sábado, 4 de julio de 2009

De la Mancha y la Manchuela

Al igual que lo era German “El Mono” Burgos, los vinos de Castilla-La Mancha, son capaces de lo mejor y también de lo peor. No hay que olvidar que se trata de la mayor extensión de viñedo que hay en España y que tradicionalmente venía dedicándolos exclusivamente a la elaboración de graneles sin demasiado interés.

En los últimos años algunas bodegas (otras no) han querido reconducir esa tendencia a la elaboración de vinos de calidad por distintas vías, y en algunos casos pueden encontrarse verdaderas joyas y, generalmente, a precios muy atractivos.

Como a mí no me gusta hablar mal del trabajo de nadie, voy a destacar dos fenómenos que, uno en su día, y el otro ayer, me sorprendieron muy gratamente, por darme mucho más de lo que esperaba.

Curiosamente, en ambos casos se trata de bodegas que han optado por la experimentación con uvas foráneas, a mi juicio, con bastante éxito, pero sin que ello deba interpretarse como una regla general (pues normalmente soy mas partidario de las variedades autóctonas).

El primer caso es el de uno de mis rosados favoritos desde hace algún tiempo; se trata de el Pago del Vicario Petit Verdot 07, vino de la tierra de castilla.


Para empezar decir que en realidad se trata más bien de un clarete, pues llama la atención a la vista con su cereza pictota y ribete salmón. Muy atractivo, pero alejado de lo que, en esencia, es un rosado.

Sigue sorprendiendo en nariz, que, sin salir de cierta seriedad (olvídense de ciertos excesos gominoloides y sulfurosos de estos vinos), muestra una amalgama de frambuesas y flores, con un fondo herbáceo y algo de oxidación muy agradable que no recordaba en experiencias anteriores con la misma marca. Puede que el tiempo incluso le haya sentado bien.

En boca es amplio, vivo, con excelente acidez que oculta los peligrosísimos 14 grados de alcohol que ostenta. La única pega es un final inesperado algo metálico que penaliza un poco, pero que enseguida desaparece con la potente retronasal de frutas y rosas.

Es un vino que combina bien con muchas cosas, aunque yo lo recomendaría especialmente con arroces o para una comida a base de picoteo; y bien fresquito, pero no helado.

La otra sorpresa fue un tinto de la manchuela, DO de reciente creación y que se ubica entre los valles de los ríos Jucar y Cabriel. Concretamente, este Alto Landón 2003 viene de Landete (Cuenca) y es un coupage de Syrah, Cabernet, Merlot y Garnacha, provenientes de un pago privilegiado a una altitud de 1050 metros.


Tengo que decir que cuando lo abrí no había por donde cogerlo. Muy animal, cerrado, duro, muchas aristas en boca..., vamos que si no llega a ser por que normalmente le pongo paciencia, y porque en la contraetiqueta recomiendan abrirlo una hora antes, lo acabo utilizando para cocinar una carrillera.

Sin embargo una hora no es suficiente, y sin decantar, dos tampoco. 2003 había sido una añada muy difícil, que no dio muy buenos vinos en ninguna parte, pero este fue mejorando muy lentamente y la verdadera sorpresa llegó al día siguiente (cerrado con vacu-vin y teniendo en cuenta que lo abrimos por la noche), en que se produjo la metamorfosis definitiva, y es que este es otro caso de esos vinos Dr. Jeckyll y Mr. Hyde.

A la vista aparecia con un picota madura bien cubierto con un fino ribete teja. Como hemos señalado, recién descorchado estaba totalmente cerrado, sólo daba notas animales muy groseras, pero finalmente mostró fresas maduras, grosellas y yogur, con notas tostadas y un fondo de cueros que poco a poco iba cediendo para dejar paso a las frutas, que en copa reposada mandaban claramente.

La boca también cambió con el tiempo y una temperatura algo más baja. En su mejor momento atacaba con considerable acidez, muy viva, y en su recorrido iba dejando paso a los taninos todavía ásperos, dejando cierta astringencia pero apuntando calidad y elegancia. Es envolvente y sobre todo muy aromático en boca, imperando de nuevo la fruta y dejando una retronasal muy larga de yogur de frutas del bosque y finos tostados.


Quedan por integrar acidez y taninos, pero ello nos da una promesa de larga vida. Deja la sensación de un gran vino en pañales. Salvando las distancias, me recordó a algún buen Burdeos (no de los estratosféricos, claro está) de ciertas añadas recientes. Una pena que no tenga otra botella para experimentar.


Se intentó combinar con una cecina de Leon con aceite de oliva y picos jerezanos. Pese a ser buena, la acidez del vino la dejaba por los suelos; no pegaban ni con cola. A día de hoy no se me ocurre con qué maridarlo, y es posible que sea más un tinto para disfrutar pausadamente que para comer con él.

Dejo este tema de Sinatra y Antonio Carlos Jobim, que le va mucho mejor (no se cómo se cuelgan directamente los videos, si alguien me lo cuenta se lo agradeceré).




Me falta alguna foto pero me la he dejado en Madrid (estoy de vacacioncillas, pero no quería abandonar totalmente mi ventana), cuando vuelva las cuelgo.

2 comentarios:

Sinestesia Gastronómica dijo...

Qué buena descripción de estos caldos de La Mancha. Yo probé el Alto Landon 2004 y me gustó mucho (es una Bodega de pequeña producción, pero están haciendo buenos vinos). Me encanta como describes las sensaciones que te producen estos vinos "se nota que entiendes mucho". A mí me encanta el vino, pero me queda mucho por aprender, acabo de iniciarme, ejeje (hace dos años no me gustaba beber vino, y ahora, me decanto por ellos para disfrutar de una comida).


Un saludo

Mariano dijo...

Muchas gracias, je je, pero yo no entiendo de nada, sólo soy un friki.

Seguro que ese 2004, por la añada, estaba más facil, aunque seguro que algo más que un vino para comer.

Saludos,

Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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