martes, 1 de enero de 2013

El año del Desastre

En lineas generales, el 2012 que hemos dejado atrás ha sido un año terrible. En lo particular lo cierto es que no puedo quejarme y doy gracias a Dios por ello, pero sí he conocido, y en algunos casos de cerca, muchas historias de personas y de lo que esta crisis atroz se ha llevado por delante. 

Pero por injustas que éstas sean, no creo que contarlas aquí ayude a sacarnos del atolladero. Tampoco creo que aporte demasiado lo que yo pueda decir sobre el germen del desastre, aunque piense que tenga mucho que ver con el relativismo de ciertos valores y el consiguiente todo vale.

Por el contrario, sí creo que puede ser de ayuda conocer esas otras historias de superación y crecimiento en la adversidad, porque tal vez puedan orientar o incluso dar esperanzas a quienes la fortuna ha dado la espalda. Por eso he decidido empezar el año con una de las últimas, que viene dentro de una botella largo tiempo olvidada en mi bodega, y que nos muestra un ejemplo de que cuando los elementos son desfavorables, la visión de un hombre puede cambiarlo todo.

Hemos coincidido en alguna ocasión, pero no puedo decir que conozca a Germán Robles Blanco. Puedo afirmar sin embargo que es un tipo que echó los dientes en esto del vino y que además de distribuir desde Asturias uno de los catálogos más selectos que se pueden encontrar en España, elabora vinos de finca, con buen criterio, entre la Ribera del Duero y el Bierzo, pero sin casarse con nadie más que con el terruño.

Aunque creo que su gran vino está por venir, lo que hoy nos ocupa es el número dos de Rara de Raro, su proyecto más desconcertante que nos ha dado desde un rosado a lo Jura, pasando por una sidra de capricho y hasta un cabernet de montaña.

El año del Desastre es una obra efímera que comenzó en 2007 con dos mil botellas, y que terminará cuando la última esté vacía. Entonces, a finales de septiembre una helada tardía fulminó múltiples cosechas del Duero burgalés. Entre aquellos viticultores se encontraba Germán, con un viñedo centenario que aquel año explotaría, que la helada había quemado en casi toda su extensión, impidiendo una maduración completa y dando una uva defectuosa a la vista del mercado, pero con una sanidad excelsa.



Donde lo normal hubiera sido tirar la toalla o hacer un producto de bodega jugando al quimicefa, ellos elaboraron un vino poniendo con orgullo las cartas encima de la mesa, permitiendo que aquel viñedo y su añada se expresaran con sinceridad.

Un vino tremendamente vivo, sanguinolento. Su nariz, muy expresiva desde el inicio, se va quitando tostados de encima con la aireación, dando paso a fruta roja y barro cocido. Clavo y jengibre van y vienen, junto con alguna nota animal.

Pese al matiz goloso que los aromas hicieran prever, en boca resulta seco y astringente. Músculo y mucho nervo. Acidez fresca y punzante. Taninos de sierra, afilados pero en armonía con un vino rotundo y con personalidad desbordante. Joven aun. Largo y sugerente. Profundo y algo salvaje, pero muy bebible.

Una demostración de que se puede navegar con viento en contra llegando finalmente a puerto, y una pequeña historia de superación que se asemeja a la del pequeño José Manuel, a quien va dedicado este post, aunque todavía no sepa leer.

A los demás desear un FELIZ 2013 que espero podamos compartir con esperanza y trabajo.


5 comentarios:

Jorge Díez dijo...

Describes bien a Germán, si me permito el lujo de juzgar yo, que lo tengo más cerca. Ese se me escapó pero algún "Raro" he probado. Por ejemplo, la sidra, cómo no. Y quizá su gran virtud está ahí, en lo que señalas: su vino está por llegar. No se para, no se conforma, sigue buscando. Con pasión, como casi todos los que me convencen.

A este lado del Duero dijo...

Me gustan mucho los vinos de Germán, incluso aficioné algún que otro compañero al vino a través de ellos, pero echo en falta una nueva rara de raro, milú, la cometa o el malo, como que se me quedan algo "solos"...

Mariano dijo...

Hola Jorge. A mi me falta por probar el Cabernet (De hecho no se si está en el mercado). En todo caso, sus vinos pueden gustarte o no, pero hay personalidad y recorrido. De hecho también me arrepentí de no haber esperado más con La Mendañona...

Saludos,

Mariano dijo...

Hola Duero,

Coincido en parte, aunque en cierto modo la gracia de los "Raro" es que no sabes cómo ni cuando van a salir.

A este lado del Duero dijo...

Es que yo quiero maaaaassss, me supo a poco...

Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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