martes, 6 de abril de 2010

Potaje de vigilia Tandoori y un rosado peculiar

Aunque acaba de pasar la Semana Santa y entramos de lleno en la primavera, no quería dejar pasar la oportunidad de comentar el último potaje de la temporada que, como no, debía ser de garbanzos.

Adoro la cuchara, y no podría estar más de acuerdo con Karlos Arguiñano cuando lo llama “comida inteligente”. Efectivamente, comemos muy poca legumbre en relación con su ubicación en la cadena alimentaria, y sin embargo tanto su aporte nutritivo como sus enormes posibilidades culinarias las convierten en un auténtico filón, y encima, no podría ser más barato; y si no, prueben a ver lo que da de sí un kilo de garbanzos.

Además, como suele mejorar al día siguiente, es una comida perfecta para llevar en tupper, así que siguiendo la sugerencia de un amable seguidor de Valladolid llamado Nacho, inauguramos también una sección de viandas para la ofi.

Lo que hoy nos ocupa trae realmente causa de un buen manojo de berros con los que tenía que hacer algo, y ya llevábamos unas cuantas ensaladas. Recordé entonces el clásico potaje de garbanzos con espinacas, y me pregunté qué ocurriría si sustituyera éstas por berros, a partir de ahí, decidí darle un toque exótico con el desarrollo que a continuación desarrollamos.


Antes de nada, toca algo de previsión, hay que dejar los garbanzos en remojo. Yo los utilicé predrosilanos y los puse en agua con una cucharada de sal gruesa durante 20 horas.
Pasado este tiempo, que suele coincidir con el día siguiente, tiramos el agua de remojo (en parte causante de parte de las flatulencias asociadas al garbanzo) y cubrimos en una proporcion de casi el doble de agua que de legumbre.

Añadimos entonces 4-5 zanahorias hermosas, una cebolla grande cortada a la mitad de forma que no se deshaga, un hueso de ternera o de jamón (lo que tengan a mano), una hoja de laurel y un buen manojo de berros. Incorporamos un puñado de sal y, opcionalmente, una pastilla de caldo, 2-3 granos de pimienta negra y una semilla de cardamomo.


Ponemos la olla express con el fuego al máximo y cuando empiece a hervir tapamos al 2 y bajamos a fuego medio-alto, dejándolo cocer durante 50 minutos (un poco más si el agua es dura).

Mientras tanto prepararemos una fritada de cebolla y ajo a los que una vez pochados añadiremos tomate pelado.


Para estos menesteres yo suelo utilizar una excelente conserva que mi madre suele ponerme en la maleta cuando voy por Pontevedra de visita llamada La Rosaleira, algo más difícil de encontrar fuera de Galicia, aunque no es la primera vez que topo con ella por Madrid.


Lo desharemos poco a poco con la cuchara de palo, al principio a fuego fuerte y para después ir bajándolo.


Cuando el líquido se haya reducido incorporamos las especias. Aunque lo normal es utlizar comino y pimentón, yo añadí una cucharada de este Tandoori Masala (que, por cierto, tenia ya comino y pimentón entre otros), un excelente combinado de especias que, además de ir de maravilla con los garbanzos, los hará más digestivos.


Una vez terminada la cocción de la legumbre incorporaremos el sofrito y dejaremos cocer a fuego muy lento unos 20 minutos más, añadiendo caldo o agua si fuera necesario, en nuestro caso no hizo falta.


Para disfrutar del plato en plenitud, lo mejor es esperar al día siguiente, tostar unas finas láminas de pan con una gota de aceite y acompañar con ellas el guiso.


Como adelantaba antes, puede llevarse puesto...


Y aunque son los tintos los que habitualmente se sirven con estos platos, yo probé, con éxito un particular rosado elaborado por Bodegas Margon en Leon. Se trata de un 100% prieto picudo con una crianza de 7 meses en troncocónico de roble. Un vino en el que se aprecia la sutil mano de Raúl Pérez, exaltando la variedad pegada al terruño y en el que la madera es un mero vehículo que pasa inadvertido si no se le busca.


