sábado, 15 de agosto de 2009

Tugurios y reflexiones

Desde exilio vacacional dejo un par de reflexiones que tenía en la recámara, en torno al extraño estado de la hostelería en nuestro país, y es que, definitivamente, no entiendo al hombre blanco.

La noche del hace un par de sábados me vi obligado (ya que sin circunstancias adyacentes y citas con amigos que me empujasen a esta situación, jamás habría sido visto voluntariamente en este lugar y en semejante tesitura) a cenar en la zona centro de Madrid, y digo Centro refiriéndome a la puerta del Sol y sus aledaños, donde los hosteleros-cuarteleros campan a sus anchas como orcos en el mismísimo centro de Mordor.

Así es, habíamos quedado en el metro de Antón Martín. Si con ello la fatalidad no hubiera quedado suficientemente gestada; una mala hora, en un mal lugar y en una mala época llevaron a que el restaurante en el que inicialmente parecía que se había decidido recalar, estuviera cerrado. Estábamos en pleno Gorgoroth y abandonados a nuestra suerte.

Además a uno tampoco le gusta destacarse o discrepar donde no tiene mucha confianza (como así era), por lo que fruto de ese mutismo y de la falta absoluta de criterio a mi alrededor, terminamos en un lugar con nombre de pescado cuyo nombre no revelaré, por no ser mi estilo, al no tener nada bueno que decir salvo que en él no recibí ninguna agresión directa pese a que en ningún momento hubiera visto a salvo mi integridad física.


Una gran cabeza de toro, una barra de aluminio, taburetes altos cuyo espumillón amarillo asomaba groseramente a través de sus ingentes rajas hasta casi querer insultar, carteles taurinos y falsos retratos de Manolete ilustraban el marco.


El panorama era desolador y ante eso, solo puedes pedir una caña (Águila, para nuestra desgracia) y esperar que la conversación sea buena y que el sufrimiento dure poco. Las patatas con alioli áureo que acompañaban la cerveza permanecieron intactas, y yo guardé las esperanzas hasta que alguien dijo “bueno, ya que estamos aquí, pues nos cenamos unas raciones”. Tragué saliva pensando que, al menos, la expectativa era tan mala que prácticamente nada podía empeorar la situación. Me equivocaba.

Cuando manifestamos a los aborígenes del bar nuestra intención de cenar allí, lejos de mostrar satisfacción por disponer de un cliente, o al menos algo de educación, no pusieron ningún reparo en hacernos ver las ganas que tenian de irse a su casa. Todo fueron malos modos y resoplidos por parte de una extraña señora teñida de rubio que hizo acto de presencia.

Nos sentaron en una mesa muy sucia con un mantel de cuadros y nos entregaron una carta que bien podría ser un facsimil. Las típicas raciones que no repetiré y una carta de vinos que me dejó ojiplático: Cune crianza (estrella de la carta) 30 euros.

Pedimos ensalada mixta, sepia-plancha, setas-plancha, croquetas, y una sangria que me abstuve de probar para continuar con mi algo más aséptica cerveza. Nada que mereciera la pena ser destacado excepto el pan del día anterior y las setas, absolutamente chamuscadas. Afortunadamente todos coincidimos en ello y las devolvimos, ante lo cual en la cocina comenzaron a proferirse gritos e insultos por parte de la citada señora, pero que llegaban con claridad al comedor. Se barajó la posibilidad de cambiarlas por otra cosa, aunque no pude evitar advertir que no comería con tranquilidad nada que, en adelante, saliera de aquella cocina. No pedimos nada más, pagamos, y salimos de aquel tugurio lo antes posible.

La cosa salió por algo más de 15 euros. Tal vez pueda parecer barato, sobre todo al comensal a quien le dé igual disfrutar y saciar su hambre o sustituirla por asco e indignación. Yo, desde luego, prefiero quedarme en mi casa.


El caso es que estoy perdido, pues no sé si los culpables son este tipo de hosteleros, que mantienen el negocio porque hay que dedicarse a algo, aplicando la ley del mínimo esfuerzo y peor producto, y sacan ventaja de su ubicación para estafar a los guiris; o bien la culpa es de los autóctonos que por evitar conocer algo nuevo o exponerse a la posibilidad de pagar cinco euros más, vienen aquí a que les envenenen.

Y lo peor es que son esos mismos autóctonos que todos conocemos los que critican lugares como Vianda, que no han pisado jamás, y afirman de ellos sin ambages que son muy caros, que te ponen un plato muy grande con poca comida y que sales con hambre.

