jueves, 28 de julio de 2011

Vinos frescos para el verano

Empiezo a sentirme un poco como el típico pelma, enseñando a sus vecinos las mil diapositivas de su último viaje, así que para evitarlo, o al menos distraer un poco al personal vamos a cambiar momentáneamente de tercio y aprovechar la ocasión para recomendar algún vino veraniego.

Invirtiendo el orden habitual, vamos a empezar con un tinto, no, más bien un pedazo de tinto llamado Eidos Ermos 2009, que es el hijo secreto de Luis Anxo Rodriguez acogido también a la D.O. Ribeiro. Se comercializa en un ámbito más bien local, y aunque algún avispado haya conseguido sacarlo de allí para darlo a conocer, no me pidan que les hable de variedades ni de elaboración, porque para mí, hasta el momento, es un misterio. Piensen- solo piensen- en caiños, sousons y brancellaos, variedades autóctonas y cepas posiblemente más jóvenes que las que traen A Torna dos Pasás, pero no olviden tener en cuenta la mano de este vigneron y su respeto por lo que da esa tierra, que es mucho.


El fruto de todo esto es un delicado vino, rojo intenso con ribete morado, ligeramente turbio y de capa muy baja. Su nariz es limpia y sincera; no oculta nada. Frutas del bosque, violetas, balsámicos de eucalipto, también hierbabuena y monte. Muy atractiva.

Qué decir de su boca, ágil, amplia y tremendamente fresca, con su potente pero nada agresiva acidez arropada con un torrente de fruta y unos taninos suaves y discretos. El final lo define su fino amargor, elegante hasta el extremo y, de nuevo, el enorme peso de fruta ácida y vibrante que arrastra desde el principio., y si les digo que además el precio de este vino ronda los ocho euros y que tiene once graditos, pues eso, para beberse palets enteros.

Fresquito es perfecto para disfrutar con un pulpo, unos pimientos de padrón o una empanada de zorza.

Seguimos con un pequeño esfuerzo para el bolsillo, pero que es imprescindible disfrutar al menos una vez en el verano, y de ahí todas las que quieran. Y es que, ¿hay algo más sugerente que una terraza al atardecer con un buen champagne tras un día de playa?. Mi propuesta es un vino que antes nos traía de Francia Carlos Clari, de la desgraciadamente desaparecida Cave du Petit, y que hoy ignoro quién importa, pero alguien lo debe hacer porque he visto botellas en el mercado.

Este Brut Reserve de es una pequeña muestra de lo que es capaz de hacer Jacques Lassaigne en su viñedo de Montegueux. Un auténtico devoto del terruño y del champagne de añada con un montón de pequeñas parcelas que combina en variopintas cuvées, que cambian y se adaptan año tras año. No dejen de visitar su página web, muestra con mucho cariño el trabajo que hacen.


Lassaigne es además un enemigo acérrimo de la adición de productos extraños al vino y coquetea con los vinos naturales, lo que nos permite acceder a la versión del champagne más freak, pero también mas respetuosa y vinculada a la tipicidad y el suelo.


Vale la pena intentar hacerse con una botella de este pequeño productor y poder ver su amarillo pajizo-dorado adornado con una burbuja fina y creciente. Su nariz, singular y seductora ofrece notas de lima, frutas escarchadas, castañas, cierta oxidación y flores secas en un profundo fondo mineral. Todo esto toma forma en su boca, muy vinosa y seca, algo oxidativa y tremendamente fresca, cítrica, mineral, casi pétrea. Su burbuja es alegre al principio, pero muy bien integrada y se va haciendo cremoso a su paso. Sin duda es muy adictivo para cualquiera, así que no lo abran con muchos invitados o lo disfrutarán poco o nada. Un vinazo por menos de 30 euros.

Imaginen el marco de atardecer que les puse antes. Después de una jornada de playa, o piscina no les apetecerá cocinar un aperitivo. No importa, este vino es perfecto para disfrutar con unas conservas de calidad, unas agujas en AOVE (una de mis debilidades), unas zamburiñas o, para más alegrías, un delicioso caviar de erizos. Eso sí, no olviden hacerse con un buen pan.

Y terminamos por hoy con un blanco que me ha demostrado que su guarda fue todo un acierto. En efecto, hará algo más de un año probé este curioso Rioja llamado Ad Libitum 2008 un poco común 100% Tempranillo Blanco 2008* (he oido que es lo mismo que el albillo, pero que alguien me corrija si no es así, lo agradeceré), entonces lo encontré crudo y descompensado, con una acidez algo disparada, pero un fondo francamente interesante.


Como decía, nos olvidamos de él durante unos 15 meses. La evolución se mostró desde el principio con un amarillo dorado mate.

Algo cerrado al inicio, fue sacando notas cítricas, hinojo y un curioso recuerdo de salsa de soja, pan tostado y pólvora. No ha perdido en boca su carácter cítrico y afilado, su acidez sigue siendo potente, pero ahora viene arropada por más volumen, grasa, y, sobre todo, un mayor peso de fruta. Tira al final algo más a la manzana granny smith y es muy persistente. No creo que sea un vino para todos los públicos pero animo a los curiosos, y especialmente a los aficionados a Chablis a que no dejen de probarlo.

