domingo, 16 de mayo de 2010

De un curioso moscatel

El jueves pasado, durante el periplo de búsqueda de piso que nos lleva a mi querida y a un servidor por los aledaños de la carretera de La Coruña, como en otras ocasiones, nos sorprendió la noche y la consecuente desgana para meterse en la cocina y preparar algo para cenar. Por suerte uno es más hábil buscando restaurantes que inmuebles, así que encontré en Torrelodones, a medio camino entre la tierra prometida y nuestra casa actual, un curioso restaurante de original diseño, de oscura intimidad y con una, a priori, interesante oferta semanal.


El restaurante se llama Capsicum y comentaré poco de él, pues me pidieron no hablar del menú, por encontrarse lejos del nivel medio del mismo. El caso es que el sumiller, muy didáctico, me recomendó con acierto una alternativa a mi elección de un Selbach Riesling Kabinett con el que acompañar el menú, pues las viandas requerían, en su opinión, un vino con algo más de fuste. La sugerencia, fuera de la carta, fue un curioso moscatel seco de Granada llamado Calvente 2008.


No negaré que puse cara rara, pues la variedad me suele cansar, pero acepté con buen criterio. Llegó entonces una botella de limpia presentación que, en copa desplegó desde el inicio toda esa gama de flores, mieles y especias, vaporosa y consistente que sueltan los moscateles habitualmente. El paladar, como si el del perro de Pavlov se tratase, se preparó inconscientemente para un trago dulce, sin embargo el vino se precipitó seco, ágil, fresco y con mucho nervio. Su paso era alegre, pero sin renunciar a cierta enjundia de grasa vestida de buena acidez, pero sin dejar de repetirse la aromática que advertíamos en nariz, aunque acentuándose ahora los cítricos y los tropicales. También era más largo de lo esperado

Un blanquito de esos que entra sin alardes de grandeza, pero que por su alegría, y sobre todo por su frescura pide otra copa más,manteniendo por su aromática cierta capacidad para hacer frente a platos relativamente contundentes, aunque ojo con esa arma de doble filo, que se puede cepillar las sutilezas de muchos platos como el steak tartar de buey con el que empezamos. Buen vino cuyo precio desconozco, pero que en el restaurante fue de 20 euros iva incluido. Teniendo en cuenta que era el mismo del Selbach, quizás en tienda ronde los 9 euros.

En cuanto al restaurante, tal vez volvamos para probar el degustación muy sugerido por la gerencia, pero cuando la cartera pida más alegrías, ya que el menú del día (entrante, principal y postre) pan aparte, el susodicho moscatel y un dos copas de vino dulce se subió hasta los 90 euros.

En otro orden de cosas, un aviso a los navegantes, el 7 de junio se celebra en el círculo de actores "Petit Comité" un encuentro para frikis del vino natural al que no se puede faltar. Yo allí estaré, y dejo información a la derecha para quien le interese.

4 comentarios:

Smiorgan dijo...

Algunos moscateles secos fresquitosno están mal, aunque casi me quedo con los dulces.
La verdad es que el menú del día con los vinos por 90€ no lo veo muy barato, no? No dudo de la calidad, pero como no nos puedes contar nada, se me hace pelín caro.
Saludos.

Mariano dijo...

Hombre, tanto en secos como dulces hay de todo y para cada cosa, pues no me imagino a un moscatel dulce acompañando toda una comida. El caso es que ninguno de los primeros me había sorprendido hasta ahora.

Y lo del menú, a buen entendedor...

Saludos!

Antonio Lopez dijo...

jolin, lo que aprende por estos lares
un moscatel que no sea dulce...
a mi me dice un sumiller que acompañe una comida con un moscatel y pienso que esta mamao jeje
ahora ya se un poco mas :-)

Mariano dijo...

Ya ves. No creo que ningun moscatel seco vaya a acaparar muchos premios, pero oye, este tiene muchas de las cosas que yo le pido a un vino para disfrutar de él...

Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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