lunes, 6 de septiembre de 2010

De la Tinta Femia y el ocaso

De nuevo nos vemos obligados a salirnos del guión establecido, pero miren, otra vez las emociones recientes se imponen por un bien mayor.

El caso es que ayer abríamos una botella que nos hizo pensar. Esa botella fue adquirida hace un año, en un lugar llamado El Iglesiario, una hermosa taberna situada en Cela, pequeña comarca que se eleva sobre los hombros de la villa de Bueu (Pontevedra), y nos brinda una privilegiada visión de la Ría.

El vino que contenía esa botella es el producto del trabajo local sobre una variedad que sólo crece allí. La llaman Tinta Femia. Nos había hecho disfrutar en su día de una maravillosa cena en el Iglesiario, y uno decidió hacerse con una de esas botellas sin etiquetar para darle tiempo y probarlo con calma. A pesar de las advertencias del vendedor sobre el carácter artesano del tinto, su no adición de sulfitos y su consiguiente dificultad de conservación. Nos olvidamos de él durante un año. Hasta ayer, en que se mostró pleno de salinidad y frutas rojas, potentes herbáceos y balsámicos, aromas de sidra, eucalipto, manzana algo pasada y aunque algún defecto de verdor y oxidación, pleno de complejidad; anguloso en boca con tremenda frescura, ligero de cuerpo y crujiente acidez, puro nervio, volvían defectos de verdor, pero seguía agradable, salvaje, diferente...

Resulta que estos vinos generan, tanto localmente como entre los visitantes de la zona, una auténtica fiebre. Nadie pide otra cosa para tomarse una caldeirada de pulpo o una cazuela de lenguado. A Festa do Tinta femia, es un éxito año tras años y pocos son los que tras probarlo (y no detestarlo) no se llevan una botellas. Dicho esto, quizás algún avezado lector se pregunte por qué un vino de estas características no sale de allí.

Les daré algunos datos. Aunque hay tesis muy solventes que defienden la tinta femia como una variedad del Caiño (tal vez lo más parecido a la Pinot Noir que hay en España), lo cierto es que goza de reconocimiento propio como variedad minoritaria, es decir, aquella, según el Ministerio de Agrigultura, de la que existen menos de 1.000 hectáreas a escala nacional.

Según la Asociación de Viticultores de San Martín de Bueu, que es la única organización conocida que defiende el asunto, en Cela hay 185 hectáreas de viñedo, de las cuales 65 corresponden a viñas abandonadas. La mayoría son prefiloxéricas y, al parecer la cepa madre se plantó en 1782.


Pero ocurre que- y aquí viene lo fuerte- esas 120 hectáreas no abandonadas que nos quedan- salvo que me hayan informado mál- se distribuyen entre 1.930 propietarios. Si, sí, el microfundismo elevado (o más bien reducido) a la enésima potencia, y una situación absurda en la que cada propietario tiene una media de 0,06 hectáreas. Y, repito, 65 abandonadas.


Imagino que el lector ya se va haciendo una idea de lo que ocurre aquí. Pero hay muchos factores. Primero está el dinero. Resulta que el terrateniente, que también come, obtiene más beneficios de plantar dañinos eucaliptos que de estas antiguas cepas que, por el contrario, nadie subvenciona; y como la D.O. Rias Baixas no reconoce esta zona de producción, pues tampoco le compensa arrancar para plantar albariño (la uva más cara de España, por cierto).

Aquí llega el segundo factor que juega- o más bien, deja de jugar- un papel importante, la D.O., que, influida exclusivamente por los intereses de los grandes productores, no muestra preocupación alguna por nada que no sea blanco, y en botella.

A esto le tenemos que añadir una administración autonómica, mucho más preocupada en que las etiquetas estén en gallego normativo que en recuperar variedades autóctonas. Les daría igual que se arrancara toda la mencía de la Ribeira Sacra para plantar tempranillo, siempre y cuando la llamaran arauxa.

Y finalmente, no podemos olvidar el carácter de la mayoría de los viticultores autóctonos, con una media de edad que posiblemente supere los 70 años y que, como es lógico no quieren oír hablar de nada que no sea la elaboración de vino joven para vender en el año. Quizás alguien debería hablar de organizarse, de dar a conocer la variedad, de recuperar viñedos, de la elaboración de vinos finos y etiquetados, de la maloláctica, de la poda en verde o de sulfatar menos. Mientras tanto, estos tintos no llegarán a lo que pueden ser. Mostrarán defectos de verdores, desequilibrios de acidez y alcohol (dudo que la graduación media supere los 10º), recuerdos a cuadra, botellas muy irregulares y pocas posibilidades de longevidad.