Es ciertamente peculiar su evolución en copa, que incluso puede recordar algo la de algún champagne. Desde luego, hay que seguirle la pista.

Haciendo un maridaje atrevido, a mí esto me pega con una ventresca de atun a la plancha o incluso con alguna carne grasa, tiene fuste para eso, y más.

*Como perdí mi foto de Ad Libitum, le he robado la suya a Sibaritastur, esperemos que no nos demande.

domingo, 24 de julio de 2011

Pistas Vietnamitas II: Sapa

Seguimos con nuestro periplo vietnamita para recalar en Sapa, el destino turístico más al norte de Vietnam, y a unos 1.500 metros sobre el nivel del mar.



Los trescientos y pico kilómetros que hay desde Hanoi, hacen inviable un viaje en coche por sus carreteras regionales donde es imposible alcanzar el límite máximo de velocidad que además la ley establece allí en 80 km/h, así que hay que coger un tren para ir a la ciudad de Lao Cai y desde allí coger un coche hasta Sapa.


Como Lao Cai, más allá del puente que delimita la frontera con China, no tiene mucho que ofrecer, nos vamos directamente a Sapa, donde nos espera el flamante hotel Victoria.


Un hermoso remanso de paz en el bullicio de esta villa fresca y colonial en la que también los vietnamitas (los ricos) vienen de vacaciones a refugiarse de los calores del centro.


Quizás sea el paisaje, tanto en su parte natural, como en la intervención humana a través de los bancales de arroz, lo más interesante de esta zona. Es imprescindible hacer alguna ruta a pié y conocer a sus tribus, que nos acompañarán todo el trayecto buscando, eso sí, que les compremos algún souvenir.

En lo gastronómico proponer a los atrevidos que se pierdan en sus mercados, aunque recomendar, sobre todo a los sensibles a olores fuertes, que mejor se pongan un poco de Vick's en la nariz para terminar el paseo.


Y aunque no se alojen en el Victoria, la fusión que el chef de su restaurante, Ta Van, ha hecho entre la cocina francesa y la vietnamita, es francamente interesante. Imprescindible su nem de setas al vapor con ajo frito.

miércoles, 20 de julio de 2011

Diploma del Ganador: Cuatro Pasos 2009

Antes de continuar con el periplo vietnamita, no quería dejar pasar un día más sin publicar la foto de los flamantes ganadores del concurso.

En efecto, Bodegas Martin Codax, y entre ellos la enóloga Katia Álvarez que aparece en la foto, nos recibió con los brazos abiertos para la entrega de nuestro humilde premio, cuya elaboración debemos a los amigos de quelujo.es.


Además pudimos hacer una enriquecedora visita a la bodega de Cambados que nos demostró por qué son uno de los buques insignia del Albariño en todas partes, y por qué también es necesario que existan estas grandes bodegas, que hacen las cosas bien, para que una zona tan humilde como Rias Baixas pueda ser referente mundial.

Simplemente reiterar la enhorabuena y desear que este año podamos sacar adelante una nueva edición del concurso.

Entre tanto, seguiremos con Vietnam.


jueves, 14 de julio de 2011

Pistas Vietnamitas I: Hanoi


Como he dejado caer en entradas anteriores, los últimos quince días me los he pasado en un curioso lugar llamado Vietnam. Lamentablemente su reciente pasado bélico le precede y el árbol de la barbarie, no permite ver el hermoso bosque que es este país, curtido en mil invasiones de chinos, franceses, japoneses y americanos. Pobre aun, pero sin duda con un próspero porvenir.

Antes de nada aconsejar a los que, como al que suscribe, tengan el espíritu Indiana Jones algo atrofiado, este no es un viaje para organizar in situ en plan mochilero, pues por muchas barreras, empezando con la idiomática (el inglés no lleva muy lejos), es mejor contar con un poco de ayuda. En nuestro caso nos la prestó una excelente agencia vietnamita llamada Phoenix Voyages, corresponsal del ECI en la zona.


Gestionaron todos los transportes, visitas, etc, para que solo nos quedara disfrutar. Además muchos de sus guías particulares estudiaron en Cuba durante la guerra y hablan un impecable español. Estuvieron con nosotros, nos llevaron y nos trajeron, nos aconsejaron dónde comprar, nos cuidaron cuando hacía falta, y nos dejaron tiempo libre suficiente para perdernos un poco.



Así las cosas, no se si para evitar el riesgo de resultar tedioso, o por el hecho de que no tengo mucho tiempo; quizás un poco de ambas razones me han conducido a dividir las crónicas vietnamitas en pequeñas entradas, por lo que empezaremos por el principio, que que fue el aterrizaje en Hanoi, una creciente urbe que vive por y para el pequeño comercio, y prueba de ello es el primer impacto que producen las legiones de scooters en todos los sentidos de la circulación, con dos o tres ocupantes y transportando la mercancía que sea, desde gallinas a lichyes, cajas de laca o colchones, si hace falta.


