martes, 22 de noviembre de 2011

Los Vinos del Viñeròn 2.0 (2)


Seguimos con los vinos del Viñeròn 2.0 y empezamos amarrando en esta segunda tanda con un valor seguro llamado Gerardo Méndez y su Albariño do Ferreiro cepas vellas o el resultado de exprimir - sólo en los mejores años - las escasísimas producciones de las enrevesadas cepas que Méndez posee en el Salnés. En las añadas menos buenas, estas mismas cepas pasan a integrar el dignísimo Albariño do Ferreiro básico, una de mis opciones de salida junto con Leirana.



En el meticuloso proceso de selección de la uva se desechan los granos menos favorecidos y la vendimia se realiza al estilo de Sauternes, en varias pasadas, con la intención de alcanzar el momento en el que todos los racimos presenten su óptimo nivel de madurez.

El vino tiene un año de "crianza" en depósito de inox en contacto con sus lías, saliendo generalmente al mercado en su segundo año, pero aun falto de botella, ganando enteros de complejidad y opulencia con cada día que pasa. El único problema, es hasta cuándo esperar...

Esta última vez que topé con él, pues es uno de los vinos que habitualmente me incitan al dispendio, mostró un amarillo brillante con reflejos dorados. Una nariz sutil, en crecimiento (estaba algo frío) hacia la manzana verde, cítricos tropicales y las piedras golpeadas con hierbabuena al fondo.


En boca es envolvente, seco, refrescante, punzante, aunque ya con alguna sensación grasa, de gran vino. Formidable acidez que se impone a cualquier sensación alcohólica y que lo hace adictivo, casi hipnótico. Largo postgusto y sensaciones atlánticas que persisten. Sin duda uno de los grandes.



Pasamos ahora al freak de la jornada, fruto de la iniciativa de un señor, que como su vino, no busca parecerse a nada ni a nadie, pues es pura autenticidad. Seguro que a pocos de los lectores de este blog les sonará extraño el nombre de Flequi Berruti, quien además de ser una de las "Almas" de Alma Vinos Únicos, es también el 33,3% de Lobegascope.


Allí Flequi se junta con otros dos apasionados como son Sonia López y Javier Castro. Tiene sus viñas al pie de los Montes de Toledo, en Cuerva, donde está la bodega, y en San Pablo de los Montes, con una altitud de 845 y 885 metros y suelos franco arenosos. Las cepas de más edad tienen 52 años y las más jóvenes 20.


Muestra a la vista un prometedor y algo borgoñón picota ribete mora apagado, hacia la teja, en boca es fruta roja madura, mermelada de cerezas,manzana pasada y anís estrellado, mucha fruta y ligeros torrefactos.


Su boca tal vez decepcione algo al principio (con esos antecedentes uno quizás espera más tensión, pero no olviden que estamos en Montes de Toledo). Tras ese impacto inicial, quizás algo compotado, el vino avanza, se muestra jovial, alegre, desenfadado, entra algo goloso, sí, pero lo arregla con inusual ligereza y un atractivo punto de frescura que hace muy llevaderos sus 14,5%, y se lo digo yo, que 13% ya me parecen de destilería. Taninos dulces pero con cierto verdor al tiempo, haciendo un conjunto fresco y nada pesado.


El vino es, en definitiva, como lo que su etiqueta me evoca, una fiesta gitana con mucha guitarra y cajón, sin reglas, ni vecinos durmiendo y, por supuesto, sin hora de cierre.


Algo más seria, aunque no mucho, será la fiesta del sábado en la que tendremos también a Fernando González, de Adega Algueira, y con él la oportunidad de probar entre otros Algueira Pizarra, o uno de los frutos más definitorios de su "viticultura heroica". Una mencía pura, superviviente en escarpadas laderas de pizarra ardiente, elaborada con su raspón y sin artificios, fermentación en troncocónico y largas maceraciones.


Un vino hermoso a primera vista, violáceo intenso, lento y sinuoso en sus movimientos. Fantástica nariz de violetas, mina de lápiz, tierra seca, ligeras vainillas. En boca es tan directo como beberse la ladera, amplio, algo goloso al inicio, pero arropado con buena acidez, taninos firmes, cuadrados, que diría el maestro Joan, pero paulatinamente amables y prometedores de una excelente evolución en botella. Muy persistente y, aunque al final muestre alguna viruta de madera por pulir, sin duda uno de los mejores tintos que han pasado este año por mi gaznate.

Ando justo de tiempo, pero prometo que antes o después del Viñerón, seguiré hablando de sus artistas.

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