lunes, 1 de abril de 2013

Viñedos culturales: vinos de arena y sal.

Un buen día conocí los vinos de Rafa Bernabé. Aparte de un enorme deleite, aquello supuso mi reconciliación con el Levante.

Más tarde tuve la fortuna de conocerle a él. Un tipo honesto, directo, con alma. Igual que sus vinos. Sin embargo, me faltaba algo, su entorno.


Ahora, tras haber estado allí, todo encaja.

De la misma forma que en el paraíso no hay tesoros. En un entorno hostil, donde el delirio del ladrillo ha consumido casi todo lo que era natural y auténtico, un hombre ha sabido volver a encontrarse con la tierra que nos da de comer y volver a plantar brotes verdes. No de billetes, sino de riqueza en forma de vida.

De forma pausada. Él dice que “regando con cabeza”. Sin atajos pero también sin corsé, prejuicios ni aires de grandeza. Tan solo agricultura para alimentarse y disfrutar.

Llegar a Usaldón, acompañados de Olga y Rafa, habiendo probado con anterioridad su fruto tiene un punto mágico. Casi morboso. No me pregunten por qué. Susurros, cepas de garnacha peluda que vieron más inviernos que el que suscribe, rodeadas de níveos pedruscos, y clavadas en un suelo pobre, muy pobre. Pero no hace falta escarbar demasiado para encontrar humedad y vida al fondo, testigo de esmero, cariño a la tierra y buen trabajo de viña. La sombra del ciprés deja su aroma y marca el camino.

Los Cipreses de Usaldón 2010 ha crecido y ha ido sustituyendo jovialidad por serenidad, fruta rabiosa por complejidad y en definitiva juventud por madurez recia, aunque plena de vida. Cereza seca, manzana reineta y flor marchita con notas algo rústicas, son la antesala de un vino de campo, sabroso, vibrante y mineral.

El 2011 está más tierno, la zarzamora y el plátano nos muestran aquí la cara más joven de un vino sano, directo y de trago largo. Algo más picante y jovial que 2010, aunque manteniendo mineralidad y elegante amargor.


Poder beber- que no catar, ni escupir- a pie de viña esa garnacha peluda, clavada a roca y ciprés, aun a riesgo de perder la objetividad, les aseguro que no tiene precio. Si lo acompañamos de buen embutido y pan moruno, ya ni les cuento.


De allí nos vamos a la bodega. Una nave funcional, para qué más. El vino y la verdad, están ahí fuera.

Nos espera Curro y sus manos, cuya desproporción artesana muestra décadas de laborioso mimo a la viña. Cuantos viticultores matarían por que sus cepas tuvieran una comadrona similar. También aguardan las tinajas de Padilla.


Barro y vino, como cuando empezó todo.

Unas burbujean, otras sangran, todas diferentes, y todas guardan secretos que pronto- esperemos- irán de boca en boca.

De nuevo comienza el festival. Con música, no podía ser de otra forma.

El Musikanto 2012 es una fiesta entre amigos, la celebración de lo esencial y lo cotidiano. Sus concesiones a la estética, y a los fuegos de artificio, terminan con sus bonitos colores. Monte y naranja sanguina. Algo de tomillo. Tenso y vivaracho pero austero. Muy seco y directo.

La Amistad 2012 continúa la linea musical, aunque con más fuste. El carácter vibrante de la rojal se impone con color visual y sápido. El Morrón 2012 garnachea. Más al estilo Languedoc que al ibérico. Con tremenda frescura. Y la Forcayat sencillamente enamora por tipicidad y terruño. Atención a esta variedad, un cañón que en buenas manos como estas, dará grandes vinos.

Con Tragolargo, cuyo nombre explica todo, pasamos a las distintas encarnaciones de la monastrell. Desde la precisión hasta la complejidad sápida de la tinaja, que -ojo- nada aporta más allá de lo que la uva lleva consigo. Evocador Ramblís que nos hace de antesala de otros sueños, más dulces y voluminosos. Raspones, largas maceraciones, vendimias tardías, soleras, fabulosos encabezados con aguardiente de sidra.

Los sueños de Rafa cambian según quien y cuando los prueba, enriquecen el alma y deleitan al paladar sin agredir al bolsillo. Vinos de entre cinco y doce euros en tienda.

