miércoles, 11 de marzo de 2009

Taberna Quintaesencia: la constancia

Hará un par de sábados sufrí un horroroso viaje de regreso a la capital en avión, y encima por trabajo. Tengo que decir que, aunque para mí todos los desplazamientos en este medio resultan igual de terribles, este lo fue especialmente.
Llegué a Madrid prácticamente embalsamado. Es increíble lo que AENA e IBERIA pueden llegar a destruirte física y moralmente en muy pocas horas. Si el Mossad conociera sus métodos de destrucción personal posiblemente tomaría buena nota para llevar a cabo muchos interrogatorios.


Pero bueno, el caso es que ni a mi novia – saliente de su clase semanal de ballet- ni a mí, que tras la entrada a la ciudad ya no estaba embalsamado, sino directamente momificado, nos apetecía cocinar nada ni tampoco arriesgarnos a investigar algo nuevo en el campo de la restauración madrileña. Es en estos casos cuando acudo a lo que ya considero un refugio culinaro: la Taberna Quintaesencia.




No hablaré de los motivos que me llevaron allí por primera vez, pese a que fueron, cuando menos, peculiares, pero si diré que desde entonces se trata del restaurante que más frecuento de la capital (sobre todo tras mi abandono definitivo e irreversible de la cadena VIPS y sus secuaces), y posiblemente la razón principal de esta costumbre sea la regularidad en la calidad que demuestran, unida al hecho de que siempre hay alguna sorpresa positiva, y siempre a un precio adecuado, así como al excelente trato que recibes siempre.


Yo lo definiría como un pequeño restaurante (unas ocho o nueve mesas) con cocina de mercado, por ello tienen una carta reducida, con unos cuantos entrantes, donde destacaría las croquetas (sobre todo las de boletus cuando las hay) y la sartén de setas. Después hay cuatro o cinco pescados donde lo mejor es el buen manejo de los puntos de cocción (impresionantes el bacalao y la dorada que limpian en tu propia mesa), y unas carnes muy correctas, aunque para mi gusto menos interesantes. Pero la distinción suele estar fuera de carta, donde el producto ofrecido, por su calidad, elaboración o ambas suele estar especialmente bien.

La carta de vinos llama la atención por su extensión, para un local de pequeñas dimensiones, y me gusta por su rebeldía (no se preoupen los clásicos, no faltan Riojas y Riberas), aunque se echan de menos algunas zonas y, sobre todo, un catálogo de blancos y rosados algo más amplio.

La última visita fue algo comedida por el estado de salud expuesto, aunque, como siempre, el resultado no decepcionó.




Mientras nos decidíamos nos pusieron unas aceitunas aliñadas y, posteriormente, un finísimo rosbif con ensalada y mayonesa de Dijòn.





Empezamos con un carpaccio de salmón marinado con eneldo y helado de aceite de oliva para compartir. Especialmente agradable este último, que, suavemente, refrescaba la boca y acompañaba muy bien al pescado. Como los principales iban a ser condundentes no nos extendimos en los entrantes.






Yo me decanté por el Cochinillo confitado, parcialmente desgrasado, deshuesado y prensado. Por encima llevaba una costra de piel muy crujiente que contrastaba perfectamente con la textura grasa de la carne. Si bien esa suele ser la gracia del cochinillo, en este caso había mayor concentración de sabor y menos cantidad de grasa, por lo que no resultaba tan pesado. Iba acompañado de unas patatas al pegote que hacían su función sin destacar especialmente.


Mi novia, por su parte, se decidió por la lasaña de morcilla. Pese a que, como se puede imaginar, era un plato potente, estaba bastante suavizado y se dejaba comer perfectamente sin generar las consecuencias poco deseables para todo el día que son habituales en el ingrediente mencionado.



Lo acompañamos de un Olvena Chardonnay 2007, de la D.O. Somontano, correcto sin más, aunque con una peculiar acidez que combinó muy bien con la grasa del cochinillo.No llegamos al postre, aunque sí cayeron un par de cafés y un “digestivo”, ambos cortesía de la casa.

Si no recuerdo mal, la cosa quedó en unos 60 euros en total lo que teniendo en cuenta lo que hay en Madrid, sobre todo en relación calidad-precio es más que aceptable. En definitiva, se trata de un lugar en el que comer bien sin ninguna sorpresa negativa.



Taberna Quintaesencia
C/ Santa Engracia 87
Madrid

914469757

8 comentarios:

eiza dijo...

tomo nota. eso sí , me quedo con la intriga de qué razones misteriosas (e inconfesables) te hicieron llegar a este sitio por primera vez

Mariano dijo...

...y harás bien.

Lo otro es una tontería, ja ja!. El tema es que no venía muy a cuento ponerlo en la entrada.

SIBARITASTUR dijo...

me sorprende por el precio y muho y si encima esta bien.....

Jose luis Louzan dijo...

Yo tambien flipo con las cosas que encuentras en lo que, aparentemente, parece un desierto de sitios caros o de muy mal servicio (al menos lo parece leyendo otros blogs de vecinos de Madrid como tu)

Ese Chardonnay no lo conozco pero si el trabajo que se hace en esa Do con esta uva y que, al menos a Enate le suele resultar muy bien...

Mariano dijo...

Sibarita, José Luis,

Efectivamente lo del "desierto" no va muy desencaminado y la tendencia suele estar entre los extremos de la bazofia precocinada para las masas (de ahí la famosa cadena que señalo en la entrada) y la buena cocina para los millonarios.

Afortunadamente hay algunos "oasis" (en aumento, dada la situación económica actual) en ese desierto, y encontrarlos es -en parte- el propósito de este blog.

Mariano dijo...

José Luis,

En cuanto al vino, no es el mejor chardonnay que he probado de la zona, pero si tenía un frescor y acidez que lo diferenciaba del resto. Curioso.

Anónimo dijo...

Hola, muy interesante el articulo, muchos saludos desde Mexico!

Anónimo dijo...

Muchos saludos, muy interesante el post, espero que sigas actualizandolo!

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