Lo curioso es que a pesar de todo ello, a día de hoy, resultan frescos, explosivos aunque ligeros, angulosos, complejos, con mucho nervio, alegres, elegantes en cierto modo, y con un regusto Borgoñón, como si la pinot noir hubiera pasado un par de lustros viviendo en taparrabos por la selva del Amazonas.

Y es que, en definitiva, aunque con pocos medios, una variedad grácil y centenaria, bañada por los vientos de la ría, cuya orilla está a pocos metros, que sobrevive en pendientes brutales de orientación oeste, que debe competir con helechos y malas hierbas para salir adelante, se expresa a pesar de todo.

Yo invito al que lea esto y le gusten los vinos frescos, de carácter atlántico, a que se pase por allí, conozca la zona, sus viñedos entre helechos, su puesta de sol, su olor a sal y, de paso, pruebe esos tintos, no le dejarán indiferente.

Además, por el momento y hasta que un héroe decida que, en esas hermosas tierras, se pueden hacer vinos finos de calidad para sorprender al mundo, esa será la única forma de disfrutarlos.

Como decía Bonnie Tyler...



... esperemos que aparezca algún héroe antes de que a la tinta femia le llegue el ocaso.

18 comentarios:

pedro dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
pedro dijo...

Se puede decir más alto pero no más claro Mario, lo que está pasando en Cela es una auténtica pena, creo que podemos decir que está en peligro de desaparición un tesoro agrícola y enológico. Viñedos muy antiguos que dan una uva única, con unas condiciones del terreno magníficas y con muchísimas horas de sol en verano hasta que este se esconde en el Atlántico detrás de la isla de Ons.
Solamente la asociación de viticultores se resiste a que esto se vaya perdiendo, pero sus medios son pocos y la edad de sus miembros elevada, y la gente ya no está para inversiones, para pelear con la DO etc.

Viñedos de la misma variedad con los que la gran bodega Forjas del Salnés hace su Goliardo Caiño, apenas a 10 km en línea recta atravesando la ría, para que se hagan una idea del potenciial de la uva.
En dos o tres años estos viñedos estarían a pleno rendimiento, pero nadie se atreve a emprender sin apoyos.
Parece que esto aquí no interesa, ni a la DO Rías Baixas, ni a la Xunta ni a nadie, eso sí, cada año aumentamos los rendimientos por hectarea para la albariño....venga vino industrial!!!

El problema final de este país, como siempre es la cultura, o la falta de esta para saber apreciar lo propio.

Confiemos en que la pasión que aún le ponen los viticultores de Clea para elaborar sus propios vinos se contagie a la gente joven y que se den cuenta que aún estamos a tiempo de hacer nuestro pequeño rincón de la Borgoña en la Península del Morrazo.

Mariano dijo...

Gracias por el comentario Pedro. Pero para que pase algo, y salvo que aparezca un Raul Pérez de la vida, son los de allí los que tienen que coger al toro por los cuernos...

Un abrazo!

SIBARITASTUR dijo...

Excelente Post Mariano, despues de leerlo me entran ganas de probar ese tinto.
Mariano, compramos 2 hectáreas y nos ponemos a ello?, jejejejeje

Mariano dijo...

Gracias Jorge. Pues el problema (y esto también cuesta bastante creerlo) es que, aunque las ficas estén totalmente abandonadas, seguro que no te las venden...

SIBARITASTUR dijo...

jajajajaja, gallegos....
Hace timpo en una cata de as sortes, Rafael Palacios contó su odisea para comprar un terreno pequeño, teniendo que localizar a un montón de dueños con trozos de terreno ridículos....

Jorge Díez dijo...

Qué lástima da el panorama que describes. Está claro que se pierde un tesoro.
Habrá que probar eso antes de que desaparezca.

Antonio dijo...

Cada uno ve la feria con el corazoncito que tiene y este le late con lo que le late... pero la realidad o la naturaleza es la que es. Las variedades autóctonas son las que son, o eran las que eran, como lo es el clima o sus suelos, es una simple adaptación natural, el gallego en Galicia no se impone, y menos con esta xunta, es algo natural, o lo era.
Me gusta ver en los vinos chinos su idioma en la etiqueta lo mismo que en un croata, italiano, catalán y por supuesto francés, no se porque pero sábeme mellor... será o meu corazoncito.
Por lo demás siempre certero, magnífica descripción de la tinta femia y de su ocaso.
Un saudo
Antonio

pedro dijo...

