miércoles, 20 de abril de 2016

Os dous de sempre


Os dous de sempre fue la única novela publicada por Alfonso D. Rodríguez. Esto no impidió que el autor, más conocido como Castelao, pasara a la historia literaria gallega y universal. En ella, así como en su prolija carrera como ensayista, dramaturgo, ilustrador y político, daba a conocer la precaria situación de la Galicia de principios del siglo XX. Fue precursor del nacionalismo gallego desde una perspectiva cultural (hoy bastante olvidada), pero también política.

Lejos de cualquier postulado nacionalista que poco me atañe, la labor de conservación y recuperación de este autor, y de toda su generación, con autores como Otero Pedrayo o Cabanillas, debe ser objetivamente reconocida. Esto también tuvo su repercusión en el vino y la viticultura, y muchos de ellos defendieron expresamente (como parte de un todo cultural y esencial a Galicia) la recuperación de las variedades autóctonas y la producción artesana en contra de la homogeneización. Seguramente debamos agradecerles poder disfrutar de muchos de los vinos de Galicia que hoy más nos emocionan.

Fue poco después otro autor, Alvaro Cunqueiro, quien más se volcó en la corriente gastronómica y especialmente vinícola de la identidad gallega.
Conocí la existencia de la tradición de los vinos de Betanzos precisamente leyendo a Cunqueiro. Él me hizo desear poder viajar unas cuantas décadas para probar los agudelos con los que acompañaba barrocos platos de lamprea o cachucha, equiparándolos en ocasiones a los grandes de Mosela.

Por eso hoy me alegra enormemente poder decir que tras años de oscuridad, el futuro de los vinos de Betanzos es, desde hace no demasiado, verdaderamente prometedor, en una zona complicada, alejada de la influencia directa del mar, y pese a ello esencialmente atlántica, con los viñedos situados más al noroeste de la península. Viñedos de niebla y pendiente en torno al río Mandeo, en los que frente a graneles y vinos turbios de escaso grado e interés, hoy se recuperan en torno a dos variedades, el Blanco Lexítimo y el Agudelo (dicen que chenin blanc).
Os dous de sempre es también el sueño de Angel Pedreira y Juan Naveira de devolver a la vida esta zona olvidada a través de vinos sinceros y de terruño. Con cepas de diferentes parcelas de unos 20 años de edad hicieron en 2014 un ensamblaje de blanco lexítimo y Agudelo. Año inestable, tremendamente lluvioso en la zona, con problemas en la floración y maduraciones muy lentas en aquello que llegó a término. También decisiones correctas y determinación, una pausada crianza en depósito y un embotellado sin filtraciones ni estabilizaciones que nos han traído un soplo de aquel paisaje.

 
Directo y preciso en nariz, la mineralidad sí existe, piedra de moler, cantos en el río de un bosque con niebla, la piel gruesa del limón del país, cidra. En boca es igualmente directo, no da rodeos y es sápido, con gran acidez, rocosa y crujiente, pero con un fondo graso que ralentiza el trago, haciéndolo largo y fácil de beber. Delicioso y con mucha botella por delante.
Os dous de sempre contrastaba las personalidades quijotescas del realista y del idealista, del conformista y del emprendedor que cree que todo puede mejorar, posiblemente con victoria del pesimismo del primero. Creo poder afirmar que en este vino ha ganado el segundo, y el futuro promete.

Para quien busque este vino (que, por cierto, no llega a los 15 euros), u otros de la zona le diré que El Sumiller, una de mis tiendas on-line de referencia y donde yo lo compré, ha hecho una excelente labor de recopilación.







Galicia entre copas, SEGUNDA EDICIÓN

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