lunes, 29 de septiembre de 2014

Una triste noticia

Las líneas que nos ocupan iban hoy dedicadas a otro tema, pero un terrible suceso me ha arrebatado las ganas de seguir escribiendo. 

Esta mañana fallecía Nerea Pérez, sobrina de Raúl, un amigo, y también enóloga. Ocurría accidentalmente haciendo trabajos de bodega. 

Desde esta humilde plataforma, y lamentando no poder estar allí en este momento, quiero reiterar a la familia mi más sentido pésame y un fuerte abrazo.

Tengo la fortuna de contar a muchos elaboradores de vino entre mis amigos. Todos ellos comparten una particular bonhomía, paciencia, generosidad y conmovedora pasión por su trabajo. Eso lo hace todo un poco más duro. 

jueves, 18 de septiembre de 2014

Audacia

¿Saben algo? Audacia no es sólo la que demuestra un pollo vistiendo pantalones estrechos de color verde fosforito. Hay un vino así llamado que representa a las mil maravillas el concepto, al igual que a su autor, Dominique Roujou, de quien ya hemos hablado


Cuanto más le he podido conocer (tuve la suerte de aprender y disfrutar enormemente de una jornada entre viñedos con él), más claro tengo lo necesario que era el aterrizaje de un tipo con sus características en Galicia. 

Porque no basta con tener unas condiciones geo-climáticas excelentes (ausentes este último par de años), un gran patrimonio de variedades ancestrales y ni siquiera tener buenos viticultores, hacen falta técnicos con criterio y experiencia mundial, que demuestran que teniendo todo lo anterior los vinos pueden fallar si el componente humano no acierta en sus decisiones. Por más que digamos que el vino se hace en la viña, no existiría sin ese factor humano, y si esta clase de personas hubieran estado hace cien años por aquí, la barbarie del palomino nunca habría tenido lugar.

Recordemos que la tendencia natural del mosto es a ser vinagre, no vino. 

Dominique tiene dos obsesiones, una es el terroir, que llega a su excelencia donde la viticultura es más dificil. Él dice que la mejor expresión de las variedades se encuentra en el límite norte de su zona de producción, osea, donde más cuesta madurar. La otra obsesión es eliminar el ruido que obstaculice la expresión de ese terroir. Cuando ambas cosas coinciden encontraremos grandes vinos, capaces de envejecer con gracia, en los que el carácter de la variedad irá cediendo en favor de la tipicidad del lugar. 

Sin duda, es Galicia un lugar donde se producen esas condiciones para multitud de variedades y posiblemente haya sido esa la razón que ha llevado a este inquieto enólogo a acometer o colaborar con varios proyectos en Galicia. 

Una iniciativa audaz de la que hace gala el godello de Valdeorras que nos ocupa. Las uvas con las que lo elabora proceden de la finca O Cabalín en Viladequinta, muy cerca de A Rúa. Les aseguro que la pendiente en la que se encuentra, de orientación sur, es realmente vertiginosa, y sus suelos son esencialmente de pizarra. Las cepas, de unos 25 años de edad, ofrecen rendimientos bajos y tienen una elevada mortalidad debido a los ataques de yesca, muy agresivos en la zona. 

Su elaboración no tiene más secretos que la paciencia, una crianza en inox de unos diez meses con lías, y el concienzudo trabajo de Dominique, preciso y siempre preocupado en evitar oxidaciones que puedan introducir ese "ruido" en el vino. 

Dentro de la voluptuosidad habitual del godello y sobre una añada reguleras como la 2012, ha sabido extraer, con gran elegancia además, su carácter más fresco y pétreo. Una nariz muy varietal de hinojo y notas herbáceas que no oculta su noble fondo mineral. En boca es untuoso y fresco a partes iguales, sensaciones grasas combinadas con otras vibrantes. Formidable equilibrio de acidez y alcohol. Complejidad. Hechuras de gran blanco, más allá de la variedad. Largo y envolvente, va adquiriendo más terciarios (clavo, algún hidrocarburo, tierra mojada) con la temperatura (ojo, importante no enfriarlo mucho, lo mejor está por encima de los 12º)  

Me hubiera gustado guardar este vino y ver como ese hinojo iba cediendo en favor de la complejidad y del terruño, pero la impaciencia me lo ha impedido. 

