sábado, 2 de marzo de 2013

Bocados convalecientes

La gripe es algo que pasa por varias fases internas. La primera suele ser negación, llegan la congestión, la garganta acartonada y cierto dolor lumbar, que acusamos a haber cogido algo de frío. En mi caso, el hecho de haberme vacunado para esta temporada, contribuía sobremanera a tal sentimiento.

Después llega una sensación de autoengaño, más absurda, si cabe, que la anterior. Consiste en creer que podemos hacer algo para combatirla. Entonces vamos a la farmacia y nos atiborramos de todos los productos-milagro que hemos visto en la tele y que, hasta ahora, no iban con nosotros.

Por supuesto, nada de eso funciona, porque la gripe es un virus que no tiene cura, cuestión que terminamos asumiendo, en un momento -por cierto- en el que nos sentimos los más indefensos y desgraciados del mundo, mientras moqueamos el escritorio de la oficina en pleno viernes, sabedores de que nos hemos quedado sin fin de semana.

Una vez en casa, presas de la fiebre y del dolor corporal, nos enfundamos en la bata y el pijama y empezamos a pensar en todo lo que no podemos hacer. 

Yo iba a dedicar el fin de semana a la jardinería, me había comprado en Lidl un rosal, unas hortensias y un par de árboles frutales, pero tengo gripe y no puedo, así que aquí me tienen.

Tampoco puedo catar nada porque en este momento mi olfato no detectaría ni mi propio pelo ardiendo a lo bonzo, así que dedicaré las próximas líneas a recapitular algunas cosas que disfrutaba hace unos días, cuando disfrutaba de plena salud y no la valoraba.

Hace ya algunos días tuve la oportunidad de conocer Surtopía. Aunque ya lo tenía entre mis futuribles, desde Aires News me avisaron de que con motivo de su primer cumpleaños, hacían un menú fusión con el "chef del mar" Ángel León, y no me lo podía perder.



Todos los platos estuvieron a un gran nivel, y aunque el oficio de Aponiente se impuso con platos que nunca olvidaré, como el Surimi de Pescados Clandestinos, increíble por delicadeza y finura. 


Los Asados Salinos, permanecerán en mi memoria por todo lo contrario, la parte más grasa del atún, allá donde termina la ventresca, en un formato que más bien recordaba al glaseado de un cochinillo. Sencillamente brutal, y magistralmente explicado por el propio Angel.




Delicioso en su precisión y sencillez el salmorejo de pimientos asados con sardinas. Las tortillitas de camarones hubieran sido las mejores probadas hasta el momento, si no hubieran llegado frías a la mesa, y es que el problema de la velada fue encontrar al personal absolutamente desbordado, si bien puede entenderse la situación por tener que servir el mismo menú a decenas de personas la vez, reservado atestado incluido. Hasta el propio Angel se vio sirviendo y recogiendo platos con frecuencia.



Esa situación también perjudicó al maridaje de vinos, servido a trompicones, pero excepcionalmente escogido en la búsqueda de frescura. Manzanilla Solear en rama, Algueira Joven 2011 (premiado, por cierto, en el Ranking), Leirana Finca Genoveva 2010 y Oloroso Dulce San Rafael. Todos a un gran nivel, salvo un terrible Barbadillo Maestrante que sirvieron a mi mujer como blanco por copa, y que debería quedar fuera de un restaurante de esta categoría. 

En todo caso, una excelente cena a un precio competitivo para la zona, y el nivel del lugar (50€ sin maridaje, 70€ con maridaje). Nos demostró además una buena opción para disfrutar a lo fino de buena comida andaluza. Por cierto, no se pierdan su carta de jereces. Además me queda claro que quiero ir a Aponiente.

Al día siguiente tocaba trabajar - es una puñeta que estas jornadas se hagan entre semana- y volver al desierto gastronómico atroz que rodea a mi nueva oficina, en los alrededores de La Estación de Chamartín, no les digo más.

El caso es que el descubrimiento de una compañera me condujo a Dala's, un old fashioned Pub reconvertido a taberna española, donde aparte de desayunos a capricho (si son de café con bocata de chistorra o salmón con queso), puede disfrutarse de las mejores croquetas de la zona, no tanto por su finura como por su sabor y la autenticidad que revela su tamaño y formas. 


Lo mismo podemos decir de sus champiñones rellenos. Los de toda la vida.


Tras conversar en un par de ocasiones con su dueño, tengo la impresión de que si tirase por esa huerta de temporada que tanto le gusta y -lo dejo caer de paso- potenciara un poco de curiosidad en vinos por copa, el sitio podría tener enormes posibilidades.

