lunes, 30 de marzo de 2009

Diablo Mundo: sensaciones encontradas

Llevaba semanas intentando darme un homenaje por mi cumpleaños (y compartirlo con mi costilla, por supuesto) que, por una u otra razón había ido aplazando. Finalmente pudo tener lugar la noche de hará un par de sábados y el lugar elegido fue el restaurante Diablo Mundo, conducido por la conocida Chef Fátima Perez.



Hacía tiempo que le tenía ganas a este sitio que, sin ser en absoluto barato, se sitúa en esa franja de precios (40-50 euros) que hacen el homenaje relativamente asumible. La propuesta es unae cocina tradicional castellana que la autora trae de Valladolid (donde tiene también una casa rural) con aires renovadores. Puedes encontrar ambas cosas en su carta, desde guisotes de toda la vida hasta la última en fusión oriental.

Estéticamente el restaurante está muy bien cuidado sin caer en los excesos. Dos pisos y una curiosa iluminación mediante unas larguísimas lámparas colgantes con flecos. Las mesas están bien separadas, algo que se agradece especialmente vistas las últimas tendencias de la capital, dirigidas a que puedas escuchar, con todo lujo de detalles, la conversación de los comensales de al lado a los que no conoces de nada.


El ambiente es agradable y el trato muy correcto, aunque algo frío en relación a lo que esperaba. No quiero decir que hubiera ninguna mala cara ni nada por el estilo, pero entre lo que había oido y el halo de familiaridad del que parece revestirse el sitio (y a su página web me remito), contaba con algo más de cercanía, y no, desde luego, cierto ambiente de prisa que, sin poder atribuirse a nada en concreto, se percibía en el ambiente.

Mientras decidíamos nos pusieron sendos platitos sobre el que vertieron in situ una dosis de buen aceite de oliva virgen y unos costroncillos de pan al efecto, así como unas patatas fritas con un curioso sabor a anís.


Una vez que nos tomaron nota llegó un aperitivo cortesía de la casa, una ligerísima crema con sabor a pimentón y con piñones cuyo nombre no recuerdo pero que me traía a la memoria las gachas de mi abuela. Buena y apta para hipertensos, ya que estaba un pelín sosa.


Nos sirvieron entre tanto el cesto del pan, indicando las distintas variedades de bollitos (integral, de cebolla, de aceitunas, de nueces y pasas...) interesantes aunque con un razonable parecido a los panecillos que elabora cierta cadena de alimentos congelados que, por cierto, visito con frecuencia.


Al poco llegaron los entrantes que habíamos seleccionado, el sushi de presa ibérica. Muy original version del maki en la que el alga nori se veía sustituida por una fina lámina de fresquísima presa ibérica en crudo. El arroz estaba bien, aunque lejos de ese punto que consiguen los buenos japoneses. Lo acompañaba una especie de mayonesa fuerte que redondeaba el conjunto. Muy buen plato. Me hubiera comido otras dos.


El siguiente entrante fueron las vieiras salteadas con setas, bueno el punto de la vieira en un plato correcto, sin defectos pero sin tampoco demasiada emoción.


Las cantidades en ambos entrantes eran algo exiguas, si bien se indicaba en la carta que existía la posibilidad de pedirlas como ración (al doble de precio, claro).

Y pasamos a los principales, yo me decanté por uno de los buques insignia de la casa, manillas de lechazo churro tostadas con su salsa, puré de cominos y chips de alcachofa, deshuesadas y muy crujientes; la textura interior era muy agradable y se deshacían en la boca. Venían sobre un lecho de patatas machacadas que aligeraba la contundencia de las manitas y de la potente salsa (¿española?) que las aderezaba. Recuerdo de callos. Plato clásico en su mayor parte, aunque aligerado y posiblemente actualizado en las técnicas. Lo mejor de la noche.



Por su parte mi novia opto por las chuletillas tostadas, Tambien deshuesadas y a acompañadas de un bouquet de verduras algo insulso. La carne, producto de calidad vuelta y vuelta, sin mas.


Llegados al postre pedimos el souffle de chocolate con helado de leche. En la linea de este postre tipo coulant (bizcocho por fuera – cremoso por dentro) que, en los últimos años, se ha convertido en imprescindible en la carta de cualquier restaurante. Correcto.


En cuanto al vino, como mi novia (no sé si lo he dicho ya en alguna ocasión) es más de blancos, a priori, y partiendo de que, por las referencias del local la carta de vinos era extensa y variada, había pensado en un Riesling, que suele ir bien con todo. Ocurre que el único que había, en la carta (que resultó ser algo más reducida, quitando eso sí, Riojas y Riberas) estaba agotado, por lo que, siguiendo en Alsacia (de Alemania no había nada), nos decidimos por un Leon Beyer Sylvaner 06, variedad que hasta el momento no había probado.

Resultó ser un vino de aromas cítricos y herbáceos, algo metálico en boca y con una acidez punzante y, para mi gusto, algo excesiva. Con los entrantes fue bastante mal, pues eran sabores delicados que se veían agredidos y vapuleados por el vino. Con las manitas, sin embargo, combinaba bien, ya que limpiaba la boca de la textura grasa de la carne preparándola para otro bocado. El maridaje con el postre, como cabía esperar, horroroso, era como tomar chocolate con zumo de limón, por lo que no repetimos el intento.

Con todo el evento se saldó por unos noventa y tantos euros y algo de hambre al salir que añade un punto de insatisfacción al conjunto. No me quejo, ya que sabía a lo que iba, sin embargo, me quedo con la duda de si el restaurante, que, siendo en general correcto aunque mostrara ciertos altibajos, se sitúa en la linea de calidad que pueda permitirse dejar al comensal con algo de gusa por ese precio. Supongo que es una valoración que corresponde a cada uno.


Diablo Mundo
C/Espronceda 34
913950037
Madrid
*Por cierto, como puede comprobarse en la página web del restaurante, todas las noches de viernes y sábado se supone que celebran un sorteo (del que nada supimos pese a ser sábado y noche) de un alojamiento en la casa rural de la propietaria con menú degustación.
* *Las fotos han aparecido!

2 comentarios:

pedro dijo...

Porque era tu cumpeaños que si no... te diria qque te estás desviando del mileurismo Mario!

Mariano dijo...

Efectivamente. Esta no es la linea que nos interesa aquí, pero hasta el más mileurista tiene derecho a darse un homenaje (accesible, que tampoco nos hemos ido al Bulli.

De hecho creo se agradecen pistas de este tipo de vez en cuando para que en el homenaje tengamos menos posibilidades de equivocarnos, ¿no?

Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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