A cambio he obtenido una valiosa enseñanza, la excelente armonía que un godello de calidad ofrece con el tomate de guisos y sofritos. En este caso, se entendía a las mil maravillas con un pisto de excepción (y no es por que yo lo hiciera), pues mitigaba la acidez del tomate y acentuaba el punto más dulce de las verduras, haciendo del conjunto una verdadera golosina. 


No explicaré los secretos de un pisto, porque no los tiene, más allá de buenas hortalizas, mejor aceite, y todo el tiempo que podamos dedicarle al fogón, pero sí diré que teniendo en cuenta el precio del vino (unos 12 euros) y el de las hortalizas, les ofrezco un festín garantizado de lo más mileurista. No me digan que no.

Si quieren saber algo más de lo que Dominique opina sobre el terruño en Galicia y en el mundo, o si simplemente les interesa la esencia del vino y su cultura, el artículo que publicó en El Mundo Vinos el pasado 3 de septiembre es IMPRESCINDIBLE. Aquí se lo dejo, ahora que todavía no cobran por eso.



jueves, 11 de septiembre de 2014

Pinceladas del camino

Como adelantaba en la entrada anterior, el verano ha estado lleno de experiencias fascinantes que en buena parte quedarán integradas del libro. Otras quedarán sólo en mi memoria.

Sin embargo, sí me gustaría dar unas pinceladas de cosas interesantes, que tendrán su desarrollo en el libro, pero que merece la pena esbozar.

Antes de nada, situándonos en el verano de 2014, es evidente que la mayor parte de lo probado procedía de la inmediatamente anterior cosecha 2013. Un año malo, posiblemente de los peores que se recuerdan, con maduraciones irregulares que culminan con lluvias torrenciales en vendimia, pero que permite una visión más clara (siempre más que en una buena añada) de quien trabaja bien donde cuenta, que es en la viña, de quien arriesgó, de quienes se conformaron con una producción más pequeña, quienes decidieron mantener el nivel y no sacar su mejor marca, o de quienes simplemente tuvieron la suerte de recoger antes sus uvas a punto.

Historias para todos los gustos tenemos entre los ya conocidos, que siempre mantienen el nivel: los Algueira, Palacios, Mateo, Tricó, Zárate, Pedralonga, que no necesitan mayor abundamiento pues, por mal que vengan dadas, ellos siempre lo hacen bien; en definitiva lo llevan haciendo bien muchos años. Hoy no hablaremos de ellos sino de historias menos conocidas. 

Una de nuestras primeras visitas en Ribeira Sacra fue Pincelo, la bodega pionera en embotellar vinos en Lugo que sin alardes reúne coherencia y honestidad a espuertas, características que se trasladan a sus vinos, mencías jóvenes, sencillas y directas pero con capacidad de evolución en buenas añadas. Testigo de ello es su vino 1985 El Orígen, que sale al mercado en su segundo año de crianza, sin madera. Probamos el 2012, en el que la fruta se había difuminado en favor de terruño y complejidad.



Desde luego ayuda degustarlo en su sencilla bodega, que ofrece sin embargo una visión infinitamente más hermosa que la que cualquier gran arquitecto pueda diseñár.

Tienen un alter ego ecológico llamado Diego de Lemos, que proporciona una visión más salvaje de la mencía, vibrante y carnosa, fruto del empeño de Esther Teijeiro una mujer a quien la agricultura en Galicia le debe mucho. La ejecución de ese empeño corresponde a su hijo, Alfonso Regal, un tipo verdaderamente entrañable y a su nieto Roberto, inquieto enólogo con interesantes proyectos entre manos, uno de los cuales ya es bebible y se llama Toalde.