Secretos destinados al deleite que encorchamos para buscarles compañía. Por eso nos dirigimos a Casa Ricardo, en Raspay, un auténtico templo en el que el monte y el sarmiento dan forma a una paella sabrosa y crujiente, de un grano de grosor, sencillamente deliciosa.


Antes llegan los caracoles y el acordeón de Musikanto vuelve a sonar. Se evapora antes que llegue el conejo y el festival empieza de nuevo. Más allá de las imágenes, poca luz puedo arrojar.




Nos vamos a Torrevieja. A mano izquierda la desolación del ladrillo, a mano derecha, la esperanza. El parque natural de La Mata.


Entre arena de playa y viento de sal crecen cepas de moscatel y merseguera. Sobreviven a duras penas a los ataques de los conejos. De cuatro patas, pero también de dos, los más destructivos.

Vendimia a tiempo, terruño y barro que dan blancos eléctricos, salinos y austeros. El Carro, La Viña de Simón, Las tinajas de La Mata. Hechos, una vez más, para disfrutar.

Pero la tierra aun nos reserva una sorpresa antes de que anochezca. Limpio y embriagador, el olor creciente del azahar nos hace olvidar la hostilidad del entorno. Entramos en la tierra del naranjo. El de verdad. Árboles cargados de frutas carnosas, aromáticas, terribles, cuyo dulzor rebosa las comisuras de nuestros labios y colman el apetito y el espíritu.


Pero el sol se pone y toca despedirnos. Nos llevamos los caramelos de la tierra en el paladar, una sonrisa en la boca y la certeza de que no todo está perdido.

 

11 comentarios:

Jorge Díez dijo...

Preciosas letras, Mariano. Y qué bien describes a Rafa y su carácter directo. Un privilegio poder conocer ese entorno. Yo, de momento, me quedo en las dos primeras fases: conocer sus vinos y conocerle a él (y a su familia).
A ver si pronto se mueven más por Asturias sus criaturas de la viña más inquietas.

Mariano dijo...

Gracias Jorge.

Puede que pronto se vean más "vinos culturales" por Asturias. Y hasta ahí puedo leer...

;-)

Smiorgan dijo...

De nuevo por aquí y yo sin enterarme? Anda que...
De Rafa, sus vinos y sus tinajas no digo nada. Es muy grande, pero mucho...
Saludos.

Mariano dijo...

Hola S.

Tan solo estuve dos dias por alli y fue todo un poco relámpago... En otra coincidiremos seguro.

Saludos!

Mariano dijo...

Hola S.

Tan solo estuve dos dias por alli y fue todo un poco relámpago... En otra coincidiremos seguro.

Saludos!

Mariano dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Smiorgan dijo...

Bueno, no hacía falta decirlo tres veces :-)

Na, hará falta una conjunción astral. Yo estoy por aquí todo el año (casi). It's in your hands...

Saludos.

Toni dijo...

Precisamente estuve muy cerca, al lado, esta semana santa, pero no con el tiempo suficiente para hacer una visita como la tuya que es lo que me hubiese gustado. Entonces decidí dejarlo para otra ocasión.

Como solo tenía un par de horas libres, incluso en vacaciones (mini) hay que atender compromisos, estuve viendo otra interesante bodega de Fontanars dels Aforins en Valencia, muy cerca de Villena: Los Frailes.

SIBARITASTUR dijo...

Menudo privilegio ya no solo por esa visita - la tengo apuntada para el futuro si la cosa mejora pero se me acumulan- sino por ese Picnic a pié de viña, que pasada. Y todo lo que se ve, las atenciones etc, todo un lujo si señor.
Yo no he podido todavía probar los vinos de Rafa, salvo sus beryna y el usaldón. Con sólo este último ya me sirvió para interesarme mucho por todos los demás y por lo que buscaba, es una pasada. Lástima que de momento no haya podido probar más, pero están en la agenda de futuribles.
Uno de los que más ganas le tengo, es a esa merseguera.

Mariano dijo...

En efecto Jorge. La generosidad y la ilusión con la que viticultores como Rafa reciben al que se interesa en su proyecto, es como de otro planeta. Hacen que uno se sienta en casa y pueda prestar atención a lo que importa, sin despistarse con fuegos artificiales ni grandes bodegas.

De todas formas creo que los "culturales" estarán pronto por Asturias...

Pedro dijo...

Realmente impactantes los "culturales" de lo mejorcito que he probado últimamente, de hecho ya están en el catálogo!

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