Antonio creo que un gewurztraminer cultivado en Vaaldeorras por muy en gallego que esté etiquetado... no sabría mejor, aunque esto se trate de sensaciones, no sé...Lo que no tiene sentido es que la Xunta bombardease a cartas a los bodegueros para que etiquetasen en gallego con subvenciones, y por recuperar varieades autoctonas no diese un duro ni se apoyase ese trabajo, eso si que es defender lo autóctono y lo propio, pero vende mas el idioma...

Mariano dijo...

Jorge Díez, esperemos que no se pierda... mientras hay vida hay esperanza...

Anónimo dijo...

Me referia a que si defendemos el vino más natural, con menos manipulaciones, con levaduras naturales y variedades autóctonas o perfectamente adaptadas a un terroir, pues un factor nada importante, ya lo se, como si lo son el microclima, los suelos, el ecosistema de la zona y el hombre que lo maneja seria el idioma de ese espacio.
Nunca me paso por la cabeza la ridiculez de: "un gewurztraminer cultivado en Vaaldeorras etiquetado en gallego sabe mejor". Simplemente prefiero un vino gallego etiquetado en gallego, no se porque...

Antonio

Mariano dijo...

Hola Antonio, gracias por el comentario.

Vaya por delante que nada más lejos de mi intención que abrir el debate linguístico. Ni es objeto de este blog ni creo que le interese a la mayoría de la gente que pasa por aquí.

Dicho esto, a mí me da igual la lengua de la etiqueta siempre que su autor tenga libertad para expresarla como Dios le dé a entender, pues es lo que hay dentro de la botella quien me tiene que decir de dónde viene (que es precisamente lo que yo más valoro en un vino).

A partir de ahí, lo lógico y normal es apostar por lo propio, pero eso nada tiene que ver con la defensa de postín, de cara a la galería, que hace la Administración, un poco en la línea de lo que dice Pedro. Es decir, si defiendes el vino autóctono, perfecto, defiéndelo, pero no te quedes en la etiqueta.

Creo que nuestro amigo Rodri (por cierto, fantástico reportaje el de tu blog) te puede dar su particular visión del tema...

Saludos,

Antonio dijo...

Hombre! de este tema nunca hablamos, pero siempre habrá copas y vino... per parlare.

Apertas

Anónimo dijo...

Great read! Maybe you could do a follow up to this topic??

-Kindest Regards,
Nora

Noografo dijo...

Me has dejado flipado... ¡Mileurismo gourmet!

Creo que voy a tener que dedicarle algunas horillas a tu blog. Me ha encantado tu post, tengo la sensación de que voy a aprender cositas cositas...

Saludos

Manuel Conde dijo...

Salvemos la Tinta Femia D.O. Cela y punto, comenzando por una cooperativa, ¿Quien se Apunta?

Xurxo G. G. dijo...

Hola Mariano :-)

He llegado a este post y al blog, buscando información sobre la variedad tinta "Caíño".

Yo he bebido unas cuantas botellas de "Tinta Femia" en ese mismo Igresario y casi siempre que cené allí me llevé algunas botellas del mismo vino.

Lo mío no tiene mérito. Yo nací en una aldea de la península de O Morrazo hace ya demasiado tiempo, cerca de Cela y aún más cerca del lugar en la que se cultiva eso que por por allí llaman "o viño da aréa".

Mi abuelo tenía unas pocas parras de Tita Femia y en algunas ocasiones gocé del placer de podarlas y arreglarlas, y hasta de vendimiarlas!! así como de pasar algunas noches largas a lado de las potas que extraían el aguardiente del bagazo de esas uvas, asando arenques en las brasas del carballo. Y también viví el placer de tocar la gaita mientras otros quemaban ese aguardiente en cazuelas de barro con azúcar. Las palletas se queman mejor con el aliento de la queimada :-)

Leer este post tuyo ha sido para mi un momento agridulce. Hace algunos años que vivo demasiado lejos de esas tabernas y ese vino, como sabes, no aguanta un viaje de 2.000 Km por mar.
Si se llegase a elaborar con una técnica adecuada (dejando fermentar el vino con el bagazo) el contenido en alcohol sería un poco más alto y el vino se mostraría mucho más estable y duradero.
Sospecho que podría incluso envejecer con bastante garbo.

Gracias mil.

Mariano dijo...

Hola Xurxo, me alegra que estas lineas te hayan removido y espero verte más por aquí.

Veo una foto, no muy lejana, de vinos de tinta femia serios, orgullosos y etiquetados, listos para mostrarse al mundo. Quien sabe si pronto...

Saludos!!

Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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