El resultado: el señor que se rompe la cabeza durante semanas para sorprender con un marinado o un punto de cocción, se deshace en atenciones a sus comensales, y disfruta de su trabajo, no llega a fin de mes. Por otro lado, el que odia su trabajo y se dedica a servir con desgana patatas recalentadas al microondas, las acompaña del rioja del súper y de vez en cuando apaga la freidora, se forra hasta el punto de verse obligado a mantener el negocio.


Una pena.

15 comentarios:

Jose dijo...

Hace 201 años se les dio a los franceses candela hasta llevarlos más allá de los Pirineos y nadie tuvo la sensatez de quedarse las guillotinas. Mira que lo digo veces, pero es que en este país sobran muchas cosas y falta guillotina #-/

Saludos,

Jose

SIBARITASTUR dijo...

buuuf, lo siento Mariano. Yo he tenido alguna situación parecida, no vendría mal una policía hostelera para cerrar este tipo de "tugurios", jajajajaja.
Lo del precio del cune casi me tira pa tras, menudo margen comercial, ni que fuera un 3 estrellas.
Y esa frase de " son muy caros, que te ponen un plato muy grande con poca comida y que sales con hambre", diiiiios, cuantas veces tuve que oir esa explicación, aunque alguna vez sea cierta, pero es odiosa cuando la oyes de manera general.

Dante dijo...

Estaré ojo avizor cuando esté por la capital. Por desgracia no creo que sea el único caso. Dios que pena !!!

Tacones Sin Tapas dijo...

Una pena que los sitios donde se pone pasión y amor estén vacíos los fines de semana de mediados de agosto, donde, se supone, debería haber más jaleo... Así van las cosas en Alicante... No sé en el resto...

Mariano dijo...

Jose,

Deja deja, que con el criterio que hay en este país, igual el primero en caer en la guillotina era un Adriá o un Roca...

Mariano dijo...

Sibarita,

... y lo peor era que encima tenían el vino en una estantería al lado de la ventana. Chupando bien los cuarenta graditos del exterior...

En cuanto a lo de nuestros amigos del plato grande, que más te voy a decir..

Mariano dijo...

Dante,

Simplemente evita la zona centro salvo para ver la Puerta del Sol o comprar un disco en la FNAC (...y vigila tu cartera...)

Mariano dijo...

Tacones,

... pues igual, salvo que pongas una terraza cutre (que se note, para que la gente no sienta amenazada su cartera) con fritanga y enormes jarras de cerveza, estás condenado al ostracismo.

Es lo que hay

Jose luis Louzan dijo...

...tremendo país... en fin.

Es un temita que me pone de los nervios pero... como ademas resulta que esta mal visto que le digas a la cara a esta gente que son una banda de antipaticos y malisimos profesionales... pues ahi siguen, sin problema, timando al personal.

Es, para mi al menos, gravisimo que la imagen que mucha gente, muchisima, se lleve de la hosteleria de nuestro país sea la que dan este tipo de tugurios.... y esto es así, que nadie crea lo contrario.

Para el comun de los mortales la gastronomia española ni es la de Adria, ni la de Subijana ni la de Aduriz... es la de aquel chiringuito "very wonderfull and pretty... bud horrible food" que se topo en la playa, plaza o callejuela de turno en sus "hollydais in Spain"...

Mariano dijo...

... y ahí están todos, para recibir con los brazos cerrados y timar a todo guiri que se pase por la Puerta del Sol, los aledaños de la Catedral de Santiago (salvando Marcelo y la Calle Galeras)..., las playas del Levante... etc.

Aunque también hay que decir que, a veces, los turistas de calcetín y chancleta que pasan por allí, tampoco merecen otra cosa.

Jose dijo...

Pues también es verdad Mariano, quedarnos con las guillotinas y no ponerles criterio es como una mona con un revolver :-/

País!!!!

Jose

Wabi dijo...

Yo no lo habría explicado mejor. Hace muy poquito me vi en una situación similar.
Yo siempre digo que especialmente en los alrededores de la Puerta del Sol y aledaños deberían estar prohibidos este tipo de sitios si de verdad queremos transmitir la imagen de que en España se come bien.

david comas dijo...

da gusto leerte y encima te acuerdas de nosotros muchas gracias esperamos veros pronto en la nueva carta en octubre, estareis invitados a un buen vino, mientras en septiembre cerramos desde el 14 para desconectar y purificar que despues de este verano es necesario. gracias de nuevo un saludo a tu chica y a ti de parte de VIANDA.

Mariano dijo...

Gracias Wabi,

Desgraciadamente los que opinamos así somos minoria.

Mariano dijo...

Gracias David,

Me alegra ver que seguís adelante y ten por seguro que nos veremos en Octubre.

Felices y merecidas vacaciones!

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