Allí visitamos Pagodas, el Mausoleo y la Casa de Ho Chi Minh, el museo etnológico y, entre otras muchas cosas, paseamos por las orillas de sus lagos.


Quizás una de las peculiaridades que mas extrañará inicialmente al visitante europeo sea que los vietnamitas hacen, esencialmente, su vida en la calle, donde trabajan, descansan, conversan, toman té y, por supuesto, comen.


Y eso lo marca todo.


Ello hace su gastronomía muy visible desde el inicio, y uno advierte que la base es el arroz, que se utilizan muchas especias, y que la influencia de los franceses ha hecho que sean unos importantes consumidores de pan, al contrario que en el resto de Asia.

Pero la contrapartida de todo esto es que todas esas visiones y, sobre todo, fuertes olores, que no se parecen a nada de lo que tenemos en Europa, quizás sea algo agresivo para empezar y nos tuvo algo cautelosos con lo de la comida.

Aun así probamos muchas cosas de su cocina en restaurantes locales. El arroz, por supuesto, siempre al vapor, aunque algo menos aromático y sabroso que la versión thai, muchos salteados parecidos a los chinos, los famosos nem, version mini de los rollitos de primavera, aunque aquí el relleno habitual se compone de cerdo, gambas, setas y fideos de arroz.

El mayor descubrimiento fueron las gambas rebozadas con arroz joven, una especie de crujientísima tempura elaborada con el grano de arroz, cuando aun está verde. Ojo también a las sopas tradicionales, picantes pero deliciosas.

Por si van por allí, un restaurante recomendable para conocer su cocina es Quan An Ngon, donde la cosa dificilmente llegará a los diez euros. Pero para darse un homenaje, muy interesantes el Restaurant del Press Club (buena carta de vinos) y Le Beaulieu, fusion vietnamita-francesa ubicada en el bellísimo hotel Metropole. Tampoco pueden perderse los deliciosos desayunos del Sheraton, aunque está algo más apartado del meollo.

Volviendo a lo del vino, salvo en restaurantes de lujo, la oferta es escasa o prácticamente inexistente. Donde hay lideran los vinos franceses, seguidos de cerca por Sudáfrica y Nueva Zelanda. Al contrario que la comida, no es barato, para que se hagan una idea, un champagne modesto suele rondar el mínimo de los 80 dólares, y de ahí para arriba.

El consuelo es que uno siempre puede entregarse a la suave cerveza vietnamita. Hay muchas marcas, aunque Tiger fue la que más me llamó la atención. Teniendo en cuenta la media de 35 grados y 90% de humedad, les aseguro que el cuerpo pide más una cerveza que una copa de vino.

Eso sí, insistan en que esté muy fría.

martes, 12 de julio de 2011

¡Cásate en Pepe Vieira!


Por suerte o por desgracia, ya estamos de vuelta. Hace un rato que a lo Vlad Tepes me arrojé a un sarcófago tras veinticuatro horas literales de regreso desde Vietnam. Cinco horas en coche y luego el resto en avión, vuelos en tránsito incluidos. Y encima mañana a currar.

Por ello no me extenderé demasiado en esta entrada.

Sin embargo sí tengo claro que antes de dar alguna pista de nuestro periplo asiático y, por supuesto, de volver a la temática habitual, mis primeras líneas deben ser de agradecimiento y admiración hacia el equipo humano de Pepe Vieira, que hizo de nuestro día algo mucho más allá de la mera organización de un evento.

No hablaré de esa increible batería de deliciosos aperitivos de lo clásico a lo "ocurrentísimo" que los novios casi ni probamos, tampoco de la mesa del sumiller, ni del bogavante, ni de esa merluza que dejó a todo el mundo boquiabierto, así como a esos sutiles dulces a los que necesariamente tuvieron que hacer sitio.

Esos hablaron por sí solos.


Por eso estas líneas son el aplauso en público que no pude dar en su día al trabajo de Xoan, de Jose, de Carmen, de Antonio y de todos esos profesionales como la copa de un pino, de los que tan bien saben rodearse para hacer a la perfección esa labor silenciosa, que no se ve, pero que se palpa en cada mínimo detalle de ese engranaje que convirtió nuestro veinticico de junio en una noche mágica y que ya nunca olvidaremos.

Si a ello le unimos el bellísimo entorno en el que estos puñeteros se han ido a ubicar, este aplauso ha de ser también, necesariamente, una enérgica y sincera recomendación a todo aquél que quiera celebrar algo, disfrutarlo y recordarlo con cariño y orgullo el resto de su vida.

Y ya que estamos con el capítulo de agradecimientos, no se me podía escapar Rodri, con esa pedazo de Cuvée de su Leirana que hizo caer palets y mandó a bailar a todos (tintófilos riojistas incluidos), ni a Ana&Jaime por esa etiqueta que se marcaron.


Gracias a todos por un día inolvidable.

Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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