lunes, 11 de septiembre de 2017

Ponte da Boga, Godello 2013

Les contaré un cotilleo de Ribeira Sacra. Sí, muy friqui todo. Por lo visto, el que quiera petarlo en la zona y hacer de su viñedo el más deseado, no debe cultivar o plantar mencía. Aunque no se lo crean, tampoco brancellao, merenzao ni caiño. Ni siquiera alicante.

No. Lo que más se demanda ahora mismo es el blanco, y concretamente el godello. Porque cualquiera puede tener godello en Valdeorras, pero en más allá del Sil y el Miño, es una proeza que se paga cara. Y con el tiempo uno empieza a entender por qué.

Todavía recuerdo una de las grandes botellas de mi vida, Algueira Blanco FB 2003, mientras recapitulo experiencias de guarda, casi siempre satisfactorias. Mejor cuanto más al oeste.

Mientras recuerdo estas cosas tiro de armario. Con amnesia selectiva siempre consigo que alguna botella se olvide durante tres, dos años al menos, y ver qué pasa. Y curiosamente, las más gratas no necesariamente van acompañadas de mayores desembolsos. He aquí un ejemplo llamado Ponte da Boga.

En 2013, una de las peores añadas de la década en Ribeira Sacra, fue donde se conoció a los buenos productores por sus básicos. Entre otros, dos nombres: Pedro Rodríguez y su Guímaro, y Dominique Roujou con sus básicos de Ponte da Boga. Con el godello, buenas decisiones en viña, selección de uva y una elaboración seria y honesta. Fermentación natural, depósito y una botella de la que nos olvidamos durante algo más de tres años.


No es el godello una variedad oxidativa, ni Dominique muy amigo de que sus vinos se vean afectados por elementos ajenos. Nos llega puro, pajizo, con aromas de hoja de lima e hinojo. También de azafrán y del cuarzo pulido por el paso del río. Es muy seco en boca, untuoso, glicérico pero con acidez tersa y refrescante. Se hace ancho con taninos pequeños unidos a un fino y elegante amargor. A su paso resulta largo, hace salivar y pide otra copa.

Y les diré un secreto. No es un vino difícil de encontrar. Miren incluso en grandes superficioes, o pregunten por él en alguno de los bares en los que se sirve Estrella Galicia de Bodega. No garantizo éxito pero tal vez se lleven una sorpresa, sobre todo si nadie preguntó antes y pueden descorchar una botella con años.

La espera vale la pena, y si lo acompañan de unos mejillones al vapor, con un toque de lima rallada, el llanto asegurado.



Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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