sábado, 23 de mayo de 2009

La experiencia Monviníc

Siguiendo la sabia recomendación del maestro Joan , con motivo de una fugaz (por trabajo) visita a Barcelona, nos pasamos por Monviníc, lugar que, tras haberlo conocido, me siento incapaz de encuadrar en ningún concepto. Vinoteca, biblioteca, museo... ni idea.





Se trata de algo así como el Templo Jedi del Vino, un gran espacio dedicado exclusivamente al conocimiento del mundo vitivinícola, con una biblioteca temática, un restaurante, un wine-bar... Sorprende el diseño del local, de maderas, cristales y colores armónicos, luces leves, jazz a volumen perfecto y, en conjunto, un ambiente tranquilo y calculado al milímetro para disfrutar del mundillo.


Como tampoco íbamos con suficiente tiempo como para conocerlo a fondo, y nos fuimos directos al wine-bar, donde el sumiller nos explicó el funcionamiento de la curiosa carta, una pantalla táctil e intuitiva a traves de la cual poder navegar por la ingente bodega disponible (más de cuatro mil referencias), tanto por botellas como por copas. Especialmente sorprendente el abanico e posibilidades en esta última opción, donde, según nos contó el sumiller, la rotación se corresponde directamente con la duración de las botellas; o lo que es lo mismo, cada día la oferta cambia.


Eran las siete de la tarde y no era plan de apretarse una botella, además teníamos ganas de probar, así que nos decidimos por las copas, a elegir entre unas treinta divididas en espumosos, blancos, tintos y generosos a muy diversos precios. Oferta libre, casi anárquica, sin apriorismos ni complejos. Vinos del Bierzo, o de Aragón, pero, al menos hoy, nada de Rioja ni Ribera, varios Riesling de distintas zonas (Alemania, Australia o Francia), algún Burdeos, rarezas de Sudáfrica o Nueva Zelanda... y más.

Sólo una pega, el lugar es algo oscuro (pese a que la zona de la barra en la que te coloques, se ilumina automaticamente) y no permite apreciar muy bien los colores del vino.
Nosotros probamos varias cosas, y como al final te entregan una elegante hoja identificando todos los caldos consumidos he podido desafiar a mi memoria variable y llegar aquí a contarlo.




Empezaría por destacar algo que no conocía, un espumoso a base de Riesling, Fantaisie der Schieferterrassen 2006, de la zona Mosel-Saar-Ruwer y la bodega Weingut Heymann-Löwenstein. Curiosísima nariz, muy fresca y floral con un fondo mineral y algún recuerdo de bollería. En boca sensaciones muy refrescantes, buen equilibro dulzor-acidez en el que destaca ésta, aportando el citado frescor y agilidad. En comparación con otros espumosos de calidad, podría considerarse una burbuja ligeramente gruesa. Final algo corto. Muy interesante en conjunto, muchas posibilidades de maridaje, y creo recordar un precio por botella muy comedido.


Continuamos con un blanco Borgoñón, Clos des Monts Luisants V.V. 2002 , elaborado por Domaine Ponsot en su Premier Cru de Morey-St-Denis, y de la sencillez y frescor del anterior riesling, pasamos a la extrema complejidad de este chardonnay con recuerdos de mieles, piña, nueces y coco con un fondo ligeramente especiado, y del que poco a poco van apareciendo más matices.


Lamentablemente no había mucho tiempo para esperar. En boca entraba algo graso y muy amplio, elegantísimo y muy complejo. La temperatura, no muy baja, reveló una fantástica acidez y un cierto alcohol aún por integrar. Una maravilla a la creo que le queda mucho tiempo por delante, aunque me parece que no voy a disponer de ninguna botella dado su imaginable precio. Una lástima, aunque también una suerte poder probarlo.



Y seguimos en Borgoña, ahora en tinto y en Beaune, con un Domaine Albert Morot Marconnets Premier Cru 2005. Que voy a decir..., Claro, capa muy baja. Nariz intensa y compleja. Ligero y contundente al mismo tiempo, sedoso, envolvente, magnífica acidez... un gigante aun en pañales, pero que, quien se dé el homenaje, ya lo puede disfrutar de lo lindo.



