ten de este año no se basa en la amplitud de muestra y de catadores, sino en un criterio de selección de los mejores por los mejores, basado en la experiencia y la trayectoria de un certamen transparente año tras año y con la intervención de varias personas que prueban muchos vinos al año y que carecen de intereses comerciales.

A esto hay que añadir la posibilidad de contar con esas cosas pequeñas que nos sorprenden año tras año, por ello abrimos un breve plazo de presentación, dirigido a los vinos que no llegan a los prescriptores, pero que merecen una oportunidad. Por las cuestiones logísticas comentadas, esa posibilidad se limita a los 20 primeros en llegar, desde este momento.

Por tanto no expondremos bases, más allá de los criterios que a continuación resumimos: 

  1. Partimos de una selección de vinos proporcionada por expertos en vino de diferentes ámbitos.
  2. La muestra es ampliable con hasta 20 marcas que presenten su candidatura entre hoy 15 de octubre y el 1 de noviembre de 2014 dirigiéndose al correo info@rankingvinos10.com.
  3. El Ranking y su orden definitivo se determinará en una cata ciega en la que participarán un grupo reducido de aficionados y amateurs por determinar.
  4. El Resultado se conocerá entre el 15 y el 30 de noviembre de 2014
  5. Para cualquier cuestión adicional se pueden dirigir al mail: info@rankingvinos10.com
Se trata de un escenario diferente en el que aceptamos un reto con ilusión, aunque con la voluntad de retomar la fórmula inicial el próximo año 2015.

¡Empezamos!

Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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