jueves, 7 de abril de 2011

Cuando la sencillez es virtud

Ya está muy oido, pero producto, producto y producto, es la base de todo. Con ello no me refiero necesariamente a bienes de calidad y caros por definición, como lo pueden ser las anchoas de santoña por escasez, el caviar de Riofrío por lo costoso de su elaboración o el percebe de Cedeira por el riesgo que supone obtenerlo. Sí, sin embargo, me refiero a que dentro de una gama, buscar lo bueno, aunque algo más caro en términos relativos, tiene premio salvo que nos estafen. Algo así ocurre con el tomate. Pocos comentarios hay tan manidos pero ciertos, como el de que “los tomates ya no saben a nada”. Miren, hacer tomates para todos, todo el año, que no se rompan en los camiones y que encima sean bonitos, no es posible. Así tenemos toda esa suerte de bombas de agua duras e insípidas que campan a placer por fruterias y supermercados. Pero para aquél que esté dispuesto a gastarse un poco más sí que quedan tomates con sustancia. Un buen ejemplo son estos que comercializa Agrícola Perichan y que encontré en el Club del Grumete del ECI. Una auténtica gozada de textura, sabor y prácticamente nada de esa horrible agüilla que sueltan los de pega. Y ya que comprábamos tomates, cómo no sucumbir a una flamante burrata con su irresistible presentación de la estantería refrigerada. La burrata procede de la zona de la Puglia en Italia. Su elaboración es similar a la del resto de los quesos. Inicialmente se cuaja la leche de búfala y después (aquí está la diferencia) se sumerge en suero lácteo caliente. Esto produce el característico aspecto y textura de la burrata, ya que se forman unos filamentos grasos, dando lugar a una increible textura y sabor donde prima un carácter fresco y finamente lácteo. Una vez en casa, sólo nos quedaba tratar con respeto a estas dos delicadas maravillas, para ello, un plato chulo, sin dibujos. Un poco de sal, para este caso, mejor flor que escamas, que con el tomate no me acaban de convencer. Un buen Aceite de Oliva, aunque no excesivamente aromático, en este caso optamos por un sobrio Cornicabra de la Cooperativa Ojos del Guadiana en Villarrubia de los Ojos. Y un toque de pimienta recién molida. Para acompañar, pues necesariamente con un blanco sutil, pero con carácter. En estos menesteres la Sauvignon Blanc del Loira rara vez falla. Tiramos del excelente básico que elabora Henri Bougueois, una casa productora que proviene de nada menos que 10 generaciones de vignerons, elaboradores en Sancerre y St. Etienne. Petit Bourgeois 2009 llegó pajizo muy claro con aromas de albaricoque y piña en pugna con notas puramente minerales. Tan directo en nariz como en boca, donde se muestra cítrico, con nervio, frescura y agilidad. Vuelven los aromas de la nariz, aunque con algo más de manzana granny-smith y de nuevo los cítricos. Francamente agradable por su frescura, que proporciona un placer inmediato y va de miedo con la grasa de nuestra ensalada. Un vino que por menos de 8 euros nunca defrauda. Sauvignon sin maquillajes. Aunque tampoco hubiera ido mal un tinto joven en la misma línea de sencillez pero sin crianza (el tomate la pulverizaría). Lo dicho, producto...





4 comentarios:

Pachi dijo...

Ay, que es la hora del aperitivo y estas cosas me hacen mucho mal...:)
Que gran verdad lo del producto y mas aun con los tomates.

SIBARITASTUR dijo...

Buuf los tomates. Compré hace unos días unos ecológicos que de textura estaban muy bien pero carentes de sabor, apunto estos.
La verdad que viendo las fotos apetece mucho entrarle a eso y con el día de sol que hace aquí no veas lo que apetece un blanco.
Como siempre en tu línea, estupenda propuesta.
Por cierto a que precio salen esos tomates?

Mariano dijo...

Gracias Pachi. Es que esto hay que verlo con el estómago lleno ... ;)

Mariano dijo...

Gracias Jorge, efectivamente un plato perfecto para el calor.

Pues hombre, los tomates no eran precisamente baratos (a unos 6 euros el kilo), pero para darse un capricho...

Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

Puedes comprarlo on-line en...

Visitas

Seguidores