miércoles, 27 de febrero de 2013

El empecinado

Es muy posible que a este paso acabe creando una sección anual, o tal vez semestral, dedicada exclusivamente a felicitar al personaje que hoy nos ocupa. Una vez más. Si no me creen, vayan a las etiquetas y comprueben.

Por cierto, hablo de Alfredo Maestro.

Esta vez ha sido Metrópoli quien, de la mano de dos grandes, Juancho Asenjo y Víctor de la Serna, ha venido a reconocer la trayectoria de esta criatura vinícola en forma de botella.

El líquido en cuestión, que en estos momentos adorno con una copa, se llama Castrillo de Duero 2010 (menos de 9 euros en tienda), y coincido con estos señores en que pocas veces la relación calidad precio ha tomado más cuerpo que en esta.


Eso sí, vayan mentalizándose con tres cosas, esto no es un Ribera al uso (de hecho no es un Ribera, aunque venga de Burgos y sea tempranillo), no es para todos los públicos y, además, hay poco. Muy poco. Como de todo lo que hace este Viñerón.

Una parcela llamada La Ladera, en Arauzo de Salce (Sierra de La Demanda) a más de novecientos metros de altitud. Suelos arcillosos que acogen cepas plantadas en los años cuarenta.

La vendimia -toda manual- se llevó a cabo (ojo) en la segunda quincena de octubre. Despalilló el 80%. El resto de los racimos fueron enteros. 

Alfredo vinifica sin control de temperatura, en depósitos de acero inoxidable de 2.000 litros con remontados diarios. Entre doce y quince días. Tras el desfangado hace maloláctica durante unos treinta días. Trasiegos con el frío de Castilla La Vieja como único testigo. 

Le sigue la barrica de roble francés. Para evitar futuros filtrados trasiega cada cuatro meses, eliminando residuos sólidos por decantación. Así el embotellado es limpio, sin que puedan evitarse los precipitados que surjan en botella y demás servidumbres de la ausencia de sulfuroso no natural.

Recuerdo un año atrás cuando se presentó este vino y los tostados se apoderaban del vino. Hoy han desaparecido y la fruta roja rabiosa se combina con las notas más frikis que nos revelan su origen natural. Sidra de buen palo, regaliz negro y barro cocido. La vainilla es prácticamente un recuerdo.

Es en boca donde se revela sensacional, con una acidez soberbia y taninos de ultratumba, no por muertos sino por eléctricos, terribles, como Juan Martín el Empecinado. Resulta fresco, frutal y muy agradable al paso. Con unos 14,5% realmente difíciles de percibir. Más fresco y racial al segundo día, pese a que el vacu-vin (con la colaboración necesaria del maldito lacre) no funcionó.

Igual que una conversación con Alfredo, fruto de la autenticidad y de un entusiasmo arrollador, la botella y los minutos, pasan volando.

Creo que es muy importante remarcar una y otra vez la importancia de la labor vinícola de Alfredo, un tipo que saca buenos vinos al mercado, vinos que viajan, y vinos de los que se habla, no por pelanas como el que suscribe, sino por voces autorizadas de dentro, y de fuera de aquí, que identifican lo que ocurre cuando en la viña española se hacen las cosas bien.

Además, va mejorando su gusto en las etiquetas, a pesar de que ese terrorífico Juan Martín el Empecinado,  siga asomándose por ahí de vez en cuando.

11 comentarios:

Jose dijo...

Un Ribera que no parece Ribera siempre es interesante. ¡Hay otra Ribera posible! }:-)

Saludos,

Jose

Rafa Bernabe dijo...

A mi me gustaba más la otra, mas heavy. Ese vino es un desparrame de toda la personalidad de Alfredo, sonrisa eterna.

SIBARITASTUR dijo...

Cúanto jabón, que se nos sube arriba y a ver quién lo baja de ahí, jajajaja.
No he tenido la oportunidda de probarlo con tiempo como tú pero el otro día de cata rápida tuve la misma sensación que comentas, la madera había pasado a un segundo plano y la fruta se imponía. Yo no lo definiría como fresco pero tampoco lo contrario.
A ver si hago prueba con calma y me "empapo" mejor de él.

Eldiletante dijo...

Mariano, me parece que te dejas lo que a mi más me gusta de este vino, y es un deje a fruto seco, a avellana, que no falta en ninguna de las muchas botellas que he trasegado de este vino

SIBARITASTUR dijo...

Es cierto eso que comentas Dile

Mariano dijo...

El problema es que la Ribera lleva mucho tiempo pareciendo lo que no deberia ser. Menos mal que tipos como Goyo o Alfredo se ocupan de demostrarlo.

Mariano dijo...

Rafa, Yo es que mas que heavy lo veia gótico. Le faltaba la gasolinera detrás... :-)

Mariano dijo...

Hola Jorge. Mientras siga bajando al campo no me preocuparía...

Cuando hablo de frescura no pierdo de vista que es un vino de mas de 14°. Aun asi y con el efecto del ligero raspón te aseguro que yo lo encontré fresco y de trago largo.

Mariano dijo...

Hola Dile¡

Mmm. Avellana... puede que sean esos aromas de fermentacion que a mi me recuerdan a sidra, incluso a algun cava. Aceptamos barco!

Smiorgan dijo...

Probé y comenté este vino hace más o menos un año. Por aquel entonces si que marcaba la vainilla y las especias, pero ya por aquel entonces decía yo que tenía una acidez alegre y que era para beber una copa tras otra.
Lo poco que he probado de Alfredo es para beber cajas.
Saludos.

Jorge Díez dijo...

¿Que le has encontrado notas de sidra? :-D Qué cosas.
En serio, es un vino agradable y con una personalidad muy marcada, singular.

Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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