viernes, 19 de marzo de 2010

Duero Vs Douro. Capitulo I



Lamento estos días de ausencia, pero últimamente el trabajo me tiene absorbido, me comprime el cuerpo y casi el alma, por lo que en el escaso tiempo libre que me queda, se me hace algo cuesta arriba ponerme a escribir.

Quede claro que lo anterior no es una queja, no sólo por aquellos que en esta época tan complicada no pueden decir lo mismo, sino también porque la sobrecarga de labores es también la consecuencia de que se me hayan encargado tareas más elevadas y por ello he de estar agradecido.

El caso es que cuando uno termina la dura jornada necesita entretenerse en algo que no tenga nada que ver, como lo es esta comparativa a la que ya le tenía ganas desde hace tiempo.

Curiosamente fue una botella de Quinta do Crasto que todavía anda por casa la que un día me empujó a probar juntos dos vinos del Duero y ver de cerca esos dos conceptos de hacer vino que en la mente se me hacen tan distantes. Ribera del Duero por un lado, Vinhos do Douro por otro. Mismo río, distintos vinos.

Aunque más de uno lo discutiría, la Ribera del Duero no termina en Quintanilla de Onésimo, y ni siquiera en Sardón de Duero. Porque la viña no entiende de fronteras, más allá del límite con Portugal existe otro terruño unido a un modo algo diferente de entender la elaboración de un vino.

Aunque inicialmente el cultivo de la viña se practicaba únicamente en el Alto Douro, (nombre con el que hace algunos años los autores se referían a la zona vinatera que hoy es conocida como el Baixo y el Cima Corgo), hoy se les ha añadido el Douro Superior, que prosigue hasta la frontera con España. Pese a que la extensión total reune unas 250.000 hectáreas, sólo unas 45.000 son consideradas válidas para vinos de calidad por el Instituto dos Vinhos do Douro e do Porto.


En su mayoría son suelos de pizarra, dominando las texturas franco-arenosa y franco-limosa, con elevada cantidad de elementos toscos que confieren protección contra la erosión hídrica, buena permeabilidad a las raíces y al agua y elevada absorción de energía radiante con consecuencias positivas en la maduración y en la disminución de la amplitud térmica diurna.

Situada en valles profundos, protegidos por montañas, la región se caracteriza por inviernos muy fríos y veranos muy calurosos y secos.


Entres los tipos de uva se destacan la Tinta Amarela, Tinta Barroca, Tinta Roriz, Touriga Francesa, Touriga Nacional y Tinto Cão; los tipos de uva blanca predominantes son la Malvasia Fina, Viosinho, Donzelinho,Gouveio.

Y como no me quiero enrollar más adelanto que me costó encontrar un Ribera de características similares en añada y crianza al citado Quinta do Crasto, así que como no lo encontré (y además el Ribera lo iba a tener difícil) opté por este Envel 2007 de la Bodega Real Compañía Velha, propietaria de unas de las mejores Quintas do Porto, elaborado a base de Touriga Nacional, Touriga Francesa, Tinta Roriz (o Aragones, que es lo mismo que el tempranillo) y con una crianza de siete meses en roble francés.


Se presentó con un meloso picota ribete mora claro, capa baja. Intenso en nariz, con guindas, pimiento rojo, violetas y un fondo de mina de lápiz que trae recuerdos minerales (la nariz me recordó mucho a algunos mencías, y ni rastro de la madera).

En boca el ataque es fresco aunque con algún deje a lo chocolatoso, en el que la madera sí se hace algo más presente y aparecen vainillas; pero la fruta es vigorosa y se hace valer. El alcohol y la acidez están bien compensados, suaves taninos bien integrados y aunque quizás decae algo en el postgusto (un poco corto) aparecen en retronasal ricas cerezas y chocolates. Tremendo vino por unos cinco euros.

Como adelantaba antes, este Envel fue el suplente por no haber sido capaz de encontrar un Ribera sin madera (increible pero cierto) en un rango aceptable de calidad. Comprobado esto, me decanté por uno conocido, en un precio aceptable y que en otras ocasiones había demostrado cierta solvencia, se trata de Martín Berdugo Roble 2007, un 100% tinto fino con maloláctica en depósito (15-20 días) y cuatro meses de crianza en roble (me atrevería a decir que americano).


Se mostró a la vista con un picota ribete amoratado, de capa más bien alta. Empezó cerrado, sacando sobre todo animales y tostados que iban remitiendo con la aireación. Notas térreas, trufa, balsámicos y algo de higos. Notable presencia del alcohol. El ataque en boca es también algo alcohólico, quizás algo mitigado con cierta, aunque insuficiente, acidez. Taninos secantes algo planos. En conjunto no es un vino demasiado interesante, aunque tiene cierto nervio y puede ser agradable para comer con unas berenjenas rellenas como las que acompañó.

La conclusión es parecida a la del otro día con los distintos perfiles de vinos de Madrid que probamos, dos formas distintas de hacer vino, una atlántica y otra mediterránea. Vinos frescos, corredores de fondo, más ligeros, y otros más alcohólicos y untuosos. Pero aquí también está la diferencia marcada con el terruño y las distintas variedades. Si bien la comparativa requiere analizar vinos algo más complejos (lo que dejamos para un siguiente capítulo) Yo me quedo con la primera opción.

Continuará...

2 comentarios:

Smiorgan dijo...

Ya hace meses, en una degustación de vinos de la región del Duero, probé un Douro, el Quinta do Portal, que me había llamado lo atención, pero nunca me puse a buscarlo. Me has dado una idea.
Enhorabuena por el crecimiento laboral.
Saludos.

Mariano dijo...

Gracias Smiorgan,

Te recomiendo que profundices en el Douro (sobre todo porque el formato actual del Duero quizás se esté agotando).

Saludos!

Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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