martes, 3 de mayo de 2011

Tocar el cielo

El otro día hablábamos de vinos que hacen soñar, y tras la experiencia de este domingo, tal vez exista un estado aun superior de otros que, directamente, hacen tocar el cielo.

En este sentido, creo que pocos pueden presumir de haber recibido nunca el regalo perfecto, y seguro que casi ninguno, de que su Suegro haya sido el autor del presente.

Pues bien, este es mi caso, y no lo digo para ganar puntos porque, para su desgracia, la entrada de un servidor en su familia, es prácticamente irreversible.

La alhaja en cuestión fue esta flamante botella de Castillo Ygay del Marqués de Murrieta, Gran Reserva Especial de 1959. ¿Qué decir?. Pues qué menos que abrirlo juntos con alguna vianda que no le hiciera sombra.

Con más de cincuenta años a sus espaldas, daba casi miedo abrirlo, y por si las moscas, había otra botella en la recámara para paliar las consecuencias del posible desencuentro, pero no fue así, nada más lejos.

No sé si tiene mucho sentido hablar de sus finos tonos granates, ya algo apagados, y ni siquiera si es necesario dar testimonio del delicado aroma de guindas en licor que precedía a la caja de habanos y a la tierra mojada con los que nos deleitó.


Creo que lo fundamental es hacer un homenaje a su soberbia boca, pausada, elegante, con nervio y tensión que obligan a apretar los labios a su paso para no dejar escapar un solo matiz. Taninos muy pulidos, pero aun secantes y afilados en perfecta armonía con acidez y alcohol.


De manera pausada, como todo lo bueno, vuelve a desplegar los finos aromas de la nariz, las guindas, el tabaco de abuelo, las pimientas, con tremenda longitud. Y cada trago respira más vida.


En ningún momento estuvieron a la altura los comistrajos que preparó un servidor, que poco más pudieron hacer que languidecer ante tan majestuosa obra del hombre.


Un vino, que ya no es ni reserva, ni tinto, ni rosado, es un vino fino de Rioja, de los que casi ya no se hacen. Imagínense, le gustó a mi novia, que solo toma blancos.


Irrepetible.

7 comentarios:

Jose dijo...

Para pedirle matrimonio... ¡a tu suegro! (8-D

Saludos,

Jose

Mesa Verde dijo...

Nos encanta la forma que tienes de contar las cosas. Y esta reseña en concreto.
Un saludo!

DANINLAND dijo...

Y yo que alucino cuando me bebo una botella del '98...

Buena bodega tendrá tu sr. suegro, jejejee

Mariano dijo...

Hola Jose,

Lo siento pero ambos (suegro e hija) están ya pillados... ;)

Saludos!

Mariano dijo...

Hola Mesa Verde, bienvenidos y gracias por el comentario.

Muy interesante vuestro blog, aunque los carnívoros nunca nos damos cuenta, tenéis toda la razón con lo del jamón ;)

Saludos!

Mariano dijo...

Hola Daninland, cuanto tiempo!

Yo diría que mi suegro es más de beber pronto que de guardar, pero como persona importante que es, creo que siempre ha sido muy bien agasajado...

Saludos!

SIBARITASTUR dijo...

Menudo lujo Mariano. Ya veo que estaba bien guardada porque la etiqueta está impecable, no?.
No soy amante de los "clásicos" riojanos pero cosas así merecen hacer la ola.
Recuerdo ahora un coto de Imaz gran reserva del 71 que estaba de la leche, bía perdido color, parecia un brandy pero estaba vivísimo y el otro día un marques de Murrieta del 54, increible en nariz pero en boca el "acético" ya dominaba. Desde luego son experiencias únicas.

Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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