Pricum Rosado Barrica 2008 se presentó a la vista con un bonito picota, oscuro, aunque traslúcido y lejos de las tonalidades claras, habituales en estos vinos. Muy térreo en nariz, va dando notas de frutillas rojas, heno y lácteos. Ni rastro de la madera. Lo mejor llega en boca, donde es serio, vibrante y largo en su recorrido. Aparecen unos inesperados taninos que dan estructura y enjundia al conjunto, pero sin restar frescor, pues muestra una magnífica acidez y escasa presencia del alcohol. Su postgusto, tambien largo, le permite hacer frente a los garbanzos sin desfallecer, al contrario, la fruta se parapeta en el paladar y cada trago se hace más agradable.


Todo un descubrimiento.

10 comentarios:

Antonio Lopez dijo...

si señor, olé ese guisote con un toque exotico, habra que probar,q ue pa eso soy muy tradicional, demasiado jeje.
solo pondria una pega, cambia ese taper macho, que no lo veo yo pa darle muchos meneos en la mochila jeje
yo cocino pa 2 y siempre me paso de cantidades y tengo pa 2 semanas por lo menos, asi que congelo normalmente en racioncitas y queda bastante bien, asi que estas nuestras legumbres son tan agradecidas, que hasta congelandonas y descongelandonas nos hacen disfrutar.
legumbres varias veces por semana ya!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

SIBARITASTUR dijo...

Coincido con Lolo, muy buen post.
Lolo, si quieres calcular cantidades, con 55 grs de lentejas por persona y comida y 85 de garbanzos es suficiente.
La base de mi dieta es de legumbres. Como ya he comentado en alguna ocasión las hago con distintas verduras pero nunca hago sofritos, lo meto en crudo todo con un chorro de aove y pimentón.
Mariano, que te costó ese Rosado', has probado el Tinto?.

Antonio Lopez dijo...

gracias por las cantidades sibarita,
aun asi seguro que me paso igual jeje

Mariano dijo...

Hola Antonio, muchas gracias!

Lo del taper no es casualidad tío, he oido cosas terribles del plástico y sus repercusiones en el cuerpo humano (seguro que exageraciones), pero en la medida de lo posible trato de evitarlo, je je.

Mariano dijo...

Hola Jorge,

Cocerlo todo es una excelente opción. El sofrito le da un poco de enjundia y, sobre todo, es un excelente catalizador para cualquier especia (véase pimentón, comino...), pero desde luego no es necesario.

Si te digo la verdad, el vino me lo regalaron aunque creo que no debe andar por encima de los 10 euros.

Saludos!

pedro dijo...

Que buena pinta Mario, aunque especiado de collons no?
La Rosaleira es una maravilla, el tomate no lo conocía, ahora, los grelos son un básico en mi despensa, una maravilla, aunque sabrás que lo acaba de comprar Terras Gauda, a ver como sigue la cosa.
Oye como crees que evolucionará este rosado en botella?

Mariano dijo...

Ostras, menudos grelos, pero lo mismo los te Terras Gauda los atiborran a levaduras y acaban sabiendo a plátano... brrrr, qué miedo!

Respecto a la evolución del pricum, no tengo ni idea, porque los rosados (Salvo Tondonia que es otro mundo, no suelen agradecer mucho la botella), aunque por el perfil de este, que es mas de tinto tipo borgoña (salvando las diferencias), con toda esa acidez y un buen esqueleto, creo que al menos un año aguantaría e incluso podría ganar complejidad... sólo hay una forma de saberlo, ¿alquien se ofrece?...

Nacho dijo...

Aunque lo leo con un poco de retraso, me ha encantado la receta y el inicio de una serie de ellas para "llevar puestas".
Un saludo desde Valladolid!

Nacho dijo...

Por cierto, ¿Me permites la sugerencia de sustituir "tupper" por tartera? Es mi prurito lingüístico.
Gracias de nuevo.

Mariano dijo...

No hay de qué, y aceptada la sugerencia... que a veces admitimos anglicismos sin necesidad.

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