Llega el momento friki cuando, llevado por la curiosidad que arrastro desde hace tiempo, pregunto al amable sumiller por un sumoll. Hay dos, uno de ellos Gaintus 2004, que elabora Heretat Mont Rubí, y que llevaba semanas siguiendo. Me ofrece probarlo y, lógicamente, no lo puedo rechazar.

Es un vino tímido, si se le deja, se va abriendo poco a poco y mostrando una complejidad predominada por las frutas, frambuesas y grosellas, recuerdos herbáceos, eucalipto, pimienta,... Va sacando más y más matices y me apena no disponer de más tiempo. En boca se muestra más agresivo, amplio, salino y con excelente acidez. Largo. Recuerda mucho a ciertos vinos atlánticos. Muy bueno.


Ocurre que la bodega, encuadrada en la D.O. Penedés debe embotellar este Gaiuntus como vino de mesa, por tratarse de una variedad no autorizada, pese a su carácter autóctono. No parece haber problema, sin embargo, para que esta denominación admita otras como Cabernet, Riesling, Syrah o Chardonnay, de dudoso carácter indígena. No entiendo nada.

Pero no vamos a estropear la fantástica velada que, por cierto, se resolvió por unos 22 euros en total. Una forma asequible (en ocasiones la única) de acceder a estos fantásticos vinos. Cuando visite de nuevo Barcelona, haré lo posible por pasarme por aquí.
Monviníc
C/ Diputació 249
Barcelona
93 2726187
* El lugar estaba demasiado oscuro y ninguna foto me salió bien. Todas son extraidas de la red.

8 comentarios:

SIBARITASTUR dijo...

vaya lujo de sitio, quien pudiera...

Mariano dijo...

Sólo es decidirse. Además BCN es uno de esos sitios a los que hay que ir al menos seis o siete veces en la vida...

Jose luis Louzan dijo...

En mi proxima visita a la Ciudad Condal espero poder pasar por ahi. La ultima y unica vez que estuve aun no existia y me parece uno de esos puntos por los que hay que pasar al menos una vez en la vida (junto, en españa, a las tiendas de Juan Ferre y Weirdo en Valencia y Ronda, la bodega de Atrio en Caceres o fuera de ella el viñedo de Petrus en Burdeos o de la Romane Conti en Borgoña)...

Sitios especiales...

Gonzalito dijo...

Ahhhhhhhhh!!!!!!!!!!!!!

Ohhhhhhhhh!!!!!!!!!!!!!

No puedo decir mucho más, me has dejado sin palabras Mario, eso tenías que haberme llamado para contarmelo. Flipo, el logo, el sitio, la atmósfera, la tecnolujuria.... bufffffffff Tengo que ir....

JAC dijo...

Monvínic es una gran sitio, sobre todo para beber ya que la oferta culinaria está claramente por debajo de la vinícola. La oferta por copas es en efecto muy variable y cuando yo estuve, limitada, aunque a veces es posible probar algo "fuera de carta".

Ahora bien, si tuviera que elgir un winebar, sin duda me quedaría con el del Maestro Enópata; tener a Juan Ferrer (y a Rebeca) dándote cualquier explicación sobre lo que estás tomando (y sobre lo que no, también) es impagable. Además, no tienen problemas con la iluminación...

Mariano dijo...

Hola José Luis,

Efectivamente hay que ir. Las últimas opciones que planteas (Bodega de Atrio...) igual se nos salen un poco de presupuesto, pero al menos una vez. De las bodegas de Petrus o de la Romanee Conti, no creo que saliera con ninguna botella (o al menos no sin los pies por delante, je je...)

Mariano dijo...

Gonzalito,

Sabía que te iba a encantar. Aunque no lo creas el post lo hice acordándome de tí.

Cómo hubieras disfrutado con todo ese diseño...
nada nada, que cuando consigamos reserva para el Bulli, pasamos por allí ;)...

Un abrazo

Mariano dijo...

Hola JAC,

Tomo buena nota de tu sugerencia para la próxima vez.

Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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