De allí nos fuimos a conocer en directo el cuchicheo más sonado entre los mentideros del vino rebelde, la iniciativa de los hermanos Juan y Carlos Rodríguez, a quienes conocerán por Viña Regueiral y el blog Roco&Wines, respectivamente. Ellos han sido el catalizador de Sílice Viticultores, un proyecto en el que jóvenes productores con viñedo de la Ribeira Sacra (ojo, no abundan) ponen a disposición de un fin mayor su trabajo, su tierra y sus uvas. 


La asesoría técnica de Fredi Torres ha supuesto el punto de inflexión de armonía y recuperación de suelo que hacía falta, y, aunque quedan cosas por hacer, el resultado no se ha hecho esperar: Sílice 2013 es explosión de terruño, más allá de la fruta, pese a su juventud. Me recordó a algún Morgon de las mejores añadas de Marcel Lapierre. El tema promete.

Había que descansar tras tanta emoción y el destino quiso que paráramos en uno de los rincones más deliciosos en los que uno puede alojarse. Cuando uno conoce proyectos respetuosos por el entorno y termina descansando en Canto da Terra todo parece una continuidad. El desayuno en forma de menú degustación que Luisa Ranier allí prepara merece, si lo hay, el premio nacional de hostelería.


Intenté quedarme allí a vivir, pero mi querida esposa, siempre con más sentido común, me recordó que teníamos que irnos hacia Peares, a visitar Facenda Pradio, el escondrijo de Xabi, una especie de hombre orquesta, capaz de hacer una mencía sensacional, recuperar variedades autóctonas, hacer un rosado y que le echen de la D.O. (de esto hablaremos otro día), acometer un ambicioso proyecto de desarrollo rural, gestionar un divertidísimo alojamiento rural a un precio imbatible, pelearse con los distribuidores y, entre medias, hacer deporte de aventura. Habrá tiempo en el libro de hablar de ello, pero si no pueden esperar, déjense caer por allí.

De allí a Monterrei, para conocer a un maestro del terruño, Xico de Mandín, a caballo entre España y Portugal. Es impactante observar su conocimiento de cada variedad (tinto serodio, zamarrica, caiño longo, tinto gordo, blanca de Monterrei, sousón, verdello, ¡cariñena!...), de cada palmo de tierra mientras se arrodilla ante las cepas. Sus vinos son pura uva, intensa, crujiente y masticable. Lo del 2013 no es una mera salvación de la añada, es un espectáculo para beber por palets.


Y terminamos con la escena más evocadora, y de la que precisamente no guardo instantánea (Anabel, las prepara para el libro), la de Lagar de Sabariz, un lugar tan mágico, rebelde, hermoso, prometedor y punk (¡sí, todo eso junto!). Que me resulta difícil describirlo con palabras. Me cuesta también hablar de su alma, Pilar Higuero, sin recurrir a figuras poéticas. Por poner un ejemplo algo más general, Pilar es al Ribeiro (cuya D.O. la ignora), lo que Tom Bombadil a la Tierra Media:

Tom estaba aquí antes que el río y los árboles. Tom recuerda la primera gota de lluvia y la primera bellota. Abrió senderos antes de que apareciese la Gente Grande, y vio llegar a la Gente Pequeña. Estaba aquí antes que los Reyes y los sepulcros y los Tumularios. Cuando los Elfos marcharon hacia el oeste, Tom ya estaba aquí, antes de que los mares se replegaran. Conoció la oscuridad bajo las estrellas antes de que apareciera el miedo, antes de que el Señor Oscuro viniera de Afuera.
Pasará mucho tiempo antes de que su propia zona sea capaz de comprender lo importante que es que proyectos como A Pita Cega, no sólo no sean denostados, sino que deben ser elogiados, compartidos y si es necesario subvencionados. En pocos lugares he visto tanta armonía, tanto respeto por la naturaleza. El círculo por fin cerrado, hasta un punto que ni siquiera sus deliciosos vinos han tenido el tiempo de transmitir.

Volviendo a lo terrenal, A Pita Cega 2011, un auténtico vinazo para no olvidar.








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