martes, 21 de abril de 2009

I Jornadas de maridaje: Idiazabal (1ª Parte)

Como podrá deducirse de algunas entradas anteriores, una de mis debilidades en este mundillo de la gastronomía es la búsqueda del vino que mejor acompañe a un determinado plato, es decir, eso del maridaje, término que ahora se considera incorrecto y que parece que hay que sustituir por armonía.

Vaya por delante que a mí ambos términos me parecen una cursilada y me da igual emplear uno u otro. Imagino que el cambio responderá a algún tipo de moda y que lo de maridaje se ha quedado anclado en los noventa, pues algún malpensado podría decir hoy que maridaje es un término machista y denunciarlo al Ministerio de Igualdad, quien sabe.

Como en mi pueblo (de adopción) no se organizan, y menos en esta época, muchas jornadas gastronómicas he decidido convocar yo unas, consistentes en buscar el compañero ideal de, en este caso, el fantástico Queso Idiazábal, y que espero vayan seguidas de algunas otras.





Así las cosas, el evento se resume en que, a lo largo de una semana hemos ido probando diversos vinos y evaluado su combinación con el citado queso.

Antes de nada resumir que el Idiazabal es un queso de oveja graso, de pasta prensada y textura semidura, con un tiempo de maduración de 4 a 8 meses y que abarca todo el País Vasco y la Comunidad Foral de Navarra (salvo el valle del Roncal). Se elabora con leche cruda y puede ser normal o ahumado. Nosotros optamos por el ahumado, que es el que se suele encontrar con más facilidad.

Es un queso de sabor intenso y pronunciado a leche madurada de oveja, y cuajo natural. Es persistente, pero delicado al mismo tiempo, con ácido, humo y picante muy débil.


Decir que para seleccionar los vinos he tratado de prescindir de cosas raras que en la práctica sean difíciles de obtener, así como de precios accesibles para todos los públicos, como rezan las máximas de esta plataforma.


Las guías, como siempre, dicen que ha de combinarse con tintos de crianza. Pese a mis dudas lo intenté, y, para irme a lo clásico, busqué un Rioja. Tengo pocos favoritos en esta denominación que, con carácter general, me resulta algo aburrida, y uno de ellos es Sierra Cantabria, una bodega seria y respetuosa con la uva. En este caso optamos por un reserva 2001, añada mítica en Rioja, que tenía esperando desde hace ya algún tiempo. Lo compré en Logroño el año pasado por unos 9 euros y tenía que haberme hecho con más.Se trata de un vino redondo, intenso, frutal y bastante largo. Un tinto excelente pero del que he perdido la foto.




Tras el queso experimentó un extraño efecto, los taninos quedaron vapuleados y, de repente apareció una acidez hasta entonces oculta, que deterioraba la demostrada redondez del vino y, sobre todo, su final, rebajándolo a un tinto mediocre y con aristas. Maridaje suspenso.


Surgió entonces la duda de saber qué ocurriría con un rosado. Como me suelen gustar por su seriedad, evitando excesos gominoloides, probamos con uno de Cigales, El Berrojo 2007 (sobre 4 euros en Vinoteca Viñalbero, en Collado-Villalba).



Se mostró algo corto en aromas con recuerdos de grosellas e higos y fresco aunque también cortito en boca. En combinación con el queso, si bien la mayoría de sus matices desaparecían, el trago era bastante agradable, pues “reparaba” la boca tras el impacto del queso. Valorando ambas cosas le damos un aprobado raspadito (de esos de 4,5).



Tras la experiencia anterior del rosado, estábamos de acuerdo en que hacía falta algo más de intensidad, pero para no caer en el error inicial buscamos un tinto joven, sin madera, y de una uva potente, la mencía, optando por este Viña Regueiral 2007, comentado en un post anterior.


Para mi decepción, la mezcla no fue muy bien, ya que los ahumados del queso, de nuevo, convertían el vino en un agüilla agradable sin más. Otro aprobado raspado que nos iba alejando de los tintos.



Y como esta entrada me ha quedado un poco larga, y para no aburrir al personal, continuaremos el comentario en la siguiente entrada...

5 comentarios:

SIBARITASTUR dijo...

vaya como te lo curras, mola. Una pregunta, que haces despues con tanto vino abierto?, yo si tengo uno abierto me da no se qué abrir otro, jejejejejeje.
Tengo que darle mas oportunidades al idiazabal, a priori no me da mucho mas pero es que tampoco he probado muchos.
Como has puesto primera parte supongo que habrá una segunda pero has maridado (jejeje) con dulces?.
hablando de quesos, el otro día tuve la oportunidad de probar el mare nostrum con ceniza, impresionante, ha pasado a ser de mis favoritos, es un queso de pasta blanda, de leche cruda y entera de cabra.

Quesos Mare Nostrum

Mariano dijo...

A mi me pasa lo mismo con lo de abrir varios a la vez, aunque si no son caros y con el vacu-vin, ¡qué demonios!, hay que disfrutar de las pequeñas cosas.
Además, ten en cuenta que las "jornadas" duraron más de una semana (que el queso en fresco aguanta bien). Vamos, que aquí no se tiró nada.

Muchas gracias por el enlace del mare nostrum que me lo anoto pero ya.
No lo conocía, aunque por su aspecto y su materia prima se parece muchísimo al Selles-Sur-Cher, un queso que me encanta por su mantecosidad y delicadeza.

Por lo demás, pedirte un poco de paciencia para la segunda parte, je je. Te sorprenderán las conclusiones...

Jose dijo...

Pa gustos los colores, pero para este tipo de queso (me encanta toooodo el queso!) hay tres vinos que le van como anillo el dedo: Vino blanco, vino blanco, vino blanco
:))))))))

Saludos,

Jose

P.S. venga vale, me espero a la segunda parte...

Mariano dijo...

Jose,

Impacientillo! Que casi me estropeas la sorpresa ;)

Mariano dijo...

Hola a todos. Por si alguien no puede aguantar la espera de la segunda parte (aunque seguro que todo el mundo tiene algo mejor que hacer), le invito a que se entretenga en el recién inaugurado blog paralelo: crudismo gourmet.

Saludos,

Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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