Y finalmente nos vamos a otro que tenía en la recámara desde hace mucho, Pandelujo. Pese a la salida de Alberto Chicote, la fama de éste y el espectacular diseño del restaurante sigue atrayendo mucha gente. Y se nota, ya que estaba lleno a reventar y con varios turnos por mesa.


En el capítulo culinario todo correcto y acorde a los mínimos que pueden esperarse de un restaurante de su precio. Bien la ensaladilla rusa, producto fresco y bien acabado, aunque el barroquismo de su presentación hace esperar un poco más.

Simplemente correcto el ceviche de vieiras, el escaso aliño revelaba un punto de frescura algo mejorable.

Muy buenos los segundos, tanto las albóndigas trufadas con patatas en tempura como el delicioso tataki de atún con ajoblanco, pescado fresco y en su punto con un aderezo -herencia, creo, de Chicote- que me parece un verdadero descubrimiento. El postre que pueden ver, cookie con chocolates y avellanas, frutos rojos y helado de vainilla, también estuvo francamente bien.


La carta de vinos, algo confusa y muy pasada de precio, nos condujo a un verdejo que jamás hubiera pedido si no me hubiera sorprendido semanas atrás tras probarlo en bodega. Un Quintaluna 2011 (el hermano pequeño de Ossian) fresco, directo y muy agradable.

Que, ¿por qué no me emocionó?. Pues miren, por todo lo demás. La entrada en su local y el precio que uno sabe que va a pagar, crean expectativas. En la comida y en el resto. 

Sin embargo, conforme va avanzando la velada, uno advierte un fluir mecánico, casi industrial que debuta con unas frías mesas sin mantel. Un servicio educado y correcto, pero con tanta gente por atender que no permite al personal tener alma, ni tiempo para ciertos lujos pretendidos, como esa botella congelándose a varias leguas que finalmente pude agarrar para que mi copa no volviera a quedarse seca. La vajilla, limpísima pero muy rayada, las mesas, pobladas en su mayor parte por público extranjero, se suceden con rapidez. Comer y salir rápido en un ritmo que no va conmigo. Como si de repente pudiera comerse bien en Vips, pero claro, por cincuenta euros per cápita.

No descarto regresar, pues hay platos francamente buenos, y seguro que algunos por probar, pero sin duda con una predisposición distinta.

Con esto, pido disculpas por el tostón y me dirijo, presto, a tomarme un Bisolvón. 


6 comentarios:

Jorge Díez dijo...

Vaya maratón para una convalecencia, ¿eh?
Lo primero, espero que mejores pronto y te deshagas de ese incómodo estado. Y sobre los que comentas, sin conocer ninguno, me haces interesarme por Surtopía. También por Aponiente, aunque esto ya estaba en agenda, sólo lo limita mis escasos desplazamientos ahora.
Y esa sensación en Pandelujo... en fin, no sigo. También la pillo a veces, como la gripe. Pensaré en una vacuna.

Alberto dijo...

Me habían hablado muy bien de Pandelujo hace un tiempo pero por lo que veo las cosas han cambiado. En caso de ir, las expectativas no deberían ser muy elevadas.

Por cierto, mejórate!! Ya queda menos ...

Mariano dijo...

Hola Jorge,

No se si fruto de mi torpeza habitual o del delirium tremens, en todo caso me he explicado mal. Todo eso lo hice, con un cierto intervalo, cuando estaba sano. Empiezo a ver luz al final del túnel.

Mariano dijo...

Hola Alberto,

No me atrevo a decir que haya cambiado, de hecho tengo la sensación de una fórmula brillante que lleva mucho tiempo funcionando y que, quizás, a mi entender esté empezando a desgastarse.

Pero ojo, es más posible que el público tenga la razón y yo esté equivocado. Insisto, un local grande, lleno a reventar y con varios turnos por mesa.

Jorge Díez dijo...

No, Mariano, se te entiende mejor que a mí ;-) Me refería al maratón de escritura para aprovechar el tiempo de "reclusión forzosa".

José Luis Louzán dijo...

Bisolvon, otra cosa que anuncian en la tele y que tampoco sirve para la gripe... ;-)

Cuídate anda (te supongo recuperadísimo a estas alturas, ojo) y no vayas por ahi pillando virus que no son tuyos...

De lo que relatas me quedo con que yo también quiero ir a Aponiente. No se cuando ni como, pero iré.

Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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