domingo, 7 de febrero de 2010

Dimibang: redescubriendo el Madrid internacional

Dejamos un "continuará..." en el apasionado debate del post anterior sobre los vinos naturales para volver con el mundo del restaurante, pues tras muchos intentos en la sierra, unos fructíferos, otros no tanto; he superado mi período de alejamiento para volver a depositar mi confianza en Madrid y sus restaurantes. Tras conocer a Juan y su Cantamora me he dado cuenta de que no pueden pagar justos por pecadores, y que no todo en la capital son maltratos indiscriminados al bolsillo a cambio de nada o de muy poco.

Como apuntaba en aquel post, y ojo, sin satisfacción porque yo no le deseo mal a nadie, la crisis se ha ocupado de muchos lugares cuya aportación a la gastronomía, o al simple deleite, era prácticamente nula, y únicamente pensaban en hacer caja aprovechándose de que los fines de semana en España, la gente sale a donde sea...

Ahora ya no es así, es tiempo para que florezcan los que traen algo nuevo, pero también para aquellos que llevan algo más de tiempo trabajando en silencio para hacer las cosas con temple, cariño y seriedad sin destrozar las carteras del personal.

Y de ese segundo caso vamos a hablar hoy con un reciente descubrimiento fruto de la lectura de los premios Metrópoli de este año, que otorgaban la mención de honor en la categoría de restaurantes extranjeros a un pequeño y humilde coreano-japonés llamado Dimibang.

Cuando llegas allí la cosa tira un poco "patrás" por la vista de un local sobrio y funcional y, sobre todo, por unas terribles copas – tipo nocilla – que se veían sobre todas las mesas. Pero bueno, allí nos sentamos y pese a mi intento de dejarme asesorar para pedir cosas raras, mis femeninas acompañantes decidieron irse a lo conocido, no obstante lo cual, hay que decir que la jefa de sala, aparte de su carácter afable y con mucho sentido del humor (en un perfecto español), asesora bien.

Mientras esperábamos, nos trajeron unos deliciosos espárragos verdes marinados con sésamo muy delicados y agradabemente crujientes. A todos se nos abrieron mucho los ojos cuando los probamos.

Desde luego un buen comienzo que se vio mejorado por el variado de nigiris que hizo acto de presencia. Varias piezas visualmente impecables con atun rojo, salmón, lubina, pez mantequilla, langostino, huevas y unos especialmente destacables de ventresca de bonito y anguila marinada. Producto y buena técnica sin más.

Y seguimos con la única sugerencia que coló, se trataba de un plato llamado Tasuna Maki, una especie de enormes makis tipo "california roll" en los que el alga nori se colocaba dentro del arroz, y rodeando a su vez a unos crujientes langostinos en tempura y aguacate y sobre ellos unas piezas de atun rojo y salmón aderezadas con sésamo negro. Aunque el manejo del bocado, por su tamaño, era ciertamente complicado, la deliciosa explosión de sabores lo compensaba. Lo mejor de la noche y de esos platos que no pararías de comer.

La foto no le hace mucha justicia porque ya lo habíamos empezado a desmantelar y, además, un servidor no es lo que se dice un premio Pulitzer, vaya.

A continuación llegó una tempura de verduras que, de nuevo, era toda una lección te técnica y de que no todo lo que hacen por ahí (incluyéndose a un servidor) a base de harinas preparadas, puede llamarse tempura. De nuevo, la foto infiel oculta en parte cuerpo fino y muy crujiente del rebozado, perfecto el punto de la verdura y ni rastro de aceites.

Y terminamos con un plato koreano de fideos de arroz llamado Chapche. Venía acompañado de verduras crujientes y ternera. Especiado y ligeramente picante un bocado muy agradable que nos pilló ya un poco llenos, aunque andando uno se ocupó de que no quedara nada.

La lamentable carta de vinos nos invitó a disfrutar de unas ricas cervezas japonesas que, la verdad, van muy bien con todo.

Y con el postre nunca aprendemos la lección de que en los orientales no hay que pedirlos. Este helado de té verde tipo Hulk nos lo recordó.

Sin embargo sería injusto quedarnos con la impresión del final cuando en conjunto disfrutamos de una exquisita cena por unos treinta y tantos euros por cabeza, y porque tenemos muchas ganas de volver.

Dimibang
C/ Rodriguez San Pedro 67
Madrid
915 446 213

5 comentarios:

SIBARITASTUR dijo...

a esos precios todavia se puede salir de casa.....

Mariano dijo...

y es que muchos se están poniendo las pilas y dándose cuenta de que sobre determinados precios sólo les queda el abismo, y otros, simplemente, los mantienen...

compangu dijo...

Pues quizá salisteis ganando lo de la cerveza.
Gente que controla bastante de este tipo de comida siempre me dice que pocos vinos pueden superar a una buena birra para acompañar estos platos.

(A ver si diciendo esto no vuelvo a cometer otra cagadita como la que solté en el post de LA CANTAMORA en relación al vino, jejeje)

Mariano dijo...

Hola Compangu,

Pues como bien dices, la cerveza suele ser una opción mucho mejor que la mayoría de los vinos comunes que tienen en los restaurantes (aquí, imaginate el plan, Protos, Alkorta, Martin Codax...y ya).

Sin embargo hay blancos que van muy bien, especialmente rieslings secos (mejor Alsacia), gewürztraminers, algún Chenin y los albariños de verdad (escasean) más minerales... si no, el equilibrio mejor, con la cerveza.

Saludos!

(qué bueno lo de la cagadita, je je, lo último que esperaba era la intervención de Coalla...)

Anónimo dijo...

Acabamos de estar y no volveremos.
Decidimos no tirar de menu de mediodía ya que nos pareció más de lo mismo y queríamos probar algo distinto. Pedimos comida koreana y aunque estaba bueno, no nos pareció nada espectacular. El principal problema fue con uno de los segundos que nos indicaron que se comía metiendo la carne en la lechuga que traían. La lechuga que trajeron era escasa y se hacía complicado comer, habían cortado las hojas de lechuga por la mitad o en tres. Como había poca pedimos más y cual fue nuestras sorpresa cuando nos trajeron la cuenta que nos habían cobrado la lechuga extra ¡a E1,80! Obviamente indique que me parecía un abuso y que así no iban a crear clientes y me respondió la camarera que "eso era un restaurante no...", como si fuera tonto y no entendiera lo que es un negocio. Allá ellos, pero en mi opinión tener los precios altos, con una comida no más que aceptable y encima cobrandote 4 trozos de lechuga a un euro con ochenta y tratandote como si fueras tonto no va a ser un sitio donde vuelva a dejar mi dinero y, por supuesto, avisaré a mis conocidos.

Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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